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PLANTEMOS CARA A LA MUERTE

Por Jorge TRIAS SAGNIER/
ABC 11 de abril de 2005
A mí me parece increíble lo que ha ocurrido en el hospital Severo Ochoa de Leganés, donde un médico anestesista, calificado de «progresista» por los corifeos de la cultura de la muerte, decidía sobre cómo y cuándo debían morir los enfermos terminales. Lo cierto es que desde que se ha apartado a este médico de su cometido, como desveló el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela, nadie ha vuelto a morir en el servicio de Luis Montes. Es terrible. Pero lo más indigno de toda esta macabra historia es que el Partido Socialista madrileño y el sindicato CC.OO. apoyen esa forma de proceder del médico sin pararse, siquiera, a investigar qué es lo que ahí pasaba. ¿No tienen derecho las familias de los muertos a que se les dé una explicación? ¿Pretende CC.OO. que a partir de ahora se le denomine CCMM, es decir, Comisiones de la Muerte? ¿Ha pensado Simancas las consecuencias de su insensata forma de proceder en el debate que se produjo en la Asamblea? ¿Es esa la política que se nos propone desde la «progresía»?

Toda la semana pasada estuvimos absortos ante las noticias que nos fueron llegando desde Roma. Primero asistimos al final de una agonía llena de dignidad y luego a los funerales y entierro de un hombre que pasó por esta tierra haciendo nada más -¡y nada menos!- que el bien. Millones de personas se trasladaron a la Ciudad Eterna a decir su último adiós al Papa; y se calcula que miles de millones de seres humanos siguieron por televisión el entierro de Juan Pablo II, el Papa que hizo de la defensa de la vida una de las divisas de su pontificado. ¿No son suficientes esos signos para que aquí, el «progresismos» militante, se dé cuenta por dónde fluyen los sentimientos de la humanidad? ¿Alguien, en su sano juicio, puede pensar que Lamela o la presidenta Aguirre tomaría una medida cautelar de ese calibre, como la separación del servicio de un médico por muertes injustificadas en su servicio, sin estar muy seguros de lo que hacían? La vida humana, pregunto: ¿va a depender de lo que decida un jefe de servicio? Y si va a ser así, sugiero a todos los ciudadanos, por si alguna vez entran en los servicios de urgencias de hospitales públicos, que tengan redactado algún documento prohibiendo tajantemente que se manipule su salud por militantes de Comisiones Obreras. La vida humana, ¿no merece un respeto y una explicación cabal sobre lo que se hace con ella?
Confío en que el secretario general de Comisiones Obreras, que parece un hombre sensato, y que además es medico, ponga un poco de sensatez en ese sindicato. Y también confío en que el Partido Socialista recapacite sobre su actitud. Mientras tanto invito a que mostremos nuestro apoyo masivo para que se investigue hasta el final lo que ocurrió en ese hospital y lo que ocurre en otros de los que no se habla tanto. Ya no es por una cuestión de afinidad política, sino simplemente por un problema de dignidad personal y de autoestima: apoyemos sin fisuras al consejero y a la presidente porque sin duda, en esto y en tantas otras cosas, sólo les mueve el bien común. En cualquier caso, seamos valientes o, simplemente, prudentes, y aprendamos a plantar cara a esa cultura de la muerte.

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