Cuando Jared se encontró por primera con aquel doctor, no era más alto que una cerca de un huerto de sandías y tenía esa manera de mirar el mundo que tienen algunos niños listos, como si sospecharan que los adultos están fingiendo saber lo que hacen. Jared era inteligente, amistoso y hablador. De esos chicos que hacen preguntas tan raras que uno termina pensando en ellas dos días después. En la escuela le iba bastante bien. Aprendía rápido, escribía bonitas historias y sabía dibujar de maravilla. Pero cuando cumplió ocho años todo empezó a torcerse, igual que un junco batido por un huracán. Jared empezó a odiar la escuela. —Es una tontería —decía. Y cuando un chico pequeño llama tontería a algo que los adultos consideran importante, ya puede uno apostar el caballo a que se avecinan problemas. Hasta entonces, Jared había obtenido buenos resultados en las pruebas de aptitud, especialmente en escritura creativa y arte. Los problemas parecían haber comenzado después de que lo incluye...
Me han interesado mucho los comentarios de José Manuel de Prada a la frase de un famoso escritor, que contiene una de esas tendencias sociales sostenidas como progresistas por los que más tienen: «Si hay una salvación posible para este mundo es recuperar la idea de escasez». La frase, dice de Prada, estaba descontextualizada; pero molestó. De Prada opina que no hay escasez de recursos (aunque sí son finitos) sino acaparamiento. Y más que la «idea de la escasez» habría que recuperar la idea de una 'economía' que no maximice el beneficio sino que permita que la abundancia existente se reparta equitativamente, atendiendo a las necesidades y a los méritos de cada uno, sin permitir desigualdades abusivas y sin imponer un igualitarismo igualmente abusivo. Y aquí es donde llega al concepto de la virtud de la pobreza que más me interesa, totalmente distinto de la escasez. Dice el autor que "la salvación del mundo no se cifra en recuperar la «idea de escasez», sino la de justici...