Por fin he terminado de leer la Carta Encíclica del Papa León XIV, Magifica humanitas , "La magnífica humanidad que Dios ha creado...". Comprendo que mis compañeros de comunicación del Vaticano hayan cedido a la presión de los medios de todo el mundo para llamarla "la encíclica sobre la Inteligencia Artificial". Es una tentación irresistible aprovechar este gancho para crear expectación y notoriedad; pero tengo una mala noticia: esta encíclica NO VA DE IA. De hecho, las referencias a la IA son pocas, prescindibles y, a veces, forzadas; aunque sirvan para poner el acento en las posibilidades y los riesgos del uso de la tecnología. TAMBIÉN TENGO UNA BUENA NOTICIA. En mi molesta opinión, la Carta Encíclica Magnífica humanitas va de lo que su título indica: la maravillosa DIGNIDAD del ser humano, de todo ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural. Y va del BIEN COMÚN. Es decir, los Derechos Humanos tiene su fundamento en la dignidad del ser humano creado ...
Cuando Jared se encontró por primera con aquel doctor, no era más alto que una cerca de un huerto de sandías y tenía esa manera de mirar el mundo que tienen algunos niños listos, como si sospecharan que los adultos están fingiendo saber lo que hacen. Jared era inteligente, amistoso y hablador. De esos chicos que hacen preguntas tan raras que uno termina pensando en ellas dos días después. En la escuela le iba bastante bien. Aprendía rápido, escribía bonitas historias y sabía dibujar de maravilla. Pero cuando cumplió ocho años todo empezó a torcerse, igual que un junco batido por un huracán. Jared empezó a odiar la escuela. —Es una tontería —decía. Y cuando un chico pequeño llama tontería a algo que los adultos consideran importante, ya puede uno apostar el caballo a que se avecinan problemas. Hasta entonces, Jared había obtenido buenos resultados en las pruebas de aptitud, especialmente en escritura creativa y arte. Los problemas parecían haber comenzado después de que lo incluye...