Alejandro Llano, en La Gaceta de los Negocios, el 3 de octubre de 2008
Los ministros tienen poca experiencia; sólo dos o tres poseen dotes de gobierno
VERGÜENZA ajena es una expresión, sin equivalente en otros idiomas, con la que expresamos la incomodidad que nos produce ver a otro haciendo el ridículo sin darse cuenta. Cuando alguien no sabe de qué va la cosa y su actuación es errática, sentimos vergüenza ajena. Y esto nos pasa con el Gobierno de España. Nos dan dentera las declaraciones de su presidente y sus ministros, que suelen reducirse a simplezas y frecuentemente no son verdad. La situación de desasosiego cívico viene de atrás, pero está alcanzando su climax con ocasión de la tesitura económica.
Cuando era evidente que comenzaba la crisis, Zapatero, la vicepresidenta y Solbes negaban su existencia. Ahora la reconocen porque ya es verde y con asas. Pero no admiten que antes la negaran. En todo caso, siguen argumentando que nuestra situación es la mejor entre los países de la Unión Europea. No están de acuerdo con la práctica unanimidad de los expertos, que sólo difieren en si la posición relativa peor es la del Reino Unido o la nuestra. Y, mírese como se mire, hay un punto que no admite duda: el paro. Nuestras cifras de desempleo son las más altas, han crecido más rápidamente y van aceleradamente a peor.
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Zapatero, que nunca se rinde, abre otro frente de defensa. Nos va mal pero no haremos como el PP que, ante una crisis anterior, recurrió al decretazo, con el que se limitaban las ayudas sociales. A pesar de su neoliberalismo rampante, los socialistas aún pretenden hacerse fuertes en lo social. Ahora bien, lo menos solidario de todo es el paro, que pone a los más necesitados en situación angustiosa. Con todo, los socialistas no se refieren a la enfermedad que ellos no han sabido atajar sino a los cuidados paliativos, es decir, a los subsidios de desempleo. Pero como tampoco están dispuestos a reconocer el número de parados que se prevé para 2009, las cifras de cobertura previstas en los Presupuestos Generales del Estado se quedan muy cortas. Significa que habrá mayor déficit que el programado. El período de bonanza pertenece al pasado y nada permite esperar que nuestros actuales gobernantes sean capaces de invertir una tendencia tan desfavorable.
Es duro reconocerlo: nos encontramos en manos de unos irresponsables, escasamente preparados. Los ministros y ministras tienen poca experiencia pública y sólo dos o tres poseen dotes de gobierno. Han sido seleccionados por género, edad, talante, posición en el partido y procedencia geográfica, pero no por prestigio profesional o político del que casi todos carecen. Andan como un elefante en una cacharrería. Lo que es ahora evidente en el campo económico, pero ya era manifiesto en el terreno educativo, internacional y, por supuesto, ético. O no saben, o no quieren, o no pueden.
En otro país de mejor nivel político, un Gobierno así habría sido barrido en poco tiempo por la oposición. Nosotros no tenemos esa fortuna. Porque el Partido Popular no presenta un panorama más alentador. Si recorremos uno por uno los miembros de su dirección nacional, nos encontramos con personas atípicas que no están más capacitadas que los socialistas. Mariano Rajoy es una persona seria, con conocimientos jurídicos y experiencia política, pero no le sobra empuje ni capacidad de proyecto. A él y a sus colaboradores les falta claridad y decisión en los temas de trascendencia ética con los que el PSOE pretende debilitar más aún a la sociedad civil.
El tono de las grandes formaciones políticas es de un gris desvaído. Y parece, además, que la incorporación de nuevos talentos se halla impedida por la exigencia tácita de presentar un certificado de mediocridad en la entrada misma de los núcleos de decisión y representación.
La regeneración —cada vez más urgente— hay que buscarla en la libre preparación de jóvenes valores que reúnan cualidades para irrumpir en la vida pública con más inteligencia creativa, menos temores, y ausencia de resignación o conformismo. Entre tanto es imprescindible dar vida a grupos de opinión, clubes y diversos ámbitos de diálogo, para elevar el nivel de la razón pública y dinamizar un panorama político que ofrece claros síntomas de anquilosamiento.
Alejandro Llano es catedrático de Metafísica.
Los ministros tienen poca experiencia; sólo dos o tres poseen dotes de gobierno

Cuando era evidente que comenzaba la crisis, Zapatero, la vicepresidenta y Solbes negaban su existencia. Ahora la reconocen porque ya es verde y con asas. Pero no admiten que antes la negaran. En todo caso, siguen argumentando que nuestra situación es la mejor entre los países de la Unión Europea. No están de acuerdo con la práctica unanimidad de los expertos, que sólo difieren en si la posición relativa peor es la del Reino Unido o la nuestra. Y, mírese como se mire, hay un punto que no admite duda: el paro. Nuestras cifras de desempleo son las más altas, han crecido más rápidamente y van aceleradamente a peor.
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Zapatero, que nunca se rinde, abre otro frente de defensa. Nos va mal pero no haremos como el PP que, ante una crisis anterior, recurrió al decretazo, con el que se limitaban las ayudas sociales. A pesar de su neoliberalismo rampante, los socialistas aún pretenden hacerse fuertes en lo social. Ahora bien, lo menos solidario de todo es el paro, que pone a los más necesitados en situación angustiosa. Con todo, los socialistas no se refieren a la enfermedad que ellos no han sabido atajar sino a los cuidados paliativos, es decir, a los subsidios de desempleo. Pero como tampoco están dispuestos a reconocer el número de parados que se prevé para 2009, las cifras de cobertura previstas en los Presupuestos Generales del Estado se quedan muy cortas. Significa que habrá mayor déficit que el programado. El período de bonanza pertenece al pasado y nada permite esperar que nuestros actuales gobernantes sean capaces de invertir una tendencia tan desfavorable.
Es duro reconocerlo: nos encontramos en manos de unos irresponsables, escasamente preparados. Los ministros y ministras tienen poca experiencia pública y sólo dos o tres poseen dotes de gobierno. Han sido seleccionados por género, edad, talante, posición en el partido y procedencia geográfica, pero no por prestigio profesional o político del que casi todos carecen. Andan como un elefante en una cacharrería. Lo que es ahora evidente en el campo económico, pero ya era manifiesto en el terreno educativo, internacional y, por supuesto, ético. O no saben, o no quieren, o no pueden.
En otro país de mejor nivel político, un Gobierno así habría sido barrido en poco tiempo por la oposición. Nosotros no tenemos esa fortuna. Porque el Partido Popular no presenta un panorama más alentador. Si recorremos uno por uno los miembros de su dirección nacional, nos encontramos con personas atípicas que no están más capacitadas que los socialistas. Mariano Rajoy es una persona seria, con conocimientos jurídicos y experiencia política, pero no le sobra empuje ni capacidad de proyecto. A él y a sus colaboradores les falta claridad y decisión en los temas de trascendencia ética con los que el PSOE pretende debilitar más aún a la sociedad civil.
El tono de las grandes formaciones políticas es de un gris desvaído. Y parece, además, que la incorporación de nuevos talentos se halla impedida por la exigencia tácita de presentar un certificado de mediocridad en la entrada misma de los núcleos de decisión y representación.
La regeneración —cada vez más urgente— hay que buscarla en la libre preparación de jóvenes valores que reúnan cualidades para irrumpir en la vida pública con más inteligencia creativa, menos temores, y ausencia de resignación o conformismo. Entre tanto es imprescindible dar vida a grupos de opinión, clubes y diversos ámbitos de diálogo, para elevar el nivel de la razón pública y dinamizar un panorama político que ofrece claros síntomas de anquilosamiento.
Alejandro Llano es catedrático de Metafísica.
Comentarios
Además pensamos en las alternativas y... eso sí que es preocupante.
En cuanto a las alternativas... ¿A qué alternativas te refieres?