Con la sentencia dictada condenando -poco- al mayodormo del Papa, sigue en pie el fondo de la cuestión. Por esto reboto este comentario de Diego Contreras / La Iglesia en la prensa /viernes 13 de abril de 2012
Sería una simpleza decir que “lo que ocurre” en el Vaticano es un problema de comunicación. Prefiero pensar que lo que ocurre en el Vaticano –puntos de vista enfrentados en algunas cuestiones, rencillas a veces poco edificantes, errores y otras mil cosas- ha existido más o menos siempre, como en otras instituciones. Lo que pasa es que ahora todo eso trasciende al exterior como nunca antes había ocurrido. Y esos “ruidos” (en su mayor parte, perfectamente evitables) acaban por impedir que se oiga al solista y a la orquesta. En ese sentido, es evidente que hay un problema de comunicación que incide en el gobierno y en una deficiente presentación del magisterio del Papa.
Me parece a mí que hasta ahora, en los organismos centrales de la Santa Sede (y estoy generalizando un poco) se ha visto la comunicación como algo muy importante en el plano teórico; pero como algo más tangencial y complementario, en el plano práctico y concreto (como un trabajo “part time”). Y sobre todo ha habido un déficit en la consideración de los aspectos comunicativos implicados en algunas decisiones de gobierno. Por fortuna, se va abriendo paso -con cierta fatiga- la idea de que la comunicación en el ámbito público es algo para lo que hace falta una preparación específica; va disminuyendo la alergia a dejarse aconsejar, como si se tratara de un detrimento de la propia autoridad.
En este contexto, el nombramiento del periodista norteamericano Greg Burke como consultor de comunicación en la Secretaría de Estado vaticana es una buena noticia, porque es expresión de un nuevo paso en ese cambio de mentalidad. Burke no trabajará en la oficina de prensa (donde continúa el p. Federico Lombardi), sino en la “cocina”, en la preparación de qué y cómo será comunicado, en directo contacto con el sustituto de la Secretaría de Estado (equivalente al jefe de gabinete del Papa). Esa es la novedad: los criterios comunicativos se tendrán en cuenta en la toma de decisiones. La iniciativa me parece significativa, pues buena parte de los “ruidos” que en los últimos años han obstaculizado la voz del Papa han tenido su origen precisamente en errores de "cocina".
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Sería una simpleza decir que “lo que ocurre” en el Vaticano es un problema de comunicación. Prefiero pensar que lo que ocurre en el Vaticano –puntos de vista enfrentados en algunas cuestiones, rencillas a veces poco edificantes, errores y otras mil cosas- ha existido más o menos siempre, como en otras instituciones. Lo que pasa es que ahora todo eso trasciende al exterior como nunca antes había ocurrido. Y esos “ruidos” (en su mayor parte, perfectamente evitables) acaban por impedir que se oiga al solista y a la orquesta. En ese sentido, es evidente que hay un problema de comunicación que incide en el gobierno y en una deficiente presentación del magisterio del Papa.
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Me parece a mí que hasta ahora, en los organismos centrales de la Santa Sede (y estoy generalizando un poco) se ha visto la comunicación como algo muy importante en el plano teórico; pero como algo más tangencial y complementario, en el plano práctico y concreto (como un trabajo “part time”). Y sobre todo ha habido un déficit en la consideración de los aspectos comunicativos implicados en algunas decisiones de gobierno. Por fortuna, se va abriendo paso -con cierta fatiga- la idea de que la comunicación en el ámbito público es algo para lo que hace falta una preparación específica; va disminuyendo la alergia a dejarse aconsejar, como si se tratara de un detrimento de la propia autoridad.
En este contexto, el nombramiento del periodista norteamericano Greg Burke como consultor de comunicación en la Secretaría de Estado vaticana es una buena noticia, porque es expresión de un nuevo paso en ese cambio de mentalidad. Burke no trabajará en la oficina de prensa (donde continúa el p. Federico Lombardi), sino en la “cocina”, en la preparación de qué y cómo será comunicado, en directo contacto con el sustituto de la Secretaría de Estado (equivalente al jefe de gabinete del Papa). Esa es la novedad: los criterios comunicativos se tendrán en cuenta en la toma de decisiones. La iniciativa me parece significativa, pues buena parte de los “ruidos” que en los últimos años han obstaculizado la voz del Papa han tenido su origen precisamente en errores de "cocina".
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