
Pero es que además, algunos de estos padres han encontrado amparo en una sala del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, por lo que el Poder ha puesto en marcha la apisonadora: todo su poder ejecutivo y legislativo, toda su maquinaria administrativa, su inmenso poder en medios de comunicación, todos sus juristas de guardia, todas las entidades educativas correligionarias...
Cañones de grueso calibre contra unos pocos pechos valientes e irreductibles. Estos pocos padres y madres han conseguido que la Justicia avale su derecho a la objeción de conciencia contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía; incluso han conseguido que se declaren improcedentes ciertos contenidos. Pero hay más, otros padres han visto reconocido la prevalencia de su derecho a elegir centro educativo frente al reparto administrativo de plazas en centros.
Lo curioso del caso es que el Poder lucha aquí directamente contra la libertad: la libertad de educación, la libertad de erección de centros, la libertad de elección de centros y la libertad de escoger los padres el tipo de educación que quieren para sus hijos. ¿Cómo se entiende esto? Se entiende porque el Poder quiere imponer su ideología, e instrumento primero y principal de esta imposición es la educación de los niños, y no están dispuestos a ceder en esto de ninguna manera, y no imaginaban que nadie fuera a ser capaz de atreverse a ponerse delante como el famoso estudiante de Tiananmen.
Los argumentos del Poder son ridículos, su contumacia delito de lesa sociedad; pero han aprendido de Goebbels que una mentira repetida hasta la saciedad acaba convirtiéndose en verdad para los súbditos de la Nueva Tiranía, y sienten que están jugandose la mamandurria en este envite.
Como en los cómics de Goscinny y Uderzo, toda Hispania ha sido conquistada. ¿Toda? No, toda no, en rincones esparcidos por toda Hispania, grupos de irreductibles hispanos resisten ayudados por una misteriosa pócima mágica: el amor a sus hijos y su responsabilidad inalienable de padres y madres… y un resto de dignidad y honestidad de unos pocos jueces.
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