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Un gran disparate

Pedro Trevijano

Cuando leí que los Servicios Jurídicos de la Comunidad Autónoma afirmaban que la objeción de conciencia contra la asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía no podía admitirse, porque la objeción de conciencia «no está reconocida en nuestro Estado de Derecho o en Derecho alguno, pues significaría la negación misma de la idea del Estado» (La Rioja 16-IV-08), me quedé estupefacto. Yo creía que «la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión» y, en consecuencia, la objeción de conciencia contra las disposiciones que se oponen a estas libertades, estaban en el artículo 18 de los Derechos Humanos de la ONU; que el derecho de los padres «a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos» estaba en el artículo 26 párrafo 3, mientras nuestra Constitución, artículo 27 párrafo 3, recoge el derecho de los padres «a que sus hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones».

El problema es: ¿son los derechos humanos propios de la dignidad intrínseca del hombre y anteriores por tanto a la graciosa concesión del Estado, o son inexistentes mientras al Estado no le dé la gana regularlos?; es decir, ¿su único fundamento es la legalidad del Estado? Como persona, ciudadano y católico me apunto a la primera solución. La otra, me gustaría que alguien me explique porqué es democrática y no totalitaria.

Publicado en La Rioja

Comentarios

Pues a mi esto de la objeción contra la Educación para la Ciudadanía me la suda. A mi con que no me quiten los toros, el bocata 'e chorizo y beber del porrón me basta, todo el resto son chorradas.
cambiaelmundo ha dicho que…
No es lo que parece por tu blog. En cualquier caso, dejando al margen la bordería de la expresión que usas, ve con cuidado, porque las tres cosas que te importan están en peligro, amenazadas por los mismos que quieren imponer la EpC, por aquello del maltrato animal, el colesterol y las drogas políticamente incorrectas.

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La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

A propósito de Tabarnia

La broma no lo es tanto. Para empezar es el espejo en el que los argumentos independentistas se ven reflejados con toda su grotesca facha. Ni siquiera hace falta que el espejo sea cóncavo o convexo, como los que había en el parque de atracciones del Tibidabo. Es la administración del ponzoñoso brebaje nacionalista a sus mismos elaboradores.

Con humor.

Por esto tiene tanto éxito.

Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

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José Antonio Senovilla. Vicario del Opus Dei en Rusia (y Ucrania)

Conocí a José Antonio Senovilla cuando era el prototipo de lo que hoy se llama un emprendedor. Tenía proyectos para sí y para cualquiera que se le acercara. Muchas personas con espíritu emprendedor se le acercaban en busca de asesoramiento y encontraban, normalmente, aliento para ir más allá de lo que nunca soñaron. Luego trabajamos juntos unos cuantos años y comprobé en carnes propias su empuje y magnanimidad.

Solo una persona de su magnanimidad y empuje podía ordenarse sacerdote entrado ya en años y marcharse a comenzar la labor estable del Opus Dei en Rusia. Así, sin saber ruso y, casi, sin saber ser cura. José Antonio merecía una entrevista, y así lo entendió el Diario Jaén, que le abrió una página entera en su Dominical del pasado domingo. Esto es lo que escribió:



"En Jaén, la ciudad en la que nací y a la que vuelvo siempre que puedo, como ahora, aprendí de Rusia lo que habitualmente un niño alumno de los Maristas puede saber sobre el país más grande del mundo: Rusia ocupa má…