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Lo que he aprendido en un Colegio Mayor

Ahora que muchos futuros universitarios andan buscando alojamiento para el curso que viene y que se repite el ciclo de hablar de las novatadas, voy a contar algunas de las cosas que aprendí en un Colegio Mayor.

Circunstancias que no son del caso me condujeron a trasladarme a vivir en un Colegio Mayor adscrito a la Universidad de Barcelona (UB), a pocas manzanas de mi casa. Nunca un traslado tan corto tuvo tantas repercusiones. Fue una decisión acertadísima que marcó mi vida; aunque entonces no era consciente, que agradezco cada día más.

Lo que sigue son fundamentalmente hechos; dejo las otras valoraciones, más personales, los intangibles de la convivencia y las responsabilidades, cosas así, y las vicisitudes de cada uno de estos hechos, para una conversación con quien quiera invitarme a unas cervezas.

Cuando llegué me encargaron, junto con un veterano, de los colegiales adscritos, estudiantes que vivían en pisos alquilados por sus propietarias y que podían participar en todo como si residieran en el propio Colegio Mayor. La visita a esos pisos, la gestión con las caseras, el trato con los estudiantes..., fue una fuente de múltiples enseñanzas. Había "adscriteras" muy despegadas del Mayor, incluso asilvestradas; otras tenían caseras tan mayores que estaban al borde de la desintegración; en otras coincidían estudiantes extranjeros sin cultura de Colegio Mayor... Un curso tan emocionante que, al siguiente, se decidió liquidar la relación con casi todas.

Después de los dos primeros años de fogueo, fui elegido decano y, posteriormente, Director de Estudios. Lo que sigue puede pertenecer a cualquiera de las tres etapas.

Aprendí a organizar actividades abiertas al público, la primera con motivo del cercano 500 aniversario del descubrimiento de América que supuso mis primeras visitas a despachos de profesores de la UB y la UAB, desconocidos para mí, porque yo estudiaba en lo que ahora es la UIC; elaborar mi primer programa y folleto y sus sucesivas versiones con una imprenta cercana -no existían los PC-; hacer la difusión, cumplimentar y presentar a los ponentes... Otra actividad con la que aprendí mucho trataba de la entrada de España en la UE, en colaboración con un Instituto de la Generalidad creado al efecto.

Resucitamos una mítica revista universitaria, "Diagonal", que tuvo que llamarse "Nova Diagonal". Elaboré, resumí y leí la Memoria de Actividades de varios cursos. Monté el equipo de baloncesto con el que participamos en la liga y la copa universitaria -llegamos a ganar una copa- y en los torneos de Colegios Mayores. Participé en la reuniones del Patronato de Deportes de la UB y del Consejo de Colegios Mayores. Elaboré los estatutos de dos asociaciones juveniles que dieran cobertura a actividades culturales y deportivas. Colaboré en la organización de cursos de verano durante tres años. Intervine en la organización y desarrollo de varias fases locales del Congreso UNIV. Frecuenté la mesa de presidencia -esto es lo peor, sobre todo cuando me entraba el picor de garganta o el sueño-, en actos diversos...

Pude estar en los almuerzos en el comedor de invitados -y luego de tertulia- con muchos y muy interesantes personajes, algunos tan interesantes que años después pasaron por la cárcel; profesores, empresarios, políticos, deportistas, escritores, hasta un premio Nobel. Me encargué de la biblioteca, de lo que llamábamos "convivencias de estudio", de actividades formativas extra académicas... Y esto es solo lo que recuerdo en este momento.

Además estudié Derecho hasta licenciarme y algo de Filosofía, y redacción, y oratoria. E hice la mili. Y amigos. Y ni rastro de novatadas. De haberme quedado en casita, seguramente habría aprendido muchas cosas; pero desde luego no tantas ni tan valiosas.

¿Se puede aprender tanto durante la carrera fuera de un Colegio Mayor? Quizá sí; pero lo dudo.


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