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foto atarifa CC |
No voy a hablar de mis con-peregrinos, porque eso queda para nuestro grupo de Whatsapp y ya tenemos quien lo está haciendo estupendamente. Solo diré que iban dos sacerdotes y uno de ellos cumplía el lunes 30 un número redondo de años. Un grupo como este, con unos organizadores como los nuestros, no podía dejar pasar la ocasión: tarjetón firmado por todos, regalo, pastel con velas, pacharán, felicitaciones... No fue más que el comienzo, en poco menos de una semana celebramos por todo lo alto dos cumpleaños, un aniversario de boda, la renovación de compromisos matrimoniales, bautismales y sacerdotales... y un sorteo. Hasta los hubo que se quedaron a ver el partido de champions del Real Madrid: hace falta afición, porque tuvieron que sortear unas cuantas dificultades técnicas y porque, tomen nota, en un viaje así se duerme poco.
Y en estas nos subimos al autobús conducido por "Jorge" -momento wifi, hay que aprovechar el bus y el hotel para conectar-, y nos fuimos al nordeste,
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Foto MJN |
Semejante desolación tiene, sin embargo, inquilinos: los beduinos, asentados en pequeños poblados formados por corrales de cabras y ovejas y chabolas. Viven de la leche y la lana de su ganado cuando el desierto verdea, y directamente de su ganado el resto del año.
Cuarenta grados, blancura hiriente, 240 metros de agujero, humedad y un oasis. Jericó. Lo de oasis hay que tomarlo con precaución. Es verdad que algunas fuentes del Jordán permiten plantaciones de palmeras que -¡milagro!- convierten en dulzor la salinidad de la tierra y la desalinizan unos centímetros, es cierto que hay brochazos de verde en la parda mano del desierto; pero no es lugar que anime a pasear o dar una vuelta en bicicleta. Es difícil comprender que ahí decidiera la humanidad dejar de dar vueltas y asentarse por primera vez, salvo que tengas en cuenta que venía vagando por los alrededores.
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Foto MJN |
Es extraño dejar atrás un lugar tan señalado con el descubrimiento de que allí solo sucedió la primera de las tres tentaciones. Leído tantas veces sin caer en la cuenta. Pero no había tiempo para consideraciones escriturísticas cable car abajo y entrando en Jericó para llegar a la iglesia del Buen Pastor. Allí tuve la sensación más cristiano-oriental del viaje: la iglesia estaba ocupada por otro grupo y oímos Misa en una destartalada sala de un segundo piso habilitada con un altar y unas sillas de diversa procedencia, como cristianos huidos de Quaragosh. Al salir nos cruzamos con un numeroso grupo indio, con sus saris blancos y su tez aceitunada, que venían a tomar el relevo, y, ya abajo, nos topamos con los famosísimos dátiles de Jericó: los mejores del mundo.
Los dátiles. El ambiente en el autobús fue in crescendo, hasta llegar a la verdadera fraternidad. Empezaron a circular las rosquillas de Fina, de delante atrás, de atrás a delante; y ahora le tocó a los dátiles de Jericó: de ida, dátiles, dátiles de vuelta, dátiles hoy, dátiles los días siguientes, ¡socorro, dátiles! Más adelante, cuando empezamos a patear las calles, apareció el zumo de granada: por aquí, por allá, ¡hay que acabárselo! Casi muero terminando cajas de dátiles y vasos de jugo de granada; no he querido ni pensar en mi nivel de azúcar en sangre.
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Foto JLM |
Casa Nova, el hogar franciscano contiguo a la Natividad. Macarrones y tertulia con el fray Artemio Vítores, el padre Artemio, un perfecto comercial de sus libros, y de la Custodia de Tierra Santa y de los cristianos de Palestina. No quería que acabase aquella tertulia tan simpática, de hecho se alargó y nos dejó sin la ya postergada visita al Campo de los Pastores, que queda para la próxima ocasión, como los graffiti del muro. Porque hay que volver. A cambio, tuvimos el pequeño tesoro de la visita a la Gruta de la Leche, donde María amamantaría a su divino Hijo. Adoración perpetua del Santísimo, San Josemaría nel bel mezzo della strada, el obispo auxiliar de Bagdad y sus peregrinos caldeos iraquíes de San Diego, un papamóvil de recuerdo y regreso al Monte de los Olivos y al comedor del Seven Arches -el de mejores vistas del mundo-, con tiempo -al fin- de dormir.
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Foto MJN |
Continuará...
Sigue al capítulo V
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