Por Josep Miró i Ardèvol en El blog de Josep Miró, el 22 de junio de 2007
La naturaleza, nuestra condición natural, ecológica está en el fundamento del ser hombre y mujer, del aparejamiento de la paternidad y maternidad, de la filiación y la fraternidad. Por esto son previos al Estado.
Se pueden desarrollar con independencia de él y sin él. Son fruto de la condición natural humana y de las leyes naturales que rigen sus hábitats. Si rechazamos forzar a la naturaleza porque vemos dónde nos lleva la crisis ambiental y del medio natural, tampoco podemos forzar la condición humana que también es naturaleza y no sólo construcción ideológica.
A lo largo de toda su historia por diferentes que fueran las épocas y las civilizaciones, la sociedad se ha fundamentado en lo mismo: Hombres y mujeres, padres, madres, hijos y hijas, parientes. Sobre esto se ha construido el clan, la tribu, la nación, la sociedad política, el estado, las unidades supra-estatales.
Todas estas han cambiado, algunas se han extinguido. ¿Dónde están hoy los iberos? Pero la continuidad hombre-mujer y de sus generaciones articuladas por los matrimonios y la cohabitación, la descendencia y el parentesco han continuado.
Lee el artículo completo
Esta es la única razón por la cual hoy nosotros podemos estar aquí. Y esta es también la única razón por la que el estado del bienestar es posible. Sin hombres y mujeres unidos por el vínculo estable el tiempo suficiente para tener hijos y educarlos, el estado del bienestar no puede existir empezando por el sistema de pensiones, que necesita de una natalidad suficiente, algo más de dos hijos por mujer en edad fértil, para ser viable.
Esta es precisamente la causa por la que la solidaridad que representa la seguridad social en nuestro país, basada en un sistema de reparto, quebrará entre el 2015 y el 2020. No podemos agravar más este futuro con planteamientos que sólo conducen al caos demográfico, social y económico, porque los que pagarán, sobre todo, las consecuencias son nuestros jóvenes.
No se pueden alterar las instituciones inventándose nuevas concepciones y pensar que no pasa nada, que todo continuará igual. La sociedad no se divide por lo tanto en heterosexuales, homosexuales, transexuales, bisexuales, sino en hombres y mujeres.
En el terreno sexual, estos hombres y mujeres tienen en algunos casos comportamientos que se apartan de la atracción mutua entre el hombre y la mujer, que fundamenta las instituciones que nos dan vida, prosperidad, y bienestar. Pero estas opciones personales, que forman parte de la libertad y del derecho de cada persona no se pueden transformar en instituciones insustituibles.
No es el impulso sexual lo que da carta de naturaleza a las instituciones. El impulso sexual es otra cosa y responde a otra lógica. Los transexuales en concreto son personas en las que se presenta una contradicción entre su sexo subjetivo, el sentido y pensado, y sus características físicas.
Aquí no hay una opción, sino un desajuste que hoy en día se puede corregir y adecuar. Es posible reajustar las apariencias físicas para que se ajusten a aquello que se siente.
Estas personas deben verse respetadas y sus derechos ejercitados sin limitaciones, pero no porque sean transexuales, sino por su condición común de persona.
Un hombre gordo, una mujer delgada no tiene unos derechos especiales por ser gordo o delgado, sino por ser seres humanos, personas. Y si no se hace así, y se inventa una teoría que se singulariza en aras del propio bien, al transexual, entonces en realidad se le está discriminando porque se le singulariza por aquello que no es común en el resto de seres humanos, su condición de transexualidad, en lugar de proclamar aquello que lo hace igual: El ser persona, ser humano.

Se pueden desarrollar con independencia de él y sin él. Son fruto de la condición natural humana y de las leyes naturales que rigen sus hábitats. Si rechazamos forzar a la naturaleza porque vemos dónde nos lleva la crisis ambiental y del medio natural, tampoco podemos forzar la condición humana que también es naturaleza y no sólo construcción ideológica.
A lo largo de toda su historia por diferentes que fueran las épocas y las civilizaciones, la sociedad se ha fundamentado en lo mismo: Hombres y mujeres, padres, madres, hijos y hijas, parientes. Sobre esto se ha construido el clan, la tribu, la nación, la sociedad política, el estado, las unidades supra-estatales.
Todas estas han cambiado, algunas se han extinguido. ¿Dónde están hoy los iberos? Pero la continuidad hombre-mujer y de sus generaciones articuladas por los matrimonios y la cohabitación, la descendencia y el parentesco han continuado.
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Esta es la única razón por la cual hoy nosotros podemos estar aquí. Y esta es también la única razón por la que el estado del bienestar es posible. Sin hombres y mujeres unidos por el vínculo estable el tiempo suficiente para tener hijos y educarlos, el estado del bienestar no puede existir empezando por el sistema de pensiones, que necesita de una natalidad suficiente, algo más de dos hijos por mujer en edad fértil, para ser viable.
Esta es precisamente la causa por la que la solidaridad que representa la seguridad social en nuestro país, basada en un sistema de reparto, quebrará entre el 2015 y el 2020. No podemos agravar más este futuro con planteamientos que sólo conducen al caos demográfico, social y económico, porque los que pagarán, sobre todo, las consecuencias son nuestros jóvenes.
No se pueden alterar las instituciones inventándose nuevas concepciones y pensar que no pasa nada, que todo continuará igual. La sociedad no se divide por lo tanto en heterosexuales, homosexuales, transexuales, bisexuales, sino en hombres y mujeres.
En el terreno sexual, estos hombres y mujeres tienen en algunos casos comportamientos que se apartan de la atracción mutua entre el hombre y la mujer, que fundamenta las instituciones que nos dan vida, prosperidad, y bienestar. Pero estas opciones personales, que forman parte de la libertad y del derecho de cada persona no se pueden transformar en instituciones insustituibles.
No es el impulso sexual lo que da carta de naturaleza a las instituciones. El impulso sexual es otra cosa y responde a otra lógica. Los transexuales en concreto son personas en las que se presenta una contradicción entre su sexo subjetivo, el sentido y pensado, y sus características físicas.
Aquí no hay una opción, sino un desajuste que hoy en día se puede corregir y adecuar. Es posible reajustar las apariencias físicas para que se ajusten a aquello que se siente.
Estas personas deben verse respetadas y sus derechos ejercitados sin limitaciones, pero no porque sean transexuales, sino por su condición común de persona.
Un hombre gordo, una mujer delgada no tiene unos derechos especiales por ser gordo o delgado, sino por ser seres humanos, personas. Y si no se hace así, y se inventa una teoría que se singulariza en aras del propio bien, al transexual, entonces en realidad se le está discriminando porque se le singulariza por aquello que no es común en el resto de seres humanos, su condición de transexualidad, en lugar de proclamar aquello que lo hace igual: El ser persona, ser humano.
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