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Jamones, coherencia y principios

El otro día estuvo Vargas Llosa en Granada; era mi gran oportunidad, pero ya he explicado alguna vez que mi propósito de convertirme en un europeo culto a veces flaquea, así que ese día a esa hora preferí ir al Iniciador Granada de mayo, a escuchar a María José Cara hablar de Jamones 2.0, la experiencia de desarrollo en Internet de una marca, Jamones Abuxarra, cuyo hito virtual es la campaña “apadrina un jamón”, una iniciativa simpática que de ninguna (para nada, que dicen ahora) forma ridiculiza otros apadrinamientos más serios. De todas formas, para el que se preocupe por mi formación cultural o por mi equilibrio mental, confieso que acabo de terminar una famosa obra de Pío Baroja, Zalacaín el Aventurero; ya sé que no es La ciudad y los perros -que leí hace un montón de años-, pero está igual de maravillosamente escrita, como mínimo, y es mucho más simpática.

Pero a lo que voy. Los encuentros Iniciador tienen un esquema simple y constante: explicación del encuentro por el organizador, auto presentación (quien soy y qué hago) de los presentes, exposición del invitado de turno, coloquio y networking. Esto último consiste en una bebida y unas tapas a cuenta de un patrocinador –por ejemplo, La Despensa-, momento para contactar, intercambiar e iniciar, en su caso, sinergias, colaboraciones, contactos o negocios. Pues bien, el día de Jamones 2.0 hubo, como correspondía, además, unas buenas lonchas de jamón de Trevélez, a las que dispensamos todos los honores debidos.

Visto lo anterior, me puse a hacer de Peter Sellers en El Guateque, acercando bandejas de pernil a los corrillos del networking, vieja pero eficaz fórmula para picar desmedidamente sin ser notado demasiado. Uno de los presentes, para mi asombro, un chico joven, no quiso tomar:
-Cómo, ¿no te gusta? –le pregunté.
-No, es que no tomo jamón –respondió.
-Tengo una cuñada a la que tampoco le gusta –dije.
-No, si a mí me gusta; es que no como jamón, ni ningún tipo de carne, es una decisión personal.

Una decisión personal, mantenida aún en medio de la más tentadora de las circunstancias, sin miedo al “qué dirán”, manifestada con sencillez solo porque le insistí. Una lección de coherencia para los que hemos tomado decisiones personales con implicaciones concretas. Al menos una lección para mí.

De postre, curiosa cifra de mi contador hace un rato:



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