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Por la humanidad del embrión

Este es el MANIFIESTO promovido por LUIS FRANCO VERA DE LA REAL, de la ACADEMIA DE CIENCIAS EXACTAS, FÍSICAS Y NATURALES, CATEDRÁTICO DE BIOQUÍMICA Y BIOLOGÍA MOLECULAR de la UNIVERSIDAD DE VALENCIA, entre profesores de universidad y científicos. 14 de agosto de 2006.

Los científicos abajo firmantes, ante el anteproyecto de Ley de Investigación en Biomedicina, MANIFESTAMOS:

1. Que, desde una postura de respeto por el trabajo que llevan a cabo los Diputados, libremente elegidos por el pueblo, así como los miembros del Gobierno, discrepamos de algunos de los contenidos del mencionado texto legal. Dicha discrepancia se basa exclusivamente en criterios científicos y en el respeto a la verdad, y se explicita en los puntos siguientes...

2. El cigoto humano, desde el momento en que se fusionan los pronúcleos materno y paterno tras la fecundación, posee una identidad genética propia, que se mantiene a lo largo del desarrollo prenatal —embrionario y fetal— y postnatal, hasta el momento de la muerte del ser humano.

3. Hay suficiente evidencia para asegurar que el cigoto expresa esa dotación genética propia autónomamente antes de la primera división celular y de que, al menos desde el estado de embrión de cuatro células, al día siguiente a la fecundación, ya se encuentran productos de la expresión génica del embrión.

4. Entre los genes de expresión temprana en el desarrollo embrionario, se encuentran, por ejemplo, los de las conexinas, que contribuyen a la formación de uniones en hendidura. Estas estructuras, que jamás se encuentran en células agrupadas de organismos unicelulares, permiten la comunicación entre las diversas células de un órgano; en el embrión humano se encuentran en estado funcional antes de la implantación y su presencia es necesaria para que ésta se produzca.

5. A los cuatro días después de la fecundación, cuando el embrión, en estado de blastocisto, está llegando al útero, libera gonadotropina coriónica, una hormona que sirve de mensajero químico para preparar el organismo materno para la implantación del embrión y subsiguiente embarazo.

6. A la vista de los datos anteriores, resulta inadmisible desde un punto de vista biológico identificar al embrión como una simple masa de células, ni siquiera en los días anteriores a su implantación. Es preciso admitir que se trata de un organismo individual de la especie Homo sapiens, ciertamente en un estado incipiente de desarrollo, pero no por ello merecedor de un estatuto biológico distinto al del adulto al que, con el tiempo, dará paso si su desarrollo no se interrumpe por causas naturales o artificiales.

7. Todas las consideraciones anteriores son válidas cualquiera que sea el origen del embrión, que puede haber sido formado por un proceso natural de fecundación, por fecundación in vitro o, en el futuro, por transferencia nuclear a óvulos enucleados. Los organismos clónicos que llegaran a producirse en este último proceso serían auténticos embriones humanos, capaces, por tanto, de desarrollarse hasta dar lugar a un organismo adulto si se implantan en un útero aceptor, de modo similar a lo demostrado en la experimentación con mamíferos no primates.

8. La presente declaración sobre la equivalencia de los embriones, con independencia de la vía por la que se hayan formado, no constituye una justificación ética sobre la licitud de los diversos procedimientos artificiales de obtener el embrión, sino que establece que todo embrión, independientemente de la vía de generación, posee el mismo estatuto biológico. Desde un punto de vista estrictamente científico, no tienen sentido, pues, las distinciones semánticas, como la que se introduce al llamar preembrión al embrión obtenido por fecundación in vitro.

9. El estatuto del embrión como organismo de la especie humana le hace acreedor al respeto con que todo ser humano debe tratarse, con independencia de su origen, raza o estado de desarrollo. No obstante, somos conscientes de que tanto aplicar como negar un estatuto de persona al embrión trasciende la capacidad de las ciencias de la naturaleza.

10. Por otro lado, ante las referencias que los mencionados textos legales hacen al uso terapéutico de células madre, deseamos poner de manifiesto la necesidad insoslayable de potenciar la investigación básica y clínica en medicina regenerativa. Al mismo tiempo, hacemos un llamamiento a los científicos y a los medios de comunicación para que eviten la creación de falsas esperanzas en el uso de células madre de origen embrionario, ya que, independientemente de las consideraciones éticas que surjan de las realidades expuestas anteriormente sobre la naturaleza de los embriones humanos, hay que recalcar que esas células no han dado lugar hasta ahora a aplicaciones realmente terapéuticas en seres humanos; es más, la elevada tasa de proliferación de las células embrionarias provoca, en más del 60 % de los animales en que se implantan, la aparición de tumores.

11. Por el contrario, las células madre de origen adulto, ante cuyo empleo no se formulan más precauciones éticas que las que se expresan en los trasplantes de órganos, ha dado lugar ya al tratamiento de más de 70 patologías humanas de diverso tipo y son numerosos los protocolos de experimentación clínica en marcha, con resultados prometedores en muchos casos. Concretamente, en el momento de redactar este manifiesto son 544 los protocolos que utilizan células madre adultas, mientras que no se ha presentado ninguno con células de origen embrionario.

12. Finalmente, somos conscientes de que son numerosos los condicionamientos de todo
tipo —ideológicos, económicos, afán de notoriedad, etc.—, que pueden influir en una toma de postura ante el uso de embriones humanos en la investigación, por lo que hacemos un llamamiento para que la discusión científica se lleve a cabo con ánimo abierto, de modo que, basándose en argumentos científicos, cada uno pueda emitir rectamente un juicio ético sobre los diversos modos de actuar en la investigación biomédica.
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