
Tres noticias recientes llaman la atención, pues reflejan una pérdida total de sentido ético. Casi al mismo tiempo se han producido los siguientes hechos: En Londres un grupo de médicos decide que hay que eliminar a los bebés discapacitados; en New York se descubre una red de traficantes de órganos humanos y, también en Inglaterra, tres equipos de científicos británicos se propusieron conseguir un embrión mitad humano, mitad conejo o vaca...
Una asociación de médicos ingleses ha pedido a los demás galenos del país que practiquen la eutanasia a los recién nacidos con algún severo daño cerebral o físico. Según informa el sitio pro-vida LifeNews.com, el Royal College of Obstetricians and Gynecology sugiere, dentro de una lista de recomendaciones al Consejo de Bioética de Nuffield, que el asesinato de estos bebés es mejor que realizar extensas cirugías o tratamientos.
Sorprendentemente, la organización médica manifestó que promover la eutanasia reduciría los abortos tardíos ya que los padres podrían decidir si matan al bebé después del nacimiento si consideran que no podría tener una vida saludable.
Este tipo de acciones ya se viene realizando en Holanda desde hace más de un año. Es el triunfo de la mentalidad utilitarista en desmedro de la solidaridad. Sin embargo, las familias que tienen entre sus miembros una persona con discapacidad comprueban que el esfuerzo que comporta sacarla adelante es compensado con creces por el cariño que es capaz de recibir y entregar.
Por otro lado, acaba de comenzar en Nueva York el juicio contra una red que se dedicaba a traficar con partes del cuerpo de los cadáveres de los depósitos de la ciudad. Desde riñones, huesos o tendones, hasta la piel o los dientes. Para rellenar los cuerpos destripados se utilizaban tuberías. Se calcula que desde 2001 han recaudado al menos cinco millones de dólares. El relato de los implicados se mueve entre lo repugnante y el humor negro, pero desde luego no parece merecer el aplauso de la opinión pública. Si la generosa donación de órganos otorgada libremente en beneficio de la vida de otra persona pude ser un acto muy virtuoso, este tipo de acciones constituye un desprecio y un abuso de los derechos inherentes a la dignidad del ser humano.
La tercera noticia nos habla de los nuevos Frankenstein de la ciencia, como dijo en su día Oriana Fallaci de quienes experimentan con embriones humanos. Ellos pretenden ahora crear un híbrido, mitad humano, mitad conejo o vaca. Tres equipos de científicos británicos desataron en estos días la polémica en el Reino Unido con su propuesta de conseguir un embrión humano-bovino, un intento más que cuestionable desde el punto de vista ético.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Newcastle pidieron permiso para extraer el núcleo de un óvulo bovino y sustituirlo por otro de una célula cutánea de un humano. El resultado sólo tendría un 0,1 por ciento de material genético procedente del animal y, en teoría, permitiría que los expertos extraigan células madre con las que probar la eficacia de distintos tratamientos sin recurrir a óvulos humanos.
"Es un paso que provocará una repugnancia instintiva a mucha gente" se apresuró a declarar Josephine Quintavalle, del grupo también británico Reproductive Ethics. "El horror de los ciudadanos es muy válido y no contribuye a la reputación del Reino Unido", añadió esta experta. Aunque el equipo de la Universidad de Newcastle es el primero en solicitar un permiso para crear estos embriones mixtos en Reino Unido, colegas suyos del londinense King's College y de la Universidad de Edimburgo tienen proyectos similares, en su caso con células de conejo.
Si se salen con la suya, los científicos permitirían que el embrión se desarrolle hasta que tenga seis días, cuando seguiría siendo casi microscópico. Entonces intentarían extraer las células troncales y, una semana después, antes de que cumpla 14 días, lo destruirían.
A largo plazo, el dudoso objetivo es crear tejidos artificiales con el material genético de un enfermo, que podría someterse a un trasplante sin sufrir rechazo, además de examinar tratamientos para dolencias como el Alzheimer o el Parkinson, argumentan los defensores de esta iniciativa. En realidad esto no es más que una falacia. Como ya se sabe, implantar este tipo de células indiferenciadas provoca cáncer por su totipotencialidad y características especiales. No hay, hasta el momento, ningún protocolo de investigación para curar alguna patología con este tipo de células.
En cambio las llamadas "células madre adultas" ya se están utilizando con éxito en la curación de diversas enfermedades y no plantean ningún dilema ético. Por tanto, no tiene sentido seguir con las investigaciones en células madre embrionarias y hacer creer que estamos próximos a curar alguna enfermedad por este sistema, además de que es contrario a la ética pues elimina embriones humanos. En este caso hay un serio agravante: la confusión de material genético animal y humano.

Comentarios
Un abrazo
Saludos
Y no va a servir de nada no creer en esto, porque la realidad existe con independencia de que creamos en ella o no.