Cantante australiano construye Centro Pro-Vida

lunes, 30 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Famoso cantante australiano construye Centro Pro-Vida para mujeres embarazadas

SYDNEY, 26 May. 05 (ACI).- El ídolo de la música australiana, Guy Sebastian, recientemente dio a conocer sus planes para invertir su fortuna en un centro pro-vida de consejería para mujeres embarazadas en la ciudad de Sydney.

Este centro incluirá una línea de consulta para embarazadas y para mujeres que hayan abortado. En un foro de internet dedicado a él, Sebastian habla de su deseo de "iniciar un centro al que las mujeres puedan acudir cuando quieran (abortar), un lugar que les permita tomar conciencia de las consecuencias psicológicas y emocionales de esta práctica".

El cantante afirma que "en mi vida me he cruzado con mujeres, incluyendo amigas cercanas, que han tenido experiencias horrendas luego de haberse sometido a un aborto. Creo que estas mujeres tienen el derecho a tomar una decisión debidamente informadas sobre el asunto. Muchas mujeres nunca superan los daños psicológicos del aborto y sin la guía adecuada, esto afecta sus relaciones, su confianza, autoestima, etc, etc; de por vida".

"Con seguridad soy pro vida pero en este caso no se trata de eso", enfatiza Sebastian en respuesta a quienes lo atacan acusándolo de abusar de su poder e influencia como artista así como dejarse conducir por sus creencias pro-vida. "Este programa no está basado en juicios morales sino en el amor y el respeto que todos merecemos", agrega.

Además de invertir en el centro de consejería para embarazadas, Guy planea hacer una gira por algunos países pobres de África con World Vision y grabar un Gospel CD como medio para expresar su ferviente fe cristiana.

NON!

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LA FRANCE DIT NON
MERCI, FRANCE

"LA FAMILIA SÍ IMPORTA"

sábado, 28 de mayo de 2005 · 0 comentarios


MANIFESTACIÓN

Ven a la MANIFESTACIÓN


Por el derecho a un padre y una madre
Por la libertad
MADRID
SÁBADO 18 de JUNIO a las 18 h
De Cibeles a Sol

Para exigir la protección jurídica del matrimonio como unión entre un hombre y una mujer
Porque no aceptamos fórmulas de adopción experimentales
Por una verdadera política integral de defensa y protección a la familia
Por el respeto a la libertad de los padres a elegir la educación que desean para sus hijos
Para exigir el respeto a la vida humana

Ven a Cibeles el 18 de junio a las 18 h.
¡Esta vez nos tendrán que escuchar!

Científicos de todo el mundo desaconsejan la adopción por parejas homosexuales

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Informe HO a los senadores: científicos de todo el mundo desaconsejan la adopción por parejas homosexuales
A pocos días para la votación en el Senado de la Ley que pretende equiparar el matrimonio y las parejas del mismo sexo, HazteOir.org ha elaborado un informe que está haciendo llegar a los senadores, con el objetivo de que conozcan la opinión que sobre este tema existe en la comunidad científica. El documento recopila 200 estudios relativos a la adopción por parejas homosexuales, que la ley permitirá, y demuestra que la reforma del Gobierno no tiene base científica.
No es igual. Informe sobre el desarrollo infantil en parejas del mismo sexo estará a disposición de todos aquellos que lo deseen. El documento puede adquirirse:
en versión impresa en la Tienda HO, o
descargado en formato PDF pulsando aquí

Repensar el divorcio

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La ciencia que más ha estudiado la familia, a pesar de su corta historia como disciplina autónoma, es la sociología.
La sociología, como la medicina, se dedica a medir y comparar acumulativamente y como consecuencia de esas mediciones elabora diagnosis. Mientras que la sociología trabaja sobre el grupo humano, la medicina lo hace sobre el cuerpo humano, sin embargo el objetivo de las dos es el mismo: la salud. Tanto la salud del grupo (social) como la salud individual se miden por defecto detectando síntomas. Síntomas de mala salud individual son, por ejemplo, los dolores, y síntomas de mala salud social son la pobreza al lado de la riqueza, la destrucción del medio, o la violencia.
En la medida en que disponemos de mejores instrumentos de medida y más datos, la sociología descubre nuevos síntomas de falta de salud social. Uno de ellos, es el divorcio. Los efectos perniciosos y acumulativos del aumento de casos de divorcio en el tejido social están ahora saliendo a la luz y ha cundido la voz de alarma. Por eso algunos sociólogos estamos proponiendo repensar el divorcio para verlo primeramente como síntoma de mala salud (social).

Trabajo en español sobre la experiencia sociohistórica reciente del divorcio en los Estados Unidos: Estimulando El Matrimonio y Desalentando El Divorcio

Que no, vaya

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Hace tiempo pedí al Presidente del Gobierno que los padres puedan manifestar la voluntad de que, en caso de orfandad, sus hijos no sean entregados en adopción a parejas homosexuales. Al cabo de un mes recibo esta respuesta:

Madrid, 26 de mayo de 2005
Contesto al correo electrónico que ha dirigido al Presidente del Gobierno, acerca de que "los padres puedan manifestar la voluntad de que, en caso de orfandad, sus hijos no sean entregados en adopción a parejas homosexuales".
A estos efectos, los artículos 175 y siguientes del Código Civil regulan ampliamente la institución de la adopción y, especialmente, hay que considerar el artículo 176.1 que establece que: "la adopción se constituye por resolución judicial, que tendrá en cuenta siempre el interés del adoptando y la idoneidad del adoptante o adoptantes para el ejercicio de la patria potestad".
Además, sobre este tema, deben tenerse en cuenta los artículos 223 y siguientes de la citada Norma y, en particular, las previsiones contenidas en el artículo 245 del Código Civil, que le cito literalmente: "Tampoco pueden ser tutores los excluidos expresamente por el padre o la madre en sus disposiciones en testamento o en documento notarial, salvo que el Juez, en resolución motivada, estime otra cosa en beneficio del menor o incapacitado".
El Código Civil establece, por tanto, un sistema equilibrado de garantías en beneficio del menor cuya modificación, a mi juicio, no parece necesaria.
Reciba un cordial saludo, con la confianza en que estos comentarios puedan serle de utilidad, y le comunico que, en los mismos términos, he escrito a todos aquéllos que sobre esta cuestión se han dirigido al Presidente del Gobierno. Atentamente. José Enrique Serrano. Director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno.

Resumiendo -para los que se aturden (con razón) con los argumentos jurídicos-, que tururú; porque la regulación legal existente no garantiza que los huérfanos no acaben adoptados o acogidos por parejas del mismo sexo, por mucho que se opongan los progenitores, que es lo que pedía.
Ya ves, que no.

Conciencia contra ley

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Rafael Navarro-Valls. Catedrático de la U. Complutense Madrid. El Mundo, 23-05-2005


No es buena noticia para un Estado de derecho la politización de las objeciones de conciencia. En la medida de lo posible, los derechos humanos deben quedar al margen del aguijón de las minorías y de la dictadura de las mayorías. De otro modo corremos el riesgo de ahogarlos en la dialéctica del exabrupto trivial. Por eso mismo, me parece urgente rescatar por un momento el debate social de la nebulosa zona de lo puramente emocional.
Uno de los fenómenos más llamativos que conoce el Derecho moderno es el de la objeción de conciencia. Hace sólo unas décadas era minoritario y se reconducía a pocos supuestos. Hoy está cada vez más extendido en sus presupuestos y en sus aplicaciones.Puede decirse que, en materia de objeción de conciencia, se ha producido un big-bang jurídico. Desde un pequeño núcleo -la objeción de conciencia al servicio militar- se ha propagado una explosión en cadena que ha multiplicado las modalidades de objeciones de conciencia. Así, han aparecido en rápida sucesión la objeción de conciencia fiscal, la objeción de conciencia al aborto, al jurado, a los juramentos promisorios, a ciertos tratamientos médicos, la resistencia a prescindir de ciertas vestimentas en la escuela o la Universidad, a trabajar en determinados días festivos y un largo etcétera.

La razón estriba...en el choque -a veces dramático- entre la norma legal que impone un hacer y la norma ética o moral que se opone a esa actuación. Si a eso se une una cierta incontinencia legal del poder, que tiende a invadir campos fronterizos con la conciencia, se entiende la eclosión de las objeciones . Recuérdese que, en España, la causa más de fondo que llevó a la instauración de un sistema de ejército profesional fue la cascada de objeciones de conciencia, que acabó dinamitando (con el aplauso de los partidos políticos) el sistema de servicio militar obligatorio.

No hay que olvidar que cuando la persona humana, por razones éticas se decanta por el no a la ley, lo hace por un mecanismo axiológico (un deber para su conciencia) diverso del planteamiento puramente psicológico del delincuente común que viola la norma por intereses inconfesables. Esto explica que el comportamiento del objetor suela traducirse en una suerte de perplejidad en los mecanismos represivos de la sociedad, es decir, lo que viene llamándose « la mala conciencia del poder». Lo cual contrasta con el frontal rechazo de los comportamientos delictivos o estrictamente antijurídicos. La objeción de conciencia no es, pues una anomalía en el marco de las democracias. Al contrario, su contextura, como dice nuestro Tribunal Constitucional, es la de un «derecho constitucional autónomo», con todas las características de un derecho fundamental, como insiste la doctrina jurídica.

La posible aprobación de una ley reguladora del matrimonio entre personas del mismo sexo ha planteado una nueva modalidad de objeción de conciencia: la hipotética negativa a su celebración por parte la de los jueces encargados del Registro Civil y de los alcaldes y concejales llamados a autorizar esos matrimonios. De hecho, el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal acaba de reivindicar el derecho a la objeción de conciencia, haciendo un llamamiento al ordenamiento democrático para que respete «este derecho fundamental» y «garantice su ejercicio». El propio presidente de la Conferencia Episcopal Española ha insistido más recientemente sobre este punto. En la misma línea se había movido anteriormente la Congregación para la Doctrina de la Fe. La cobertura moral del católico que ejerciera aquí la objeción de conciencia radicaría, pues, en la conceptuación por parte de su Iglesia de los matrimonios entre personas del mismo sexo como «una flagrante negación de datos antropológicos fundamentales y una auténtica subversión de los principios morales más básicos del orden moral». Esto es importante, pues no debe olvidarse que, según la jurisprudencia de los órganos de Estrasburgo, para que una objeción de conciencia pueda considerarse digna de ser tomada en consideración, es necesario que las convicciones que la apoyen provengan de «un sistema de pensamiento coherente y suficientemente orgánico y sincero».

La cobertura legal con la que cuentan estos posibles objetores es la misma que aquella otra que, con mayor o menor intensidad, protege a las restantes modalidades de objeción de conciencia.Por un lado, el Tribunal Constitucional español, refiriéndose a la objeción de conciencia al aborto, ha observado que «la objeción de conciencia existe y puede ser ejercida con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el art. 16.1 de la Constitución».De modo que viene a dar la razón a aquellos que sostienen que la objeción de conciencia, para ser reconocida, no siempre exige que expresamente se regule en una ley. Repárese que en la ley de aborto vigente no está reconocida expresamente la objeción y, sin embargo, toda la doctrina, siguiendo al Tribunal Constitucional, entiende que está tutelada vía artículo 16 de la Constitución. Por otro, la Constitución Europea (aprobada por España en referéndum) expresamente reconoce la objeción de conciencia a nivel de derecho fundamental en el artículo II-70. También implícitamente el Convenio Europeo de Derechos Humanos y un largo etcétera de leyes y pronunciamientos jurisprudenciales. El más reciente, la sentencia del Tribunal Supremo de Canadá, que al analizar la posibilidad por parte de los órganos legislativos de una unión legal entre personas del mismo sexo, explícitamente señala que, en su hipotética aplicación, habría de respetarse la libertad religiosa de los llamados a aplicarla.

Dicho esto, conviene proceder por etapas en la respuesta a la pretensión de los protagonistas de esta nueva objeción, comenzando con los jueces encargados del Registro Civil, que son los que mayoritariamente intervienen en la celebración de matrimonios civiles. Antes de hablar de objeción de conciencia en estos supuestos , habría que estudiar la posibilidad de aplicar en este caso la llamada «objeción de legalidad». El art. 35 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional establece que cuando un juez considere que una norma con rango de ley aplicable al caso pueda ser contraria a la Constitución, planteará la cuestión al Tribunal Constitucional.Desde luego, si en un procedimiento estrictamente judicial (civil o penal) un juez que, por alguna causa -por ejemplo, proceso penal del que deba conocer por presunta prevaricación de un compañero por negarse a aplicar la ley mencionada- decide plantear la cuestión de constitucionalidad, entraría en el radio de acción del art. 35 y podría detener la aplicación de la ley en ese caso concreto hasta la resolución del problema por el TC. ¿Puede plantear la cuestión de constitucionalidad durante el expediente prematrimonial y antes de autorizar el matrimonio? La cuestión es debatida, por la específica característica del auto que cierra dicho expediente, aunque probablemente el Tribunal Constitucional admitiría esta objeción de legalidad si aplica su concepción de la cuestión de constitucionalidad como «expediente depurador del sistema». En todo caso, no sería una posición temeraria si tenemos en cuenta que organismos solventes (Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Consejo del Poder Judicial y Consejo de Estado) han planteado, directa o indirectamente, dudas acerca de la constitucionalidad de la reforma legal en marcha. En concreto, la Real Academia de Jurisprudencia ha recalcado que la Constitución española establece una «garantía institucional» a favor del matrimonio heterosexual. La existencia de una garantía institucional determina la inconstitucionalidad de las eventuales normas que tuvieran por objeto suprimir la susodicha institución o la de aquellas que la vacíen de su contenido propio.

Además de la objeción de legalidad, el problema que se plantea para estos funcionarios es la posibilidad de acceso a la estricta objeción de conciencia. Es decir, la posición de quien comunica a su superior administrativo los escrúpulos de conciencia respecto a la celebración del matrimonio entre personas del mismo sexo y la consiguiente negativa, por razones de éticas, de intervenir en la celebración de esas uniones. La respuesta aquí requiere algunas matizaciones que ayuden a esclarecer la cuestión. El derecho comparado conoce supuestos de objeción de conciencia de funcionarios, que han sido aceptados por el legislador o la jurisprudencia.

En el concreto caso de uniones de homosexuales, Dinamarca ha introducido en su ley de parejas de hecho (prácticamente idéntica a las leyes que introducen el matrimonio entre homosexuales) cláusulas para defender la conciencia de concretas personas que pueden intervenir en esas uniones. Así, excluye a las uniones de homosexuales de la libertad de elección, vigente en Dinamarca para el matrimonio heterosexual, entre una celebración religiosa o civil. Precisamente para que los pastores de la iglesia luterana oficial (que tienen condición equiparable a los funcionarios) no se vean compelidos a intervenir en la celebración de esos matrimonios. Y en el proceso de divorcio entre parejas homosexuales, al que se aplica el mismo procedimiento que para el matrimonio heterosexual, no se puede solicitar -como expresamente se prevé en la disolución de matrimonio heterosexual por divorcio- la mediación de un clérigo luterano para intentar la reconciliación entre los partners. Son medidas que el propio legislador prevé, adelantándose a actitudes que, la oposición a la ley en el trámite de su elaboración, ha manifestado como muy posibles.

En el derecho español es interesante la sentencia del Tribunal Constitucional que conoce un caso inverso de objeción de conciencia al que nos ocupa. Se trata de la negativa de un subinspector del Cuerpo Nacional de Policía a tomar parte en una procesión religiosa contra su voluntad. Su negativa fue rechazada por el superior (comisario jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana de Sevilla) entendiendo que la asistencia ha de considerarse como un servicio profesional y no como estricta asistencia a un acto de culto religioso. Añadiendo que «los sentimientos religiosos no pueden aducirse en el ámbito laboral a la hora de prestar un servicio». Sin embargo, el Tribunal Constitucional, posteriormente, da la razón al recurrente en amparo, basándose en el principio de que la libertad religiosa «incluye también una dimensión externa de agere licere que faculta a los ciudadanos para actuar con arreglo a sus propias convicciones y mantenerlas frente a terceros».Se otorga el amparo al recurrente, a pesar de que los superiores -apoyados por la Abogacía del Estado- entienden «que nos hallábamos ante un servicio propiamente policial, sin connotación religiosa alguna» .

El criterio del TC es que, aunque se considere que la participación del actor en la parada militar obedecía a razones de representación institucional, «debió de respetarse el principio de voluntariedad en la asistencia, y, por tanto, atenderse a la solicitud del actor de ser relevado del servicio, en tanto que expresión legítima de su derecho de libertad religiosa». Se trata de funcionarios que, en el ejercicio de su cargo, se encuentran ante servicios contrarios a su conciencia y que rechazan su realización aduciendo un derecho constitucional. Si no ponen en peligro el sistema jurídico, habría que amparar su conducta. Por lo menos, eso parece entender el propio Tribunal Constitucional.

Respecto a los alcaldes o concejales la situación no es estrictamente la misma: no son funcionarios, sino cargos políticos a los que, bien cuando no hay en el municipio juez encargado del Registro Civil o bien cuando los mismos contrayentes lo eligen por encima del juez, es cuando se pone en acto su competencia. Si la competencia que les otorga el artículo 51 del Código Civil implica también una obligación legal de celebrar el matrimonio (cuestión que alguna doctrina ha puesto en duda, desde mi punto de vista tendrían derecho, también por razones de conciencia, a rechazar la celebración de la unión homosexual solicitada. No se olvide que esa actuación no supondría una indefensión para los que reclaman el matrimonio, ya que siempre cabe la posibilidad de que celebre la unión objetada un concejal en quien delegue el alcalde, cuya conciencia no se vea alterada ante esa celebración.

Por otra parte, no se ve bien qué razón puede mover al que se empecina en celebrar su matrimonio homosexual ante un alcalde que, públicamente, ha manifestado sus escrúpulos de conciencia sobre este extremo. Sobre todo, pudiéndolo celebrar ante otra persona que no manifieste estos problemas de conciencia. En todo caso convendría, para evitar incertidumbres, que expresamente en la ley se introdujera una cláusula de protección de la objeción de conciencia en los supuestos de jueces y alcaldes. Sería por parte del Gobierno un acto de protección de intereses legítimos.Como igualmente sería una medida inteligente cambiar la denominación de la figura, no aplicándole el término «matrimonio», de muy dudosa constitucionalidad. El hecho de que en la fase en que se encuentra la ley, dos grupos han presentado enmiendas en este sentido esa todo un indicio de la oposición mantenida de un sector muy amplio de la sociedad española. Movilizaciones ciudadanas, oposición masiva de las confesiones religiosas presentes en la sociedad española, disenso manifestado de la casi totalidad de la clase jurídica española y dificultades importantes para su reconocimiento en el ámbito del derecho internacional son razones de entidad que deberían hacer al Gobierno replantearse su posición.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la Universidad Complutense y coaautor del libro Las objeciones de conciencia en el derecho comparado y en el Derecho español.

Juan Pablo II sí reía

miércoles, 25 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Hace una semana un amigo envió una carta al humorista Forges junto con un DVD del Papa Juan Pablo II. Su sorpresa ha sido grande al comprobar que le ha respondido con un dibujo.

Estimado Sr. Forges: Disculpe que le moleste unos minutos. Soy un seguidor suyo desde los tiempos de Historias de aquí y quizás por esta relación de cariño que se da entre autor y lector, me he lanzado a escribirle. He leído unas declaraciones, que se le atribuyen, en las que en referencia al anterior Papa Juan Pablo II, comentaba que “nunca lo había visto reír”. Por esta razón me he permitido mandarle un DVD, en el que tendrá la oportunidad de ver al Papa, carcajeándose. Estoy seguro que sabrá disculparme este atrevimiento y que disfrutará al ver estas imágenes del Papa.
Agradeciéndole todos los buenos ratos que me ha hecho pasar con sus viñetas, reciba un cordial saludo.

Forges
Muchas gracias por la labor de recopilación. Insisto en que, casualmente, hasta que no se ha dicho que JPII no sonreía, no han aparecido miles de risas, sonrisas y carcajadas que, antes, parece que nadie había visto en los medios de comunicación. Milagroso es desde luego. Saludos efusivos. Forges

TVE enseña las bodas homosexuales a los niños con «Los Lunnis»

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El programa infantil emite un vídeo en el que muestra con naturalidad una boda entre dos hombres. Bajo el título «Bodas diferentes», TVE emitió el miércoles en «Los Lunnis» un reportaje en el que mostró a escolares distintas formas de casarse, una de ellas entre dos personas del mismo sexo. Las críticas ya han comenzado.

Lunnis
R. T. Madrid- La Ley que permitirá casarse a parejas homosexuales todavía no ha sido aprobada, sin embargo desde Televisión Española ya se está haciendo «campaña» para normalizar esta situación, y ha empezado con un ejercicio de tolerancia hacia los más pequeños. Y qué mejor sitio para hacerlo que en «Los Lunnis», el espacio infantil por excelencia -a falta de otros programas de estas características-, que se emite en La 2 de TVE de 07:30 a 09:30 horas y por la tarde, de 17:30 a 19:00 horas.
¿Telediario infantil? Cada día Lucho y Lupita, dos de los muñecos con más «tirón» de esta pandilla de guiñoles de trapo presentan el «Telelunnis», una especie de telediario infantil en el que intentan acercar a los más pequeños el mundo de los adultos a través de noticias y reportajes. En su afán de «divulgación», los dos muñecos dieron paso a otro de sus compañeros que presentó un vídeo en el que se hablaba de «bodas diferentes». El reportaje, que se emitió alrededor de las 08:30 horas, mostraba imágenes de un sudanés casándose con una española, una pareja de novios catalanes haciéndolo por un ancestral ritual catalán y por último la boda de dos hombres en un ayuntamiento.
Pese a que muchos han sido los padres que han puesto el grito en el cielo tras la emisión de este vídeo, Televisión Española eludió realizar una justificación porque «es una situación que tarde o temprano van a ver porque la ley se va a aprobar», explicaron a este periódico fuentes oficiales. Las mismas fuentes comentaron que el vídeo no tenía nada malo, «ha sido absolutamente "light", nada agresivo y ni se ha incitado a la homosexualidad, ni se recreaban en ello, ni nada por el estilo, se mencionaba muy de pasada y no tiene ninguna connotación negativa».
El espacio infantil -dirigido especialmente a niños de 3 a 7 años- incluía moraleja y al final el muñeco encargado de presentar el reportaje terminaba diciendo: «No hace falta casarse para querer a alguien, pero hay muchas parejas que así lo prefieren. Habéis visto tres bodas diferentes para un mismo objetivo. ¡Qué sean felices y coman perdices!».

Sin palabras

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Rucs

El pelanas

lunes, 23 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Por Juan Manuel DE PRADA/ABC 23 de mayo de 2005


UN pelanas de visita en Jerusalén ha posado haciendo gracietas con una corona de espinas sobre la cabeza, para hilaridad del séquito que lo acompaña y del nieto de un poeta católico que, aunque sólo fuera por respeto a la memoria de su abuelo, debiera haber impedido la bufonada. Si el pelanas no fuera tan quisquilloso y obcecado valedor de ciertos símbolos, entenderíamos que el regocijo que mostraba haciendo escarnio de la corona de espinas obedecía a ese impulso elemental de hozar y revolcarse en el fango que enardece a los gorrinos. Pero, considerando que el pelanas acababa de negarse a participar en un acto oficial por un quítame allá esas banderas, hemos de entender que con su burla pretendía mofarse de quienes han hecho de ese símbolo una expresión de sus creencias religiosas. También hemos de entender que a estas horas el pelanas, tras comprobar que su cuchufleta ha causado el efecto que anhelaba, andará pavoneándose por ahí, muy orgulloso de su bizarría, presentando las naturales muestras de indignación o lastimado pesar de los católicos como prueba de su intrepidez transgresora.

Naturalmente, el pelanas nunca hubiese escarnecido un símbolo religioso si hubiese sospechado que su divertida chufla le iba a ocasionar problemas. Podría haber probado su espíritu transgresor posando con un pelucón de rabino, o exhibiendo un ejemplar del Corán que guardase dentro una petaca de whisky; pero el pelanas prefirió la corona de espinas porque sabía que así su burla quedaría impune. El verdadero transgresor ataca una estructura de poder o coacción; el pelanas se aprovecha de un vacío de poder, de la permisividad rencorosa de unos y del complejito de otros, para posar de provocador ante la galería. ¿Se imaginan al pelanas coronado risueñamente de espinas si en España funcionara un Tribunal de la Inquisición? Puesto que tales estructuras de poder o coacción no existen, el pelanas puede gallear sin temor al castigo, porque sabe que, en esta sociedad tan tolerante, la religión católica se ha convertido en el punching-ball sobre el que cualquier zascandil puede ejercitar sus puños. Por supuesto, al pelanas jamás se le hubiese pasado por su cabecita atestada de serrín dedicar su desprecio a ninguna otra fe que no hubiese sido la cristiana; y en el caso de que a alguien se le hubiese ocurrido hacerlo, él mismo hubiese sido el primero en señalar al ofensor, encaramándose en el pedestal de la tolerancia: ya se sabe que el miedo, además de libre, es acusica.

Pero tampoco conviene sacar las cosas de quicio. No ofende quien quiere, sino quien puede. Es natural que la mierda, resignada a su naturaleza abyecta y a su destino de alcantarilla, aborrezca la columna de mármol que se erige incontaminada de sus efluvios. Es natural que la mierda, ensordecida por el zumbido de las moscas que se disputan su pitanza, envidie la columna de mármol que entabla coloquio con las nubes. Es natural que la mierda, ebria de su propia fetidez, se rebulla en su materia excrementicia, para perturbar con su hedor la rectitud dórica de la columna de mármol. Es natural, incluso, que la mierda busque el séquito de la mierda, para fundar juntas una letrina y procurar, con el ímpetu de su propio oleaje, salpicar la columna de mármol que no inmuta su blancura. Encaramados en esa columna, podemos contemplar divertidos el berrinche de la mierda, podemos incluso contemplar con preocupación sus afanes expansionistas, que amenazan con llenar de inmundicia el aire que respiramos. Pero, por muy lejos que llegue en su esfuerzo colonizador, sabemos que nunca alcanzará a anegar en su materia la columna de mármol. La imagen del pelanas coronado de espinas adquiere, a la postre, el significado alegórico de un pobre montón de mierda consciente de su fracaso.

Prensa y conformación de la opinión pública

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Por Jorge Trias Sagnier. analisisdigital 08/05/2005


1- En una mesa redonda de estas características creo que lo que más puede interesarles, y por lo que seguro que he sido llamado a participar en ella, es mi experiencia personal como escritor en prensa diaria, es decir, como escritor efímero o, como normalmente se nos denomina debido al formato en forma de columna de nuestros escritos, mi experiencia como columnista conformador de opinión pública.

Mi formación profesional no proviene del periodismo sino que consiste en el ejercicio de la abogacía, aunque también podría decir que soy escritor-periodista, ya que llevo más de mil quinientos artículos publicados desde que comencé a escribir en los periódicos a principios de 1975, en el desaparecido “Diario de Barcelona”. Desde ese año no he dejado nunca de publicar; y mi contacto con los medios de comunicación, tanto con las empresas como con las redacciones, ha sido creciente. Del “Diario de Barcelona” pasé a “La Vanguardia” y de ahí, a principios de los ochenta, ya me asenté en el “ABC”, de donde no me he movido desde entonces. Hoy, a mi condición de columnista sumo la de consejero del Consejo de Administración de ese periódico.

Me confieso católico... y desde que, animado por el gran Papa Juan Pablo II, perdí el miedo a proclamar sin rubor mi fe y mi lealtad a la Iglesia como depositaria de la doctrina cristiana y fiel intérprete de la palabra de Jesucristo, procuro que todo cuanto escribo, con mayor o menor fortuna, tenga el sello de esa fe cristiana, como expresión de aquel axioma que se resume en el amor al prójimo como máxima manifestación del amor a uno mismo.

Y es aquí, en este axioma moral, donde, para mí, comienza la acción, la proyección exterior, pues para amarse a uno mismo y como consecuencia de ello amar a los demás, es imprescindible creer en uno mismo. Y en el caso de quienes escribimos, es preciso estar convencidos de que somos los primeros en creernos lo que sale de nuestras plumas o de nuestros ordenadores, intentando desbarrar lo menos posible, teniendo muy claras nuestras propias creencias, en suma. Y esas creencias no deberán nunca asumirse de forma acrítica y desprovistas de debate interno, sino sometiéndolas al temple del contraste con la Verdad. Verdad que, como dijo Benedicto XVI en la Misa de inicio del Cónclave cuando todavía era Cardenal Ratzinger, no puede estar sometida a la dictadura del relativismo.

2- Quien escribe en prensa, si pretende influir en la opinión pública, debe, ante todo, tener un axioma muy claro: sólo influye verdaderamente, sólo transmite convicción, aquel que está previamente convencido de lo que dice. Toda opinión es el fruto maduro de una convicción, de una creencia; y sólo las creencias fuertes son capaces de transmitir ilusión. Existe una cierta idea, a mi juicio profundamente cínica, que consiste en creer que los periódicos, y en general los medios de comunicación, deberían transmitir lo que se denomina, perversamente, “ecuanimidad”. Quienes eso sostienen entienden por ecuanimidad la apertura de las páginas, las pantallas, los correos o las ondas de los medios que no les son afines a todas las opiniones, entre otras, a las de ellos. Son quienes sostienen que la Verdad, tal y como la entendemos los cristianos, no existe. Por el contrario, dicen, habría muchas verdades, cada uno tendría la suya y todas habría que medirlas por el mismo rasero.

Normalmente, quienes opinan así, son aquellos que han hecho del relativismo un dogma, son los que pretenden imponernos esa dictadura del relativismo a la que se ha referido el Papa Benedicto XVI. En España, esa dictadura relativista que pretende imponer sus criterios al resto de los medios de comunicación, tendría su “iglesia laica” en el grupo PRISA y su “templo” en el diario “El País”. Hace poco me decía un Obispo que si él leyese durante todo un año, solamente, el diario “El País”, probablemente perdería la fe. La expresión de ese pensamiento consiste en la afirmación de que no hay una verdad, a lo sumo habrá varias verdades, y en el mejor de los casos algunas serán más poderosas que otras, precisamente aquellas que mayor respaldo popular tengan. Esa voluntad popular, expresada en número de votos o en grados de aceptación, es la que elevan los relativistas a irrefutable categoría moral.

3- Ante esa forma de contemplar la “verdad”, creo que sólo cabe proclamar la Verdad y no caer en la trampa del pensamiento débil. Pienso que la opinión sólo se conforma a través de los periódicos desde ideas-fuerza; y un periódico sólo tiene credibilidad cuando existe una coherencia entre la línea editorial, la línea de opinión y la línea de información. De poco serviría si los editoriales de un diario caminasen por una determinada dirección, si luego la opinión de los columnistas del periódico, haciendo un alarde de relativismo disfrazado de ecuanimidad, fuese por otra distinta.

Creo que deberíamos aprender de la coherencia informativa del diario “El País” que se ha ido configurando, con machacona insistencia, a lo largo de treinta años. Ahí nada desentona, ni siquiera los que desentonan. Los editoriales, las páginas de deportes, las informaciones y opiniones jurídicas o económicas, las fotografías escogidas, las viñetas, la opinión, los columnistas que vertebran esa opinión, el tamaño de las noticias, las esquelas, incluso la forma, el cuando y el porqué de publicar opiniones divergentes, todo tiene como único objetivo confundir relativismo con independencia de criterio, como si lo primero fuese una condición necesaria para lo segundo. Si a eso se le suman los mensajes radiofónicos de la radio más potente de España y, de aquí a unos meses, una televisión en abierto regalada por el actual gobierno, quedará configurado un grupo mediático eficacísimo para transmitir una ideología, paradigma del relativismo.

4- Pues bien, frente a ese poder político y mediático, que se ha ido configurando en estos pasados treinta años, no hemos sido capaces de oponer casi nada desde otros ámbitos. Hasta el momento, no hemos sabido o no hemos querido construir grupos de medios coherentes con nuestro pensamiento cristiano. Y entendería por coherente un grupo que defendiese estas ideas sin fisuras ni complejos. El “¡No tengáis miedo!” de Juan Pablo II desde luego no ha llegado a los grandes grupos de comunicación españoles. Porque no nos olvidemos que el negocio de los medios de comunicación y, particularmente, de la prensa, es el comercio de las ideas. Nosotros, desde los periódicos, somos eso, nada más pero nada menos que eso: vendedores de ideas. Y yo no conozco ninguna idea atractiva que pueda venderse con miedo o sin convicción.

Personalmente echo bastante en falta un mayor grado de compromiso en la inmensa mayoría de nuestros periódicos. Y echo en falta, también, un mayor grado de coherencia ideológica, coherencia y compromiso de la que ahora carecen casi todos los grupos mediáticos a excepción del grupo PRISA. Creo que se equivocan aquellos empresarios de medios de comunicación que piensan que la falta de compromiso abre puertas, sobre todo cuando el poder político no es favorable, y que en situaciones como las que vive ahora España, lo mejor y más rentable es no definirse excesivamente, manteniendo una línea de pensamiento débil que pueda acomodarse a cualquier situación. A mi me parece esa una línea empresarial equivocada. Por el contrario, creo que el comercio de las ideas-fuerza es uno de los buenos negocios en los que un grupo mediático podría apostar. Un buen negocio porque, en primer lugar, no hay mejor negocio que aquel que produce tranquilidad de conciencia o, al menos, no la perturba. Y buen negocio porque, además, está demostrado que da dinero.

Y esto no es una afirmación más o menos voluntarista, sino la expresión palpable de una realidad. Ahí tienen el apasionante experimento de la COPE en estos dos últimos años, con una radio de mensajes fuertes y extraordinariamente coherentes en todas sus versiones: la de la mañana, la de la tarde y la de la noche. No es ésta una afirmación que yo me saque de la manga por simpatía, que sin duda les tengo a todos sus artífices, sino que son datos objetivos de la OJD.

Mientras tanto, mientras nos damos cuenta de que ese es el camino que deben seguir los medios si pretenden enarbolar la Verdad, y de paso ganar dinero, continuaremos unos cuantos expresándonos más o menos libremente, desde diferentes periódicos, invitando a los lectores a que, también, caminen con nosotros, proporcionándoles temas para la reflexión, sugiriéndoles dudas, invitando a que cada uno pueda reconocer por sí mismo el indiscutible camino del bien o del mal, incluso tropezando, junto a nosotros en errores y equivocaciones. Por esa razón, ahora, cuando el director de mi periódico, el “ABC”, me invitó a que pusiese un lema a mi columna, no se me ocurrió otro mejor que el de “Vade Mecum”, camina conmigo, ya que eso es lo que procuro sugerir, semana tras semana, a quienes me leen.

Mi único propósito semanal, desde esa esquina par del “ABC” es ir descubriendo, junto a mis lectores, lunes a lunes, el camino de la Verdad, de forma machacona e insistente, que es la única manera de que calen los mensajes. No conozco mejor sistema para conformar la opinión pública. Yo trato, no se si lo consigo, de que mis columnas tengan un sello inconfundible, el sello inconfundible que ha hecho creíble a “ABC” a lo largo de más de cien años y que puede resumirse, hoy, en los siguientes puntos:

1º Aceptación y propagación de la doctrina de la Iglesia Católica.
2º Defensa de la Monarquía Constitucional como garantía de la unidad de la Nación española.
3º Defensa de la Unión Europea y de los vínculos atlánticos.
4º Defensa de la economía libre. Y,
5º Todo ello en un cuadro de excelencia literaria y rigor informativo.

Por todo esto merece la pena luchar, con el fin de reforzar la coherencia de algunos proyectos empresariales ya existentes o de embarcarse, quizás, en otras singladuras que refuercen nuestro pensamiento cristiano.

La familia Skywalker: del blanco al negro

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Firmante: Miguel Ángel García Mercado
ACEPRENSA 080/02 12-06-2002

De algún modo, hay tantas películas como espectadores. El ataque de los clones, quinta entrega de la saga Star Wars, iniciada en 1977, ¿puede servir para comparar el ideal de juventud de finales de los años 70 y el actual? Así lo piensa el autor de este artículo que, desde la perspectiva de un profesor en Secundaria y Bachillerato, catedrático de filosofía, detecta que el desarrollo de esta popular historia refleja el cambio en los valores socialmente aceptados.

El cine, y especialmente el comercial, suele ser reflejo de la sociedad en la que vive. Transmite lo que ve, y con él, algunos valores socialmente aceptados. Por eso debe convertirse –cada vez más– en un instrumento privilegiado para conocer los valores positivos y negativos de un momento histórico. Los héroes, o incluso los antihéroes, son modelos de comportamiento que responden a lo que se considera apreciable.
La actualidad cinematográfica nos puede servir para comparar el ideal de juventud de finales de los años 70 y el actual, poniendo frente a frente a Luke y a su padre Anakin. Un primer examen resulta desalentador: el Skywalker en puertas de los 80 salvó el Universo y el de principios del Tercer Milenio lo convirtió en el reino del mal. Puesto el futuro en manos del hijo, éste tuvo la valentía y arrojo –atributos de la juventud– para ponerlo al servicio del bien; puesto en manos del padre, el sentimentalismo y la subjetividad en el juicio –propiedades igualmente de los jóvenes– le inclinaron hacia el lado oscuro.
El mismo Lucas parecía consciente de esto al proponer el extraño orden de los episodios. Es más frecuente en la historia del cine que el triunfo de un individuo produzca su saga posterior, pero –en espera de la dudosa realización de la tercera serie de tres películas con los descendientes de Luke– se prefirió partir desde la serie intermedia para luego –con el éxito– contar la inicial.
La causa de este orden procedía –según testimonio del propio Lucas– de que los años 80 no estaban preparados para asistir a la caída del héroe en el mal. Me asusta el hecho de que nuestra época sí lo esté. Siguiendo el orden natural (la caída del padre y la redención del hijo), era muy posible que el público no tuviese voluntad para esperar la reconstrucción del bien.
Tipología de personajes
Luke Skywalker era un joven idealista, dispuesto a empeñarlo todo al servicio de su misión. Ciertamente deseaba salir de Tatooine, pero tanto allí como después, se sometió pacientemente a una autoridad que respetaba: primero, la de su tío el granjero, que ahora se nos ofrece con imagen juvenil en El ataque de los clones; después, la de Obi-Wan. Su rebeldía está perfectamente dirigida hacia el Imperio. En cambio, Anakin es un rebelde sin más: discute con Obi-Wan y con Amidala. En La amenaza fantasma ya se encuentra el germen de esa rebeldía cuando su mentor decide formarlo como Jedi contra la opinión del Consejo. La desobediencia y la arrogancia de quien cree saber más que todo el mundo se han instalado en el inicio de su formación y le siguen en todo su proceso hacia el mal.

Luke Skywalker
Quizás radique aquí la singular diferencia entre padre e hijo, y entre los paradigmas que describen. Se nos insiste, en los dos primeros episodios, en las singulares cualidades de Anakin (el que cumplirá la profecía de traer el equilibrio a la fuerza). Pese a todo eso, cae en el mal. En el final de la adolescencia ha superado ya en muchas cosas a su maestro. En cambio, Luke, con educación de granjero, formado a marchas forzadas por Kenobi primero y por Yoda después, es el héroe de una victoria imposible. Siguiendo el paralelismo que apuntábamos, no hemos conocido época en la que los medios educativos nos permitieran augurar un mejor futuro: menos alumnos por aula, más conocimientos pedagógicos, más instrumentos, pero el fruto no está siendo el esperado. Vemos en Anakin algunos de esos caracteres que tanto florecen hoy por las aulas pre-universitarias: una conciencia excesiva de las propias cualidades, la impresión belicosa de ser constantemente menospreciado cuando otros le dicen lo que debe hacer, la ausencia de respeto incondicional hacia los maestros o el desarrollo de una hipersensibilidad que pone en primer lugar los planes particulares.
Obi-Wan, figura clave
Resultan singularmente significativos estos últimos factores: El ataque de los clones está lleno de disputas entre el maestro Obi-Wan y Anakin, al que el primero llama despectivamente mi jovencísimo aprendiz en varias ocasiones. Además, advertimos desde el primer momento la falta de prestigio del maestro Obi-Wan. Para resaltar el crecimiento espectacular del joven, éste ha de salvar a su maestro en alguna ocasión. Anakin entiende la posición de Kenobi más como un coartador alienante de su libertad espontánea que como un conductor hacia la perfección. Pese a sus repetidos errores, Anakin piensa –como muchos de nuestros jóvenes– que no necesita maestros. Ante esta nueva óptica, adquiere luz nueva el enfrentamiento entre Darth Vader y Ben Kenobi en el Episodio IV, que inicia el gigante negro del lado oscuro con estas palabras: "Cuando me separé de ti yo era el aprendiz; ahora soy el maestro". Obi-Wan contesta: "Sólo el maestro en maldad". Esa falta de prestigio se traduce en crítica feroz a Obi-Wan y en rechazo a sus consejos. Esa prepotencia no acepta consejos, porque en ellos se esconde siempre la necesidad de mejorar. Sólo piensa en halagos, como los que le dirige el canciller Palpatine, que pide a gritos salir de su falsa impostura como partidario del bien para presentarse como el futuro Emperador.
En cambio, Luke manifiesta una creciente admiración hacia Obi-Wan, al que respeta y obedece. Esta relación tiene su momento culminante en la inmolación de Kenobi ante Vader para permitir que Luke alcance su pleno poder. Este enfrentamiento es tematizado de forma sórdida en El ataque de los clones con la irónica profecía del joven Obi-Wan ante las constantes desobediencias de su discípulo: "Algún día terminarás matándome". Esa falta de prestigio no sólo es fruto del carácter cambiante y soberbio del muchacho. El propio Obi-Wan lamentará en la serie intermedia que quiso ocupar el papel del maestro Yoda, algo que no le correspondía. Nuevamente la ruptura inicial de las normas, considerada como una obligación para los otros, no para los seres superiores, provoca el inicio de la tragedia.
El talante de Obi-Wan se pone de manifiesto en momentos estelares. Así, en El Imperio contraataca, se produce la dolorosa revelación de la paternidad de Darth Vader. Luke, casi destruido por esta noticia, gime buscando a su difunto maestro para que le consuele ante lo que no esperaba: "Obi-Wan, ¿por qué no me lo dijiste?". Hasta en el momento de la queja, Luke acude a su maestro. Sin embargo, en la escena final de El ataque de los clones, la boda entre Anakin y Amidala, Obi-Wan no está presente. No fue invitado porque con seguridad no la habría aceptado.
La escena, sentimental y hermosa, tiene también un matiz muy singular. Anakin es incapaz de controlar sus sentimientos, ni para el bien ni para el mal. Nuevamente aquí nos encontramos una curiosa comparación: en primer lugar, la acción de los soldados imperiales con la familia de Luke en el Episodio IV le llevó definitivamente hacia el bien; la intervención de los moradores de las arenas contra la madre de Anakin -y la posterior venganza de éste- inician su caída hacia el lado oscuro en el Episodio II. La agresividad –condición de todo héroe– no es el problema, sino su control en el bien.
Amores de Jedis
Algo similar sucede con el amor. Éste aparece como algo irresistible, por más que lleve a la ruina en el caso de Anakin; pero resulta sorprendente recordar que –si Luke hubiese actuado de forma similar– habríamos tenido un romance todavía más insalvable entre hermanos. Es lícito pensar que la misma historia posterior obligó a este comedimiento por parte de Luke, pero –aunque sólo sea por eso– ya se afirma que éste era posible. Parece que el joven de los 80 podía controlar sus sentimientos pero que es imposible pedírselo al joven actual. En realidad, el problema es más agudo. En Anakin se advierten -en paralelo con muchos de nuestros jóvenes- una sensibilidad desatada que funciona por libre; en Luke, ésta es parte de su ser y compatible con su misión. El amor de Luke se dirige hacia Leia, pero también –y no en menor medida– hacia Solo o Obi-Wan. Ese amor universal le permite renunciar después a Leia (sin que advirtamos una ruptura interior) y redimir a su padre, algo que parecía imposible. El instrumento que el Emperador pensaba utilizar para su caída –la debilidad producida por la confianza en su patética banda de amigos– será su fuerza.
El amor de Anakin es posesivo, celoso y hasta cruel. Se impone por encima de todo y se tematiza enfrentado con los ideales superiores. Conversando con Amidala (contra la propaganda de los carteles anunciadores de este episodio), dice que a un Jedi no le está prohibido amar sino singularizar ese amor en un único objeto. Ha recibido un caudal de dones y, como Jedi, ha de convertirse en un modelo de donación, de servicio, de entrega. Esa es la causa del celibato. Así, paradójicamente, aunque éste aparezca para Anakin como una rémora para su felicidad, su trasgresión provocará –por ese moralismo inconsciente que se esconde siempre en las películas– la infelicidad de todos y la ruina de la sociedad.
Los jóvenes según Lucas
Una conclusión final nos aparece: el Lucas de los 80 podía esperarlo todo de los jóvenes; ahora teme mucho de los jóvenes de nuestros días. Si antes su actividad era un camino seguro de mejora, en 2001 se duda mucho de ellos. No estoy nada convencido de que esta conclusión –si es que está realmente presente en la saga– sea verdadera, entre otras cosas porque si los adolescentes no construyen el futuro, no lo hará nadie; pero sí entiendo que el fondo moral de esta película -pensada esencialmente para la diversión- nos indica que el camino hacia lo oscuro procede de dos fuentes: nuestra incapacidad para mostrarnos como verdaderos maestros y el hiperdesarrollo de la sensibilidad como único criterio, arma escondida de sofistas y comerciantes.

Tony Meléndez

sábado, 21 de mayo de 2005 · 0 comentarios


Es un hombre de origen nicaragüense que vive en EEUU. Por culpa de la talydomida nació sin brazos. Es músico y tocó la guitarra y cantó ante el Papa en el año 1987 en Los Angeles.
En Tony Meléndez puedes encontrar una reseña de su vida y descargar un video-reportaje -muy emotivo- y una de sus canciones.
Que lo disfrutes.

Grocery Store Wars

viernes, 20 de mayo de 2005 · 0 comentarios

No todo va a ser serio en esta vida. Lo que sigue es una adaptación de la Guerra de las Galaxias hecha con verduras. Un poco ecologista; pero muy buena: http://www.storewars.org/flash/index.html




PS: Tiene la cosa de que está en inglés; pero se entiende bien, y para los bilingües de la LOGSE...

Qué sería del mundo si...

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Este video de apenas 37 segundos es un regalo de uno de nuestros colaboradores. Vale la pena. Hemos puesto un enlace directo desde el index de nuestra página en red (novedades): www.provida.es/valencia

¿ANTICONCEPTIVOS O ... ABORTIVOS?

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Tal como indican las investigaciones científicas, muchas veces lo que se entiende por anticoncepción son en realidad abortos, pues no es que no se permita la fecundación, sino que lo que se hace es matar el cigoto (ser humano), implantado ya o no en el útero materno.

Este trabajo primero describe los procesos biológicos y después denuncia las
“manipulaciones pseudocientíficas” para engañar sobre el carácter abortivo de los
"anticonceptivos"

Plan del escrito

- Sección I: Anatomía y Fisiología
- Sección II: Anticoncepción
- Sección III: Programa provincial de Salud reproductiva
- Sección IV: Fecundación
- Sección V: Dispositivo intrauterino (DIU)
- Sección VI: Conclusiones
- Sección VII : Bibliografía
- Sección VIII : Diagramas
Todo ello en: http://www.fundacion25demarzo.com.ar/informemedico.pdf

Cómo (des) educan las series españolas de tv

miércoles, 18 de mayo de 2005 · 0 comentarios

¿Cómo educan en nuestra propia casa Los Serrano y las series españolas de televisión?”. Artículo de Jesús Juan Pardo y Javier Hernández en Nuestro Tiempo, marzo de 2005


Ha pasado 2004. Y ya hay datos de los programas más vistos del año. La tradicional lista de “los 25” más seguidos se puede reducir aquí a la de “los 9” más vistos: “Aquí no hay quien viva” (8,3 millones), “Los Serrano” (8,1), “Cuéntame cómo pasó” (5,7), “Ana y los 7” (5,5), “Liga de Campeones” (5,3), “El comisario” (4,9), “Hospital Central” (4,6), “Gran Hermano 6” (4,6) y “7 vidas” (4,4). A nadie escapa el dato: de los nueve, siete son series españolas. Audiencias millonarias para unos productos de calidad. Porque la tienen. La pregunta que hay que responder ahora podría ser: ¿Y qué ideas transmiten a esos millones de telespectadores?”. Aunque sus responsables y sus guionistas hablan de entretener, lo cierto es que forman. Y si todas tienen audiencias millonarias y si todas parece que lo hacen en la misma dirección...

“El vamos a la cama de los Lunnis ya no se lo cree nadie” (Juan Menor, ex director de TVE). “Sólo uno de los 20 programas más vistos por los niños es infantil” (Heraldo de Aragón, basado en datos de un informe de GECA, 1 de diciembre de 2004)...

Cuando se habla de la “telebasura” y de la necesidad de la defensa del menor frente a esta, no todo el mundo entiende lo mismo. Hay una cierta unanimidad en incluir dentro de este concepto a programas como “Salsa rosa”, “Aquí hay tomate”, “Gran Hermano” o “Crónicas Marcianas”.

Sin embargo, series como “Los Serrano” o “Aquí no hay quien viva” tienen un gran éxito entre el público infantil y juvenil y son consideradas productos de calidad (las dos han sido galardonadas con el premio Ondas 2004, la segunda ha obtenido hace unas semanas el TP de Oro, y tanto en 2004 como en 2005 lideran con holgura los índices de audiencia, a pesar de que este año compiten en la noche de los miércoles), a pesar de que los modelos que presentan dejan bastante que desear desde el punto de vista educativo.

La defensa del menor no es solo un problema de horario

El problema de la defensa del menor suele plantearse en clave de horarios de emisión. El pasado mes de diciembre el Gobierno llegó a un acuerdo con TVE, Tele 5, Antena 3 y Canal + para suscribir un código que proteja a los menores de la telebasura. Se trata de un pacto voluntario de autorregulación que fija unos criterios generales y unos horarios de precaución, en los cuales no pueden emitirse determinados espacios.

Al margen de la eficacia que tenga este pacto -el 21 de enero, en elmundo.es se podía leer este título: “Las televisiones mantienen sus programas más polémicos”. Y esta entradilla: “Un mes después de que las cadenas sellasen el Pacto sobre contenidos televisivos e infancia los niños siguen viendo los mismos programas. Según las organizaciones de telespectadores, en las parrillas continúan los espacios más polémicos y los cambios en sus contenidos son prácticamente inapreciables. En su defensa, los operadores afirman que disponen de un periodo de adaptación y que no se trata de cambiar programas sino de adecuar los ya existentes”-, ya puede considerarse un éxito haber puesto de acuerdo a las cadenas para que asuman voluntariamente un código de autorregulación, que siempre es preferible a la intervención directa por parte del Estado.

Sin embargo, con los datos de audiencia en la mano, es fácil darse cuenta de que esta medida, aunque positiva, deja abiertas muchas cuestiones que sólo pueden resolverse con un cambio de los hábitos familiares en el consumo de la televisión. Sin ir más lejos, las 10 de la noche es la hora preferida por los niños para ver la televisión (III Estudio de Audiencias Infantil y Juvenil en España, elaborado por la Asociación para la Investigación en Medios de Comunicación, sobre una muestra de 4.055 entrevistas).

Los últimos datos señalan que más de 800.000 españoles menores de catorce años ven la televisión a partir de las 10 de la noche. En un estudio de GECA de finales del mes de noviembre, se recogía el significativo dato de que entre los veinte programas más vistos por los niños sólo había uno infantil -Zon@ Disney (TVE)- y además en el séptimo puesto.

Ettore Bernabei, ex director general de la RAI y actual productor televisivo, considera que el problema de fondo no se resuelve con medidas cosméticas, como limitar horarios: “Se necesita un cambio en la dirección artística y la producción, para liberar a los programas de entretenimiento del modelo general de un consumo hedonista”.

“Si no sale nada...”

En ocasiones, al preguntar con cierto tono de sorpresa a un adolescente cómo es que ve una determinada serie de televisión (que el adulto considera inconveniente) la respuesta es: “¡Si no sale nada…!”. Esto indica por su parte la percepción de que los contenidos sexuales explícitos no son adecuados para él y, por otro lado, la constatación de que -al menos desde su punto de vista- en dicha serie no los hay. También puede reflejar una cierta deformación por su parte, al considerar que los únicos contenidos inapropiados para él son los de este tipo.

Aunque las escenas de sexo explícito no abundan en las series españolas, se trata de un elemento implícito habitual y que con frecuencia sostiene el peso de la trama. Por otro lado, los productores y guionistas son conscientes de los riesgos de un producto con demasiado sexo explícito: no se consideraría apto para todos los públicos y podrían perder parte de su audiencia.

Manuel Ríos, productor de “Mis adorables vecinos”, explica su punto de vista: “Intentamos que funcione la imaginación del espectador: insinuar, pero no mostrar, porque la serie la ven los niños”. David Sánchez, productor ejecutivo de “Siete vidas”, declaraba en una entrevista: “No ponemos límites, sólo tenemos en cuenta el horario. En lugar de mostrar a los actores con menos ropa, jugamos con sus problemas sexuales. Puede haber desnudos, pero no integrales” (El Semanal TV, 1.10.04, pp. 20-21).

Un recurso narrativo muy frecuente -tanto, que a veces se convierte en el asunto más importante de los episodios de una temporada- es la tensión sexual no resuelta, que consiste en hacer que dos personajes se atraigan irresistiblemente, pero sin que esta atracción culmine o no lo haga hasta el final, fundamentalmente, porque daría fin a una de las subtramas que consiguen una mayor fidelización.

En “Los Serrano” hay un claro ejemplo en la relación entre Marcos Serrano y Eva, su hermanastra, que da lugar a la trama horizontal con más fuerza desde el comienzo de la serie. Se quieren, la cosa va avanzando y cuando parece que, por fin, va a culminar, retroceso y vuelta a empezar.

Y lo mismo ha sucedido -quién no recuerda las historias de “Periodistas”, por ejemplo- y ocurre con todas las demás. Incluso en las que, en principio, el “tema” parece que es otro. ¿Cuál fue uno de los principales argumentos en 2004 de “Cuéntame cómo pasó”? La relación de Antonio, el padre, con una atractiva asesora. ¿Y cuál es el gran asunto esta temporad? La “relación” del sacerdote -“progresista”, claro está- con la hija hippy. A este asunto se le puede añadir otro: el hijo acabará saliendo con... (con su novia -fotógrafa del diario- o con su ex -a punto de casarse, pero con la que mantiene una relación...-). Incluso una tercera: la prima llegada del “pueblo”, ¿accederá a tener relaciones sexuales con su novio?

Y es que, aunque se procura evitar las escenas demasiado explícitas, son muy frecuentes las situaciones sensuales, los comentarios y bromas de doble sentido, el presentar como algo completamente “normal” las relaciones precoces entre adolescentes, las relaciones homosexuales, las infidelidades matrimoniales, etc.

Cuando uno lee en El SemanalTV el primer párrafo de “El amor está en el aire” -que habla sobre “Un paso adelante”-, cualquier lector se puede situar perfectamente en lo apuntado: “Como Pedro ha dejado tan vacía de emociones la Academia de Carmen Arranz, alumnos y profesores se han puesto manos a la obra para hacer crecer los romances...”.

Pero hay mucho más. En “Ana y los siete”, serie de gran éxito entre el público infantil, la protagonista es una bailarina de striptease; al comienzo de esta temporada estaba embarazada y se desconocía quién era el padre.

Y en uno de los capítulos de “Aquí no hay quien viva”, varios adolescentes se burlan de Emilio porque hace más de un mes que tiene novia -la cartera- y todavía no se ha acostado con ella. Eso sí, lo ha hecho varias veces con una vecina. De nuevo, el espectador ante la gran pregunta: ¿con quién acabará el portero?

Más datos relevantes: los gays y las lesbianas aparecen insistentemente representados en las series, y lo hacen siempre de modo políticamente correcto (Diana, en “Siete vidas”; Mauri, en “Aquí no hay quien viva”; Macarena y la enfermera -antes no lo eran-, en “Hospital Central”, etc.). Suelen ser personajes amables, muy humanos, dotados de una gran sensibilidad. Se subraya la “normalidad” de relaciones homosexuales y a todo aquel que no le parecen bien se le tacha de homófobo. Parece imposible sostener una opinión contraria sin convertirse en un salvaje intolerante que pretende imponer sus creencias a los demás y violentar su libertad.

A finales del curso pasado un profesor de Primaria mostraba su perplejidad por el hecho de que varios alumnos de 8 y 9 años le habían preguntado si uno podía casarse con su hermana. Lo saqué de su desconcierto explicándole que probablemente esos chicos serían asiduos a “Los Serrano”. La familia protagonista de la serie está formada por un viudo y una divorciada; él tiene tres hijos de su primer matrimonio y ella dos hijas. Los dos mayores (Marcos y Eva) se enamoran entre sí. Le animé a explicar a sus alumnos la diferencia entre hermana y hermanastra, aunque me quedé con la duda de si eso resolvería su verdadero problema.

El fin de las series de televisión es el entretenimiento. No cuentan teorías, sino historias. Precisamente por esto, su influencia entre el público infantil y juvenil es mucho mayor. Cualquiera que haya tenido una cierta experiencia educativa habrá comprobado que los alumnos retienen con facilidad las anécdotas y los ejemplos, mientras que son más impermeables a los conceptos abstractos.

Eso sucede con las series: dejan de lado las abstracciones y se centran en las anécdotas. Por eso los niños y los adolescentes absorben con gran facilidad los modelos que presentan estas series.

El modo de argumentar es enormemente sentimental. Siguiendo con el ejemplo de Marcos y Eva, cuando ellos explican a su padre que están enamorados, Marcos insiste en que “no se pueden poner diques al mar”; Eva dice que se quieren y que no pretenden engañar a nadie. La sinceridad con los propios sentimientos se convierte en la guía moral, y si uno se siente feliz, todo vale. En capítulos anteriores y posteriores, han tenido otros novios y novias, romances, líos, etc. Si se convierte el sentimiento en la norma moral, no hay compromisos estables. Si mañana siento distinto, las reglas del juego habrán cambiado totalmente y lo que es válido para hoy, mañana puede no serlo.

El sentimentalismo es un recurso narrativo fácil, pero muy eficaz y con un gancho extraordinario, especialmente entre la gente joven. Facilita la fidelidad de las audiencias y en todas las series se emplea reiteradamente.

Por otro lado, la cultura del esfuerzo, del sacrificio y del trabajo brilla por su ausencia. Los protagonistas más jóvenes son malos estudiantes en la mayor parte de los casos. En cambio, se anima a dejarse llevar por el sentimiento como el camino para alcanzar la felicidad. Es muy difícil -por no decir imposible- que se llegue a una comprensión madura del amor si se deja de lado todo lo que tiene que ver con el sacrificio.

Los modelos que presentan las series

“7 vidas” cerró la temporada a finales de diciembre y es la serie más longeva de la historia de la televisión española (más de 170 capítulos emitidos). En ella se narran las peripecias de siete personajes que conforman un abanico de estereotipos exagerados. El personaje del frutero podría calificarse de “desecho de virtudes”: machista, racista, frecuenta prostíbulos, se ha cargado su matrimonio y como no tiene donde ir, termina viviendo con Gonzalo, un amigo ingenuo al que su mujer acaba de abandonar por otro hombre. Sole es una roja convencida y militante anti PP. Sergio es un pijo a la última moda, que vuelve locas a las chicas y está en un tira y afloja continuo con su novia. Vero, la novia de Sergio, es una moderna, superficial y celosa. Diana es lesbiana e ingenua, y Aida -ahora con serie propia, también en Tele5 y también en prime time- una ex alcohólica obsesionada con encontrar al hombre de su vida.

En “Aquí no hay quien viva”, la serie que ha encabezado las audiencias en el último trimestre de 2004, Emilio (un Fernando Tejero al que el público ha premiado con el TP de Oro al mejor actor y que se ha convertido, según un reciente estudio de GECA, en “el personaje favorito de la televisión”, seguido por Imanol Arias, Amparo Baró -TP de Oro a la mejor actriz-, Antonio Resines y Emilio Aragón) -el portero del inmueble- se enamora de Belén (Malena Alterio) y se va a vivir con ella al 3ºB; Alicia vivía con Belén, pero al instalarse allí Emilio, no lo soporta y se traslada al 3ºA, donde Roberto y Lucía acaban de romper (y él se ha mudado al ático). En el 1ºB está Mauri, el homosexual de la serie, enamorado de Diego, hermano de Lucía, y recién casado con una chica lesbiana -con la que ha tenido un hijo por inseminación artificial-, lo cual no parece un obstáculo para su relación con Mauri. Las historias que se narran son de lo más truculento, pero los guionistas conocen su trabajo y saben hilvanar muy bien las tramas para provocar, sobre todo, la constante risa del espectador.

El tono de comedia disparatada que se ríe de todo muestra una realidad distorsionada, suavizando conductas y situaciones que no es que se puedan considerar precisamente modélicas para los jóvenes. Casi siempre rozan el umbral de lo chabacano -en ocasiones lo sobrepasan-, pero tienen su gracia.

Algunos adultos restan la importancia negativa que estos contenidos puedan tener para sus hijos argumentando precisamente que “es muy divertida, y lo otro, tampoco es para tanto: ya se ve que van de broma”.

Cuando se hacen referencias a la religión católica, lo habitual es que sean para ridiculizarla. En uno de los capítulos de “Los Serrano” de la temporada pasada, aparece un sacerdote tonto y borracho. Se presenta la función de monaguillo como algo ridículo; Guille sustituye el cáliz por un trofeo de fútbol, y el vino por cava; el pan ácimo lo cambian por un tipo de papel, que los tontos católicos mascan y tragan como pueden. Guille y su amigo se cuelan en el confesionario y escuchan a su abuela relatar un sueño erótico con un familiar.

Si este asunto se hubiera referido al Islam probablemente se habría organizado un lío considerable -y además con toda justicia-, pero parece que al tratarse del Catolicismo el rasero es diferente. En esta misma serie uno de los personajes habituales (Lourdes) es profesora de Religión en un instituto. Podríamos describirla con dos adjetivos: ñoña y rancia. Mientras sus alumnos y los telespectadores se ríen de ella, en la opinión pública se debate el futuro de la asignatura de Religión en los colegios...

Lo pretendan o no, las series de ficción tiene una influencia extraordinaria. Por un lado, reflejan la sociedad -aunque en ocasiones sea un reflejo distorsionado-, y al mismo tiempo son un elemento de configuración social de gran influencia.

En los estudios de la opinión pública se ha constatado desde hace bastantes años que para ganar unas elecciones lo más eficaz es controlar los informativos, mientras que para cambiar los modelos sociales tiene más influencia la ficción, especialmente en el cine y la televisión.

Pequeños adultos precoces

Volviendo al terreno educativo, un fenómeno reciente que preocupa es el adelanto de la adolescencia, especialmente en las niñas. Es un problema de ellas y ellos, pero las niñas empiezan antes y se les nota más. Tienen prisa por crecer. Con diez años la niñez se les ha quedado pequeña. Visten minifalda o pantalones bajos y tops hiperajustados, esforzándose por marcar un tipín del que todavía carecen. Les gusta ir fashion; aunque aún están lejos de cumplir los 14 son ya una fotocopia reducida de las adolescentes “genuinas”. Su juguete preferido ya es el móvil repleto de tonos bajados de internet, le “pegan” duro al SMS, están preocupadas por llevar el peinado a la última y ya van preocupándose por hacerse con un piercing.

Una historia recogida en el suplemento semanal del diario El País puede servir para ilustrarlo mejor. “El lunes siguiente al sábado de su primera comunión, Natalia le dijo a su madre que se iba a jugar, caminó 12 manzanas hasta el centro de belleza Kyon y pidió cita para hacerse un corte moderno. Llevaba meses planeándolo, y sólo había esperado por dos razones: conservar su melena para las ondas del peinado de comunión y recaudar ese día dinero para pagarse una peluquería de lujo. Cuando Luisa, de 36 años, se enteró de la jugarreta, se quedó tan perpleja -y admirada- por el desparpajo de su hija, que no tuvo cuerpo de negarle el capricho. (...) Natalia tiene nueve años y es más lista que el hambre, aunque sus notas de cuarto de primaria no lo atestigüen. Para ella es cuestión de prioridades. El cole está bien para pasar el rato, pero yo quiero disfrutar de la vida. Según sus cálculos, le quedan cinco años. A los 14 ya puedes entrar en la XL -una discoteca light de moda-, aunque si vas arreglada y pareces mayor te dejan entrar antes”.

La niña en cuestión no es un caso único. Cada vez hay más “Natalias”. Aunque probablemente no será la única causa, la influencia de las series de televisión en este asunto parece indudable. Los niños ven la televisión de dos a cuatro horas diarias -algo menos que los adultos-, y quieren hacer lo que ven. Hace unos años crecían viendo a sus padres y a sus hermanos. Ahora los modelos de vida son los que les presentan la publicidad y la televisión. En “Los Serrano”, “Aquí no hay quien viva”, “Un paso adelante” o “7 vidas” los chicos un poco mayores que ellos salen, gastan y ligan. La visión del estudio y del trabajo no suele ser demasiado positiva.

Además, los actores que encarnan en las series a personajes de 16 años, en la vida real pasan de los 25 (por ejemplo Fran Perea, que representa a Marcos Serrano, o Verónica Sánchez, en su papel de Eva). Tanto en las series como en la sociedad se produce una adultización de los niños y adolescentes y una infantilización de los adultos.

Un cambio de hábitos

Ante este panorama se puede sentir una cierta desazón por parte de los padres y educadores. La solución es compleja y articulada. Probablemente, la propuesta más eficaz sea cambiar el modo de ver la televisión en los hogares. Podría resumirse en “no poner la televisión para ver qué hay, sino para ver algo concreto que resulte interesante”. Se trata de una cuestión ardua y al mismo tiempo asequible, porque no requiere el cambio de toda la sociedad, ni de los medios de comunicación, ni de las productoras, sino que se centra en el ámbito familiar. La tentación de utilizar la televisión como “canguro” es cómoda, pero ésta puede moldear a los hijos en una dirección totalmente contraria a la deseada por los padres.

Después de un duro día de trabajo, muchos encuentran relajante ver la televisión porque, a diferencia de leer un libro, no exige por nuestra parte más que una presencia pasiva. Esta pasividad sin esfuerzo es lo que hace tan atractiva la televisión a los jóvenes. Cuando son pequeños, es conveniente educarlos para que no echen tanto en falta la televisión. Se puede establecer la costumbre de no ver la tele entre semana para leer, pintar o cualquier otra cosa en su lugar. Como toda dependencia, la de la tele se debe prevenir a edades tempranas y con el ejemplo del esfuerzo personal. En el recuadro “Algunas sugerencias para educar en el uso de la TV” se recogen algunas ideas en esta línea.

Al mismo tiempo, sería deseable seguir avanzando en la línea del acuerdo de autorregulación para proteger al menor de la telebasura, anteriormente señalado, y evitar que éste se convierta en un mero cosmético (por ejemplo, Tele 5 no ha renunciado a emitir resúmenes de “Gran Hermano” en horario protegido, y para justificarse ha dicho que serán versiones light del programa). En España hay cientos de productoras, pero al final todas tienen que pasan por el filtro de la distribución que son las grandes cadenas. En su mano está elegir el tipo de contenidos que emiten. Es falso que la calidad esté reñida con la audiencia: los buenos programas suelen tener buenas audiencias (otro asunto es que también haya muchos programas-basura que también las tengan). Tenemos un ejemplo reciente en Italia, donde “Gran Hermano” (Tele 5) tenía una audiencia de nueve millones. El canal 1 de la RAI emitió a la misma hora una serie sobre Don Bosco, un santo italiano que ayudó a los jóvenes con problemas a principios del siglo XX, y la audiencia de “Gran Hermano” bajó a 6,8 millones, mientras que Don Bosco tuvo un audiencia de ocho millones. Cuando hay programas de mejor calidad la gente suele elegirlos.

Las cadenas intentan desentenderse de esta responsabilidad trasladándola a la audiencia: sostienen que emiten lo que la gente quiere ver, porque cuando la audiencia baja, retiran el programa. Los padres pueden aprovechar los cauces que proporciona la democracia para opinar, protestar y hacer valer sus criterios. Se pueden detener o modificar determinados programas mediante el rechazo social.

Las productoras -y dentro de ellas los guionistas- tienen también un papel y una responsabilidad importantísima, ya que en última instancia constituyen el primer eslabón en la cadena de la oferta.

Pero al final se constata una vez más que en la educación -como en todo arte- no hay recetas mágicas. Los padres son los primeros responsables, sin que esto exima de su responsabilidad al Estado o a los medios de comunicación, y tienen que enseñar a los hijos a poner la televisión en su sitio, para evitar que la televisión se ponga en el suyo y sea ella la que termine educando.
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A. El sexo en las series y los adolescentes

por Jokin de Irala, profesor de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra

En un estudio reciente publicado por la revista médica Pediatrics (Collins RL y cols., Pediatrics 2004;114:280) se afirma que el contenido de temas sexuales en programas televisivos es responsable del inicio precoz de relaciones sexuales en adolescentes.

Lo interesante de este trabajo es que no se refiere únicamente a la presentación explícita de actos sexuales sino también a situaciones o conversaciones que tratan con ligereza la sexualidad propia, o ajena, o a descripciones de planes para tener relaciones sexuales. Un ejemplo de este tipo de contenidos es la escena de “Los Serrano”, donde un padre felicita alegremente a su hijo adolescente después de haber conseguido, “por fin”, su primera experiencia sexual.

Se ha comprobado que el 64% de los programas contenía este tipo de conversaciones o situaciones sexuales no explícitas; una media de 4,4 situaciones por hora de programación. Estos contenidos dan a los jóvenes la impresión de que la sexualidad es más central en su vida que lo que debiera ser en realidad. Por otra parte, altera su opinión sobre las posibles consecuencias de tener una relación sexual porque no dan la debida importancia a la conveniencia de retrasar sus relaciones sexuales. Las series no suelen relacionar la sexualidad temprana con consecuencias negativas frecuentes como la decepción afectiva ante una experiencia precoz que no progresa hacia una relación estable o por alguien que no está preparado psicológicamente para asumir sus consecuencias. Tampoco hacen hincapié sobre los embarazos en adolescentes, las consecuencias del aborto, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) e incluso sobre los fallos de los preservativos.

Los autores del trabajo llaman la atención sobre la irrealidad de lo proyectado por muchas series. En el estudio de Pediatrics se afirma que, si bien uno de cada cuatro adolescentes sexualmente activos acaba teniendo una ETS, el 85% de las series no habla de los esos problemas y, cuando lo hacen, no lo tratan con suficiente insistencia o intensidad. Desde el punto de vista de la Salud Pública, la sexualidad en la adolescencia se debería desaconsejar porque el inicio precoz de relaciones sexuales se asocia invariablemente con un mayor número total de parejas sexuales y, en consecuencia, con una mayor probabilidad de ETS y de embarazos.
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B. Amarillismo televisivo en horario infantil

En horario infantil se emiten algunos programas tan chabacanos, que resulta difícil elegir un color para calificarlos: cambian vertiginosamente del rosa al verde, del verde al amarillo y del amarillo al marrón. Ninguna de las cadenas nacionales queda al margen. En una emisión del programa “Gente” (TVE, 20.00 h) se relata el caso de una juez que entrega a los hijos a un hombre acusado de malos tratos. La mujer maltratada participa en el programa: “Tengo marcas de cuchillo, un tímpano perforado y me decía que me iba a matar como a una perra”. En “El diario de Patricia” (Antena 3, 19.00 h) aparece llorando un hombre: “Quiero recuperar a mi ex mujer aunque esté con otro”. Ella aparece en la pantalla riéndose de sus súplicas. En “A tu lado” (Tele 5, 17.30 h) se discute sobre una supuesta amante de Francisco Rivera diciendo que “es una guarra de las que se van a la cama por dinero”.

Por desgracia, estos ejemplos no son casos aislados, sino botones de muestra de los contenidos habituales en este tipo de programas emitidos en horario de protección del menor. Son precisamente este tipo de programas los que han provocado una reacción por parte del Defensor del Menor para garantizar “unos mínimos” en el horario protegido.
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C. Algunas sugerencias para educar en el uso de la TV

A continuación se recogen algunas sugerencias que pueden ayudar a los padres a educar en el uso de la televisión, que es, tan sólo, un aspecto más de la educación de los hijos. No se pretende que sean recetas o fórmulas mágicas Hay que tener presente que, a veces, educar es enseñar a ir contracorriente. Entre otras sugerencias, cabe enumerar:

1. Establecer una programación de TV familiar.

-Acostumbrar a los hijos a que la TV no se enciende “para ver qué echan”, sino para ver programas concretos.

-Para informarse de la programación puede ser útil acudir a publicaciones con buen criterio (Pantalla 90, Aceprensa, Mundo Cristiano, Arvo, boletines de Asociaciones de Telespectadores, etc.).

-En algunas familias ha resultado útil “pactar” con los hijos el número de horas a la semana que dedicarán a ver la TV (incluyendo en el mismo pacto películas en vídeo, vídeojuegos, etc.). El número adecuado de horas dependerá de la edad de los hijos y del propio criterio de los padres. (Por ejemplo, diez horas semanales puede parecer bastante, pero al final esto se reduce a dos películas, un partido de fútbol y un capítulo de una serie). Cuando se empieza este sistema, es frecuente que los padres se den cuenta de que en su casa se veían más horas semanales de TV de las que se imaginaban.

-Además de “pactar” el número de horas semanales de TV, es bueno fijar con los hijos los programas que quieren ver, y estar pendientes de la elección que hacen de los mismos.

2. Tener el aparato de TV sólo en la sala de estar y, en la medida de lo posible, enseñar a los hijos a no ver solos la TV.

3. Ver la TV con los hijos.

Dependiendo de la edad y de la madurez de los hijos, en alguna ocasión puede ser aconsejable ver con ellos algún programa en el que estén interesados y que a los padres no les parezca apropiado, para comentarlo y explicarles los motivos. Sin embargo, es preferible no ver estos programas con regularidad, aunque sea en compañía de los padres, por su gran capacidad “de enganche”.

4. Utilizar con frecuencia el vídeo para grabar los programas.

Algunos programas -por ejemplo, emisiones deportivas- pueden perder interés si no se ven en directo, pero en el caso de las películas, series, documentales o programas de entretenimiento apenas altera su interés verlos en otro momento. Si se graban en vídeo, esto facilita mucho la elección: se evitan los anuncios, se pueden pasar con facilidad las escenas inconvenientes, se elige el horario, etc. Requiere un poco de previsión, pero al final se ahorra mucho tiempo y uno elige realmente lo que quiere ver.

En el vientre materno

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En esta página puedes ver el vídeo COMPLETO "En el vientre materno", publicado por National Geographic. Excelente desde el punto de vista técnico, por suenfoque y comentarios y muy impresionante: un interesantísimo vídeo de 11partes y duración total de una hora sobre el comienzo de la vida humana y elproceso que sigue el feto hasta su nacimiento. Hay programas que permiten capturar esas imágenes. Si no sabes hacerlo, además de disfrutar viéndolo con tu familia y amistades, puede servirte para recomendarlo a quien alguna vez tenga duda sobre la condición personal del embrión.

http://mujer.terra.es/muj/padres/embarazo/vientrematerno/

Confusión matrimonial

lunes, 16 de mayo de 2005 · 0 comentarios


Razones bien razonadas las que da uno de mis autores favoritos en una de mis webs favoritas. Sencillo, claro y directo. Pincha, lee y razona: Confusión matrimonial

Santo subito!

sábado, 14 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Os gustará (mejor con sonido)

http://66.49.246.193/pellerinfh/PopeJohnPaulII_files/PopeJohnPaulII.html

'La Venganza de los Sith'

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Los críticos se rinden ante el oscuro y trágico final de 'Star Wars'. Inigualable en la acción y la magia visual, impactante en ritmo y batallas, triste y emotiva en su desenlace... Es lo que los aficionados estaban esperando, dice la crítica.
Por Pablo J. Ginés en www.forumlibertas.com

El jueves se estrena en España La Venganza de los Sith, el Episodio III de La Guerra de las Galaxias, y ya la prensa hierve en anticipación. Antena 3 TV ha emitido el Episodio I y va a emitir Episodio II, mientras mantiene una serie de televisión de dibujos de Star Wars. Los diarios gratuitos ofrecen páginas llenas de fotos. Las revistas de cine son casi monográficas. Es la culminación de la saga, y las críticas que llegan desde EEUU y las de los periodistas españoles que la han visto (esta semana hubo un pase para prensa en Madrid) son muy favorables.

Casi todos coinciden: es una película oscura, es trágica, quizá demasiado violenta para niños, es tremendamente buena en la acción, combates, ritmo y batallas y es lo que los aficionados estaban esperando. También coinciden en que los diálogos son el punto débil de Lucas y que el buen hacer de los actores no lo compensa, pero la gente no va a ver una película de diálogos.





La revista americana VARIETY ha dicho que la película "está llena de acción, drama y espectáculo" y sin censurarse afirma que "no importa lo que uno piense de las dos entregas anteriores, esta película dinámica plancha la mayoría de los problemas y emerge como la mejor en toda la serie desde El Imperio Contraataca".

THE HOLLYWOOD REPORTER habla de "un conmovedor fnal para la saga de Star Wars" y añade que La Venganza de los Sith "finaliza la serie de seis películas en una nota tan culminante que uno siente las ganas de gritar, ¡rebobinen!"

COMMINGSOON.COM dice que se mantienen los problemas de la nueva trilogía (los diálogos malos y las actuaciones frías) pero que ninguna otra película de la serie ha tenido tanta acción, en tierra, aire, espacio... y que sabe conectar muy bien con la trilogía original.





Otros críticos dicen que los actores han mejorado respecto a las películas anteriores: Natalie Portman (que va peinada al estilo "princesa Leia", un enlace hacia el Episodio IV) ya se siente bien en su papel de reina Amidala, y el canadiense NATIONAL POST alaba a su compatriota Hayden Christensen, muy metido en su papel de un Anakin Skywalker que va corrompiéndose ineludiblemente hasta convertirse en el oscuro Darth Vader. Pese a la mejoría, el romance entre ambos personajes no convence a los críticos.

No se trata de responder interrogantes

La peli no quiere responder preguntas porque todos saben las respuestas. El espectador medio va a la película sabiéndolo todo: que Anakin será seducido por el Lado Oscuro de la Fuerza, que Palpatine es el Emperador, que los Jedi serán exterminados, que Leia y Anakin tendrán gemelos... todo avanza inexorablemente a la tragedia, y precisamente porque es inexorable y porque los personajes ven lo que suceden sin poder evitarlo el sentimiento trágico se impone.

Como en las dos entregas anteriores, la película empieza con 20 minutos de magnífica accción, siempre combinada prudentemente con puntos de humor a cargo del robot R2D2. Luego hay un cierto estancamiento de unos 40 minutos, que refleja la lucha interior de Anakin. Él está casado en secreto con Amidala, contra el uso prescrito entre los Jedi, que cada vez confían menos en él. El canciller Palpatine le pide que espíe a los Jedi, los Jedi le piden que espíe a Palpatine. Tiene un sueño premonitorio acerca de Amidala y los bebés en camino, la visión de su amada muriendo en el parto. Aquí es cuando se le ofrece acudir al Lado Oscuro de la Fuerza... que es precisamente lo que le separará de sus seres amados.

La segunda mitad de la película tiene al espectador atado al sillón entre combates de espada láser y batallas espaciales, en un torrente de acción magistral. Hay un magnífico trabajo de edición y montaje reconocido por todos los críticos, especialmente al combinar los duelos paralelos: Anakin contra su viejo maestro Obi Wan Kenobi, Yoda contra el canciller Palpatine, que es en realidad un oscuro señor del Sith. "Desde un punto de vista puramente visual, ninguna película hasta el momento puede igualar La Venganza de los Sith", dice el crítico James Berardinelli en MOVIE-REVIEWS.

Toda la película lleva a revisitar con ojos nuevos la original, el Episodio IV que vimos en los cines en 1977. Los cazas monoplaza se parecen mucho a los famosos TIE-Fighters y X-Wings de la serie clásica. Los cruceros grandes se parecen a los futuros Destructores Estelares. Las tropas clónicas son más parecidas a los Stormtroopers imperiales. Aparecen personajes de la serie clásica, como el comandante Tarkin o el peludo wookie Chewbacca. Junto a esto, la primera aparición en La Venganza de los Sith de la máscara y el traje negro es un momento de profunda tristeza: para el espectador no es un reencuentro con Darth Vader, sino la muerte definitiva del jedi Anakin, y su redención deseada no llegará hasta el Episodio VI. Es una historia trágica, triste y oscura, no podía ser de otra forma, y el espectador lo disfrutará así.




Toda la película lleva a revisitar con ojos nuevos la original, el Episodio IV que vimos en los cines en 1977. Los cazas monoplaza se parecen mucho a los famosos TIE-Fighters y X-Wings de la serie clásica. Los cruceros grandes se parecen a los futuros Destructores Estelares. Las tropas clónicas son más parecidas a los Stormtroopers imperiales. Aparecen personajes de la serie clásica, como el comandante Tarkin o el peludo wookie Chewbacca. Junto a esto, la primera aparición en La Venganza de los Sith de la máscara y el traje negro es un momento de profunda tristeza: para el espectador no es un reencuentro con Darth Vader, sino la muerte definitiva del jedi Anakin, y su redención deseada no llegará hasta el Episodio VI. Es una historia trágica, triste y oscura, no podía ser de otra forma, y el espectador lo disfrutará así.

Chávez cubaniza Venezuela

jueves, 12 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Lo que sigue me llega desde Venezuela; muchos están buscando la forma de salir del país antes de que sea demasiado tarde. Mientras tanto, nuestro gobierno dedica atención preferente a Castro y a Chávez.



SITUACIÓN EN VENEZUELA

Han botado a 22 mil empleados de PDVSA de un solo plumazo, nadie creía que realmente harían una 'lista' con la gente que firmo. En Higüerote a los que compran en Mercal lo están haciendo ya con cartillas de racionamiento. Están reemplazando a médicos Venezolanos por médicos cubanos.
Están obligando a los colegios a enseñar la historia torcida, como no es.
Están infiltrando a cubanos y a libaneses en las estructuras militares y han dejado que Vargas muriera de indolencia después de la tragedia. Muchos militares Venezolanos quedaron para vender pollos y yuca.
Nadie creía que realmente dejarían que salvajes-domesticados invadan propiedades privadas y se adueñen como amos y señores ni que aprobarían la ley del ejercicio profesional (no sé si es cierto, pero me dicen que si, que finalmente ya se aprobó)
Se ha aprobado la Ley del Tribunal Supremo y se esta discutiendo la nueva ley de propiedades en el congreso.

Se comenta que van a intentar:

El Comunismo anda suelto

miércoles, 11 de mayo de 2005 · 0 comentarios

Hemos anatemizado el nazismo, y está bien; pero lo mismo hay que hacer con el comunismo, tan terrorífico como el anterior, más, pues sigue sojuzgando pueblos y mentes.

El Financial Times (LONDRES, 9 de Mayo de 2005) publica una "carta abierta", firmada por personalidades como la ex disidente Elena Bonner o el artesano de la independencia de Lituania, Vytautas Landsbergis, y que denuncia la "parodia" de la celebración en Moscú de la victoria de 1945.
"A la vez el lugar donde se realizarán las ceremonias (Moscú) y la elección del país anfitrión son completamente inadecuadas, considerando los principios fundamentales en nombre de los cuales se ganó la victoria histórica de la Segunda Guerra mundial", afirman los 71 firmantes.
"Es una paradoja que uno de los regímenes menos democráticos y más represivos de Europa acoja una cita de dirigentes de países libres para celebrar la liberación del continente", indica el texto, publicado por Project on Transitional Democracy, una organización con base en Estados Unidos que busca "acelerar las reformas" en los países del Este y ex soviéticos y "favorecer su integración en las instituciones euroatlánticas".
Publicada por el Financial Times bajo la rúbrica "Publicidad", la carta es firmada en particular por Elena Bonner, una de las célebres disidentes de la época soviética, junto con su fallecido esposo, Andrei Sajarov, Premio Nobel de la Paz.

Como complemento, sugiero la lectura del artículo La primera víctima de la guerra, de Juan Manuel DE PRADA (ABC, 9 de mayo de 2005) y la consulta del imprescindible El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión, de Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin (Planeta-Espasa, 1998).

DECÍA Winston Churchill que la primera víctima de la guerra era la verdad;... lo decía, además, con conocimiento de causa, pues hubo de recurrir con frecuencia a la mentira para proteger la unidad de las potencias aliadas y, sobre todo, para ocultar los crímenes genocidas del régimen soviético. Sesenta años después de la rendición nazi, la verdad sigue siendo pisoteada en alocuciones como la que acaba de proferir el presidente Putin. «Nuestro pueblo -ha afirmado sin rebozo- no sólo defendió a su patria, sino que también liberó a otros once países europeos». La frase no sólo denota una complacencia en la mentira; también presupone una consideración benéfica del comunismo como fuerza liberadora que uno ya creía periclitada a estas alturas. Mucho más ajustado a la verdad, Bush acaba de recordar en Riga que «los acuerdos de Yalta constituyeron uno de los grandes errores de la historia». Nadie puede negar que el concurso soviético fue definitivo para derrotar a Hitler; pero, ante la orgía de celebraciones que conmemoran aquella derrota, deberíamos preguntarnos: «¿Qué victoria se celebra?». Pues si se celebra la victoria de la democracia sobre los totalitarismos, el escenario elegido -la Plaza Roja de Moscú- no nos parece el más idóneo; si se celebra la victoria sobre el régimen nazi, ¿debemos incluir en los fastos la «liberación» de esos países que quedaron en la órbita soviética?

Convendría que se recordara que el régimen soviético mantuvo, durante los primeros años de la contienda, una connivencia sórdida con el nazismo. No se limitó, como los Estados Unidos, a ser un espectador más o menos melindroso de la conquista fulgurante del continente europeo. Stalin pactó con Hitler el reparto de Polonia y alojó en sus campos de concentración a cuarenta mil oficiales y suboficiales del ejército polaco, a los que despacharía con el muy sumario procedimiento comunista del tiro en la nuca (el mismo, por cierto, empleado en Paracuellos del Jarama). Sólo cuando Hitler, en plena borrachera de triunfos, decide invadir la Unión Soviética, Stalin se suma a los aliados. Lo hace, por supuesto, con el característico desprecio por el género humano que impulsaba su ideología (recordemos su célebre frase: «Un muerto es una tragedia, un millón de muertos pura estadística»). Sin ese desprecio olímpico por las víctimas (que incluía a sus compatriotas, o mejor dicho esclavos) no puede entenderse cabalmente la abultada mortandad soviética durante la Segunda Guerra Mundial: Stalin mandaba batallones de soldados prácticamente desarmados a combatir al invasor, para que actuasen como parapeto ante su avance; y, no contento con ello, disponía en retaguardia batallones de exterminio perfectamente equipados, con la encomienda de que liquidasen a los supervivientes derrotados, a quienes consideraba cobardes e indignos. Varios millones de soldados rusos murieron de esta guisa, a manos de sus conmilitones. Naturalmente, el ejército soviético, que soportaba además del encarnizado combate con el enemigo las represalias crudelísimas de su propio mando, acabaría convirtiéndose en una horda de alimañas sin honor que descargaba su furia masacrando a la población civil inerme o violando a más de dos millones de mujeres alemanas. En la Conferencia de Yalta, los aliados no sólo se avinieron a silenciar estas atrocidades; acoquinados ante el formidable despliegue de fuerza soviético, decidieron entregarle al padrecito Stalin media Europa, para que siguiera ejercitando su olímpico desprecio hacia el género humano, sólo comparable al de Hitler.

Ojalá las conmemoraciones que ahora se celebran sirvieran también para desenterrar el cadáver de la verdad, primera víctima de todas las guerras.


Libros en torno a un tema
El terror comunista
Lo que realmente ocurría en los países comunistas fue durante decenios casi un secreto oculto tras el telón de acero. Algunas noticias llegaron a Occidente, por ejemplo con la publicación de Un día en la vida de Iván Denísovich, de Alexander Solzhenitsin, en 1962, aprovechando una primera y tímida perestroika en la época de Jrushchov, pronto frustrada con la llegada de Brezhnev al poder en 1964.
Más tarde apareció Archipiélago Gulag (1973), que ahora se reedita (1). Este nuevo testimonio de Solzhenitsin sobre el terror comunista en la URSS se convirtió en todo un símbolo, a pesar de los esfuerzos de una parte de la intelectualidad europea de izquierdas por desacreditar al premio Nobel de Literatura de 1970. Pero su alegato fue implacable y sacó a la luz lo que se presumía pero casi nadie decía: la existencia y la crueldad de los campos de prisioneros soviéticos, en los que el autor pasó ocho años, y donde pudo comprobar la estrategia del horror y la pedagogía de la humillación y de la despersonalización que caracterizaron al Gulag.
En esta misma línea y avanzando todavía más en la exploración de las atrocidades que puede cometer –y sufrir– un ser humano, se desarrolla la existencia y la obra de Varlam Shalámov, antiguo trotskista, víctima de las purgas de los años treinta. Shalámov conoció, entre otros lugares, Kolymá, una perdida aldea en el extremo oriental de Siberia, donde pasó diecisiete años, para encontrarse a su regreso a casa, en 1954, con que su mujer y su hija le despreciaban por considerarlo enemigo del régimen. Solo y enfermo, quiso dejar testimonio escrito de todo lo vivido en unas narraciones terribles, angustiosas, pero a la vez sobrias, realistas... y hermosas, si no fuera por la desesperanza que las empapa y que hace de Relatos de Kolymá una obra todavía más dura que Archipiélago Gulag, si bien mucho menos conocida. Traducida al francés hace casi veinte años, se ha publicado ahora en español (2).
En uno de estos breves relatos, el autor se expresa así: "Murió Derfel. Un comunista francés... Además del hambre y del frío, Derfel sufría moralmente: no se quería creer que él, un miembro de la Komintern, había ido a parar aquí, a un penal soviético. Y su horror hubiera sido menor si hubiera comprobado que no era el único en aquella situación... todos los demás con quienes había llegado al lugar, con quienes vivía y con quienes se estaba muriendo eran iguales que él... Un día el jefe de la brigada le dio un golpe, un simple puñetazo, sin más, para como quien dice mantener el orden, pero Derfel cayó al suelo y ya no se levantó. Murió de los primeros, fue de los más afortunados".
A modo de balance de la catástrofe comunista, apareció a finales del pasado año en Francia y se ha publicado hace poco en España El libro negro del comunismo (3). En él, sus autores, prestigiosos historiadores del Partido Comunista, y algunos de ellos antiguos militantes, exploran archivos no utilizados hasta ahora. Fruto del estudio de los documentos encontrados, así como de la utilización de otros materiales, consiguen hacer de esta obra una referencia imprescindible para entender la segunda mitad del siglo XX. Se trata, como ha llegado a decir algún crítico, de "guiar al lector por ese laberinto de terror, y levantar el primer plano global de sus diferentes estancias".
Los cien millones de muertos que trajo consigo la utopía leninista son un argumento nada despreciable para intentar poner en su sitio –y sacar las oportunas consecuencias– a esta ideología que se ha extendido, a lo largo de este siglo que termina, por prácticamente todos los continentes.
Donato Barba Prieto

_________________________

(1) Alexander Solzhenitsin. Archipiélago Gulag. Tusquets. Barcelona (1998). 824 págs. 3.900 ptas. Traducción: Enrique Fernández Vernet y Josep Mª Güell.

(2) Varlam Shalámov. Relatos de Kolymá. Mondadori. Madrid (1997). 510 págs. 3.300 ptas. Traducción: Ricardo San Vicente.

(3) Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartosek, Jean-Louis Margolin. El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión. Planeta-Espasa. Barcelona-Madrid (1998). 865 págs. 3.400 ptas. T.o.: Le livre noir du communisme. Crimes, terreur, repression. Laffont. París (1997). Varios traductores.

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