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El espacio intermedio

A veces, escribir debe mucho a las musas, otras, a las coincidencias. Este artículo mana de las segundas. Coinciden un párrafo de un libro dentro de otro libro y un corto de cine dentro de otra entrada de blog para destacar algo humilde y sencillo; pero trascendental: la importancia de hacer con amor las cosas ordinarias para que tengan sentido, y la necesidad de ese "espacio intermedio" aparentemente anodino para que anide el verdadero amor.

Me explico. Estoy leyendo -con delectación- El hechizo de la comprensión. Vida y obra de Hannah Arendt, de Teresa Gutiérrez de Cabiedes (ed. Encuentro). Del momento en que la filósofa alemana se aleja de Heidegger y de la turbulenta pasión amorosa e intelectual que viven, Alois Prinz (La Filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hanna Arendt) escribe:
Hannah intuye, más que sabe, que al amor entre ambos le falta algo fundamental, un "espacio intermedio", como dilucidaría más tarde. Este espacio solo puede existir cuando alguien ha aprendido que necesita la ayuda de los demás para saber quién es y qué es lo que le une a otros seres humanos. Solo entonces se produce un diálogo libre de expectativas y falsas convicciones en el que cada uno se muestra como es, sin miedos ni prejuicios. Sin este espacio intermedio el amor "carece de horizonte", es solo pasión y se quema entre los amantes como paja.
Estaba rumiando esta idea cuando me llega aviso de la última entrada de Publicidad y Cine con Valores, a cargo del profesor Alfonso Méndiz, que comenta el corto "Bastille", de Isabel Coixet, "un vídeo breve –5 minutos-, mezcla de emoción sincera y pinceladas tragicómicas, que formó parte de aquel precioso filme “París, je t’aime”.

"Este es un vídeo que ha salvado matrimonios" -dice Méndiz-, porque arranca de "esa monotonía, contra la que no quiso luchar" el protagonista; pero que le lleva, por mor de un suceso inesperado, a dispensar "entonces a su mujer todas las atenciones que ella le había reclamado", hasta el punto de que "de tanto comportarse como un enamorado, volvió a enamorarse.




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La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

A propósito de Tabarnia

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Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

Pero ahora veo que, como dijo un amigo, Tabarnia no es nada inocente. Está bien para defender la unidad de España; pero ¡ojo!

Me han abierto los ojos dos artículos de …

José Antonio Senovilla. Vicario del Opus Dei en Rusia (y Ucrania)

Conocí a José Antonio Senovilla cuando era el prototipo de lo que hoy se llama un emprendedor. Tenía proyectos para sí y para cualquiera que se le acercara. Muchas personas con espíritu emprendedor se le acercaban en busca de asesoramiento y encontraban, normalmente, aliento para ir más allá de lo que nunca soñaron. Luego trabajamos juntos unos cuantos años y comprobé en carnes propias su empuje y magnanimidad.

Solo una persona de su magnanimidad y empuje podía ordenarse sacerdote entrado ya en años y marcharse a comenzar la labor estable del Opus Dei en Rusia. Así, sin saber ruso y, casi, sin saber ser cura. José Antonio merecía una entrevista, y así lo entendió el Diario Jaén, que le abrió una página entera en su Dominical del pasado domingo. Esto es lo que escribió:



"En Jaén, la ciudad en la que nací y a la que vuelvo siempre que puedo, como ahora, aprendí de Rusia lo que habitualmente un niño alumno de los Maristas puede saber sobre el país más grande del mundo: Rusia ocupa má…