
Me explico. Estoy leyendo -con delectación- El hechizo de la comprensión. Vida y obra de Hannah Arendt, de Teresa Gutiérrez de Cabiedes (ed. Encuentro). Del momento en que la filósofa alemana se aleja de Heidegger y de la turbulenta pasión amorosa e intelectual que viven, Alois Prinz (La Filosofía como profesión o el amor al mundo. La vida de Hanna Arendt) escribe:
Hannah intuye, más que sabe, que al amor entre ambos le falta algo fundamental, un "espacio intermedio", como dilucidaría más tarde. Este espacio solo puede existir cuando alguien ha aprendido que necesita la ayuda de los demás para saber quién es y qué es lo que le une a otros seres humanos. Solo entonces se produce un diálogo libre de expectativas y falsas convicciones en el que cada uno se muestra como es, sin miedos ni prejuicios. Sin este espacio intermedio el amor "carece de horizonte", es solo pasión y se quema entre los amantes como paja.Estaba rumiando esta idea cuando me llega aviso de la última entrada de Publicidad y Cine con Valores, a cargo del profesor Alfonso Méndiz, que comenta el corto "Bastille", de Isabel Coixet, "un vídeo breve –5 minutos-, mezcla de emoción sincera y pinceladas tragicómicas, que formó parte de aquel precioso filme “París, je t’aime”.
"Este es un vídeo que ha salvado matrimonios" -dice Méndiz-, porque arranca de "esa monotonía, contra la que no quiso luchar" el protagonista; pero que le lleva, por mor de un suceso inesperado, a dispensar "entonces a su mujer todas las atenciones que ella le había reclamado", hasta el punto de que "de tanto comportarse como un enamorado, volvió a enamorarse”.
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