Ir al contenido principal

Una Zaragoza abierta y de todos

Me parece una carta magnífica; con socialistas así sí estoy dispuesto a trabajar.

HERALDO DE ARAGÓN, 2 de marzo de 2009
LA TRIBUNA. El alcalde de Zaragoza argumenta las razones que lo han llevado a proponer el nombre de San Josemaría Escrivá de Balaguer para una calle de la ciudad.

Por Juan Alberto Belloch Julbe, alcalde de Zaragoza

Una Zaragoza abierta y de todos

LA decisión de dedicar una calle de Zaragoza a San Josemaría Escrivá de Balaguer ha originado una razonable polémica entre sectores progresistas. Pero algunas de las críticas incurren en un clamoroso error de concepto. Así, por ejemplo, el profesor Rodrigo Sánchez, escribía en estas mismas páginas que «al santo aragonés (…) le pone una calle un ayuntamiento socialista, dejando por el 'camino' un reguero de sombras sobre los modos de utilizar e interpretar el pasado, y a sus votantes, parte de las izquierdas zaragozanas, desnortadas».

El que yo presido no es un 'Ayuntamiento socialista', sino el Ayuntamiento de Zaragoza, una ciudad plural, con cinco fuerzas políticas representadas en la Corporación y donde la fuerza mayoritaria -que somos los socialistas- gobernamos., en minoría, en coalición con un partido que no es de izquierdas. No me quiero escudar en los porcentajes electorales para justificar ninguna decisión, pero sí creo que el asunto que ha generado esta polémica no puede ser nunca visto como una cuestión interna de la izquierda. Las calles son de todos. También de aquellos que no piensan como nosotros.

Y precisamente por el alto valor simbólico y pedagógico que tienen las decisiones sobre la nomenclatura de los espacios públicos es por lo que estoy convencido de que debemos adoptarlas con amplitud de miras, distinguiendo lo que es relevante, practicando la tolerancia y celebrando todo aquell que haya aportado a nuestra ciudad proyección internacional.

Escrivá de Balaguer cumple sobradamente esos criterios como santo de la Iglesia Católica, su condición de aragonés, su vinculación con la ciudad de Zaragoza y su indiscutible –aunque ciertamente discutido- carácter de importante figura histórica del siglo XX, como demuestran las 42 calles y plazas que tiene dedicadas en ciudades de 13 países del mundo, o las Universidades creadas bajo su impulso.

Las opiniones personales que cuestionan su obra y su figura no significan necesariamente que no sea adecuada su inclusión en nuestro callejero, que correría el riesgo de quedar semivacío si sometiéramos a sus titulares al mismo escrutinio en relación con nuestras convicciones ideológicas individuales.

Puedo estar equivocado, desde luego. Pero no hay ninguna sombra en esta decisión ni en la forma en la que el alcalde y su gobierno miran al pasado. Todo lo contrario. Hay luz, luz para respetar y aceptar. Yo entiendo el mandato que los zaragozanos me han dado para ser alcalde de Zaragoza en el sentido de impulsar una ciudad en la que todos nos sintamos reconocidos en algún momento. Una Zaragoza abierta y de todos.

Es lo que creo como alcalde de todos los zaragozanos, pero no a costa de mis ideales socialistas –como algunos dicen estos días-, sino precisamente como expresión de los mismos. Sé que hay muy diversas sensibilidades en mi partido y en la izquierda en general. Pero la mía no es ni menos respetable ni menos progresista. Y, además, estoy seguro de que no es minoritaria. Porque creo en un socialismo que aspira a construir la justicia y el progreso social en una perspectiva integradora, dialogante y antidogmática.

Sin axiomas excluyentes ni revanchas.

Comentarios

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

¿Cómo ser un blogger top?

He sacado un poco de tiempo para leer varios artículos que tenía reservados para leer más tarde sobre cómo llevar mi blog al éxito: escribir cada semana, conocer a mis lectores, identificar influencers, usar etiquetas, crear eventos, tener un calendario,  establecer palabras clave...

¡Buff! La mayoría de los consejos son de sentido común; los otros son profesionales. Es decir, están muy bien.

¿Por qué no los sigo -o no se si los sigo-?

Por dos motivos.

Uno: por pereza. Pereza para aplicar tantos consejos, métodos, herramientas...

Dos: porque la mayoría de estos artículos están orientados al marketing, a vender, a crear, posicionar y fortalecer una marca -debo de haber elegido mal mis influencers-. Resumiendo, vienen a decir "escribe lo que tu público -actual o potencial- quiere leer".

Y claro, yo, en mi blog, quiero escribir lo que yo quiero escribir, lo que tengo que decir, lo que pienso o me parece interesante de lo que otros piensan y escriben.

Pero, ¿interesa a otros? N…

Elecciones bis

No trato sobre política -en el sentido reductivo de la expresión- en este blog; lo que no significa que no me apasione. Pero llevo días queriendo compartir una reflexión sobre las situaciones que nos han abocado a repetir las elecciones.

En primer lugar, el marco general del sistema de partidos, la partitocracia, que los convierte en el único factor de poder y, consecuentemente, en órganos de poder o de intereses solo alcanzables a través del ejercicio del poder. El resultado es que si uno gana, los demás pierden: por eso es tan difícil que se llegue a acuerdos. Pensemos, por ejemplo, en la liga de fútbol: si un equipo gana, otro pierde, y si empatan, ambos pierden (solo muy raramente ambos ganan). En una sociedad tan "líquida" como la nuestra, los partidos, además de omnipresentes, son de una dureza granítica.

Como el Partido Popular (PP) ganó las pasadas elecciones, todos los demás perdieron; por eso no quieren que gobierne. Además, el PP ha dado una justificación moral a e…