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La sangre del pelícano

Acabo de terminar de leer La sangre del pelícano, de Miguel Aranguren; hacía tiempo que no despachaba un libro a tanta velocidad: ojo, es adictivo. Esta es mi opinión:

Novela de intriga policíaco-apocalíptica, trepidante y contundente, que no hay forma de parar de leer. Recuerda a El Padre Elías, pero los elementos discursivos son mucho más breves -aunque igualmente acertados- y la historia es original.

Presenta una lucha cuerpo a cuerpo entre el bien y el mal: monjas, sacerdotes, obispos, policías, santones, periodistas, famosos, políticos... abocados a una aceleración endemoniada de los tiempos actuales.

Hay una amplia galería de personajes, todos consistentes y sometidos a situaciones extremas de maldad y bondad, pecado y redención, duda y certeza. Acción sin respiro que deja poco espacio al humor, aunque sí a la humanidad, especialmente en la relación entre los dos protagonistas principales, el tosco y entrañable comisario Monticone y el atormentado párroco Albertino Guiotta.

No hay concesiones, los hechos son duros, las situaciones perfectamente verosímiles, incluso referidas a hechos históricos. La trama tiene su intríngulis al ir saltando de Roma a Cantón, Granada, Nueva York, París, El Vaticano; pero nunca se pierde el hilo, siempre hay la oportuna explicación, sin hacer trampa al lector, aunque sí se le mantiene constantemente en vilo.

478 páginas sin desperdicio, que se leen de un tirón y son -a mi parecer- muy, muy recomendables.

Comentarios

Marta Salazar ha dicho que…
qué ganas de leerlo!
Aeronauta ha dicho que…
En cuanto caiga en mis manos lo leo. Ya he tenido otra excelentes referencias. Ya era hora de escribir algo atinado pero entretenido a la vez. Ojalá tenga buena difusión.
cambiaelmundo ha dicho que…
Dadme vuestra opinión (la de verdad), estoy en contacto con el autor y acepta lo que se le diga para mejorar: necesitamos escritores buenos y entretenidos.

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

A propósito de Tabarnia

La broma no lo es tanto. Para empezar es el espejo en el que los argumentos independentistas se ven reflejados con toda su grotesca facha. Ni siquiera hace falta que el espejo sea cóncavo o convexo, como los que había en el parque de atracciones del Tibidabo. Es la administración del ponzoñoso brebaje nacionalista a sus mismos elaboradores.

Con humor.

Por esto tiene tanto éxito.

Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

Pero ahora veo que, como dijo un amigo, Tabarnia no es nada inocente. Está bien para defender la unidad de España; pero ¡ojo!

Me han abierto los ojos dos artículos de …

José Antonio Senovilla. Vicario del Opus Dei en Rusia (y Ucrania)

Conocí a José Antonio Senovilla cuando era el prototipo de lo que hoy se llama un emprendedor. Tenía proyectos para sí y para cualquiera que se le acercara. Muchas personas con espíritu emprendedor se le acercaban en busca de asesoramiento y encontraban, normalmente, aliento para ir más allá de lo que nunca soñaron. Luego trabajamos juntos unos cuantos años y comprobé en carnes propias su empuje y magnanimidad.

Solo una persona de su magnanimidad y empuje podía ordenarse sacerdote entrado ya en años y marcharse a comenzar la labor estable del Opus Dei en Rusia. Así, sin saber ruso y, casi, sin saber ser cura. José Antonio merecía una entrevista, y así lo entendió el Diario Jaén, que le abrió una página entera en su Dominical del pasado domingo. Esto es lo que escribió:



"En Jaén, la ciudad en la que nací y a la que vuelvo siempre que puedo, como ahora, aprendí de Rusia lo que habitualmente un niño alumno de los Maristas puede saber sobre el país más grande del mundo: Rusia ocupa má…