Ante la tiranía ideológica de EpC

martes 30 de mayo de 2006

Harambee


HARAMBEE

Mientras unos se dedican a forrarse a base de mentir y difamar a otros -con el concurso de los que les dan el dinero- (¿alguien sabe si DB o Sony están dando algún tipo de destino "socialmente responsable" a parte de la millonada que están ganando?)...





... otros se dedican a pedir dinero para ayudar a los africanos a desarrollar sus países, difundiendo una visión positiva y esperanzada de África.
















¿CON QUÉ TE QUEDAS?

¡Qué cruz!


El blog La Catapulta, tan citado últimamente, recoge maravillosamente en su entrada Nos quitan hasta el crucifijo mis sentimientos ante el nuevo atropello a las convicciones de la mayoría de los españoles, con la excusa torticera de que molesta a un padre y de que hay que aplicar la ley: ¿qué ley?

Cómo no, lo expresa de modo inigualable mi admirado Juan Manuel de Prada en el siguiente artículo:

Qué cruz
Juan Manuel de Prada. ABC, 27-05-2006

Un apetito de autodestrucción se enseñorea de nuestra época. Como los alacranes que se clavan su propio aguijón y agonizan víctimas de su propio veneno, diríase que los europeos hubiésemos decidido aniquilarnos, renegando de nuestras raíces, marginando y olvidando la herencia histórica que nos constituye. Este apetito autodestructivo halla su más triste y contumaz expresión en el afán por borrar de nuestra memoria el legado moral y cultural cristiano, que de vez en cuando propicia episodios tan chuscos como el que hace un par de días asaltaba los titulares de prensa. A requerimiento de un padre que se negaba a que sus hijos asistieran a clase mientras las paredes de las aulas ostentaran símbolos cristianos, una circular de la Junta de Andalucía ha ordenado retirar los crucifijos de una escuela de Baeza, erigida paradójicamente bajo la advocación de San Juan de la Cruz. Quizá mañana ese mismo padre, u otro cualquiera, reclame que le cambien el nombre a la escuela; y quizá la autoridad incompetente acceda a la petición, evacuando otra circular que prohíba a las escuelas públicas cualquier mención o referencia al cristianismo.

Mientras leía esta noticia han acudido a mi memoria aquellos emocionantes versos de León Felipe, que desde luego no era el prototipo del poeta meapilas: «Más sencilla, más sencilla. / Sin barroquismo, / sin añadidos ni ornamentos, / que se vean desnudos / los maderos, / desnudos / y decididamente rectos. / Los brazos en abrazo hacia la Tierra, / el astil disparándose a los cielos. / Que no haya un solo adorno / que distraiga este gesto, / este equilibrio humano / de los dos mandamientos. / Más sencilla, más sencilla: / haz una cruz sencilla, carpintero». En la belleza elemental y escueta de un crucifijo León Felipe descubría algo más, mucho más, que un mero cachivache religioso. Ni siquiera necesitaba la luz de la fe para entender que en esos dos maderos cruzados se compendia la historia del género humano, con toda su genealogía de debilidad y grandeza, dicha y dolor. La cruz, epicentro de la iconografía cristiana, es también un emblema formidablemente humano: en ella quedan compendiadas todas las barbaries que el hombre ha perpetrado, desde el asesinato de Abel hasta cualquiera de las matanzas de inocentes que hoy diezman la humanidad. En el símbolo de la cruz queda expuesta la odiosa capacidad del hombre para asesinar lo mejor de sí mismo; y también su feroz anhelo de rebelarse contra la muerte.

«Los brazos en abrazo hacia la Tierra, / el astil disparándose a los cielos». En estos dos versos de León Felipe se cifran las dos vocaciones más nobles del hombre: una vocación de piedad, de entrega y donación al que sufre; una vocación de trascendencia que nos empuja a levantarnos siempre sobre el barro del que estamos hechos. La cruz se erige así en un aldabonazo para nuestras conciencias, tan olvidadas con frecuencia del sufrimiento humano, tan olvidadas también de ese soplo misterioso que cada día nos invita a resucitar. Durante veinte siglos, la cruz ha sido el refugio de la belleza, el trampolín que ha impulsado las más perdurables creaciones del arte y el intelecto; también, es cierto, el espantajo que algunos ha enarbolado para justificar sus crímenes. Veinte siglos de cultura occidental se resumen en esos dos maderos «desnudos y decididamente rectos»: veinte siglos de conquistas que enaltecen la historia humana; veinte siglos de crueldad que un hombre entreverado de Dios nos invita a detestar. En la cruz, «equilibrio humano de los dos mandamientos», está todo lo que somos, todo lo que anhelamos ser, todo lo que nos avergüenza haber sido.

Al retirarla de una pared sólo afirmamos un afán suicida de caminar hacia la desmemoria, hacia la disgregación, hacia una nada voraz y suicida.

lunes 29 de mayo de 2006

Día de las Fuerzas armadas


Gracias a mi e-amigo Hispanicus, he descubierto un vídeo estupendo que os recomiendo. Lo enlazo porque pienso que este es un momento en que nuestro Ejército está siendo convertido en una ONG o en una asociación deportiva organizadora de carreras populares, y nos conviene que gane nuestra estima por lo que es, un Ejército, y no por lo que no es.

Me parece de justicia remitiros al artículo original en La Catapulta, sólo apto para quienes aún conservamos estima y respeto por nuestras Fuerzas Armadas.

jueves 25 de mayo de 2006

Aquí no hay quien viva

Así está la cosa, y lo que nos espera, porque parece ser que la Universidad Carlos III ha encargado a los guionistas de este engendro el manual de "Educación para la Ciudadanía"...

Mofa de la Iglesia, apología del aborto y elogio del homomonio
J.A Osca.
Aquí no hay quien viva
Cadena televisión: Antena 3
Hora de emisión: 22:00
Fecha emisión: 11/05/2006

Los dos últimos capítulos emitidos por Antena 3 de la serie “Aquí no hay quien viva” constituyeron un catálogo perfecto del pensamiento e ideología que pretenden imponernos en España desde el sector de la progresía más rancia y ultramontana.

En una de las tramas, una de las dos lesbianas de la serie decide tener un niño, pero como necesita semen, se va con su otra amiga lesbiana al ‘banco de semen’ de la primera planta, donde viven dos gays porque “entre gays y lesbianas, el tráfico de espermatozoides es lo más normal del mundo”. De los dos, Fernando es el elegido (porque el otro, Mauri, ya prestó el suyo en otra ocasión) y le dan un frasquito para que deposite su semen. Pero Mauri, por celos, cambia el frasco de semen de Fernando por el suyo, para que el hijo de la lesbiana sea suyo. Otro vecino de la comunidad, Mariano, un hombre feo y extravagante, pega otro cambiazo y deja otro frasco con su propio semen, y tira los otros dos “porque quiere tener un hijo normal”. A las lesbianas (que no saben el tejemaneje de frascos) los médicos les dicen que el semen es de mala calidad, y que van a tener que conseguir la fecundación con una técnica nueva. Al final, se queda embarazada de Mariano, con la nueva técnica (¿a que se ve venir?...).

Así es. La lesbiana embarazada, tras descubrir que el hijo que viene no es del gay, sino suyo y de Mariano, tras dudarlo –“¿qué va a decir mi abuela si se entera?” (es decir, la carca, rancia y anticuada de mi abuela)-, aconsejada por sus amigos, y tras una pesadilla en la que le sale una especie de ‘alien’ de su vientre, decide abortar. Cuando va al médico a pedir el aborto acompañada de su lesbiana pareja, este le dice que el embrión se ha desprendido y se ha perdido. Grandes abrazos y besos. El médico les sugiere intentarlo con los dos embriones que quedan. “No, destrúyalos”, le espetan.

Hay que destacar que antes de decidir abortar, la lesbiana embarazada, por razones de conciencia, ha acudido a un sacerdote a pedir consejo, en un confesionario. Un sacerdote presentado como un perfecto estúpido, por supuesto, y al que los amigos gays y lesbiana presionan desde los dos lados del confesionario para que diga a su amiga que no pasa nada por abortar. El cura le dice que no, que es una nueva vida y que no puede hacerlo (aquí los guionistas han estado flojos).

Mauri empieza a rezarle a Dios: “Yo, homosexual y ateo, aunque no soy digno de que entres en mi casa, -así me decían en el colegio-, y aunque creaste el mundo y luego te dedicaste sólo a escuchar, (¿a qué logia les recuerda esta frase?) te pido que hagas algo para que mi amiga no tenga al niño”.

Esta es una de las tramas principales. En otra, el portero, Emilio, se acuesta con su nueva pareja, sin saber que es un transexual que todavía no se ha operado, y en plena acción ‘descubre el pastel’: “Es una mujer atrapada en un cuerpo”, se explica Emilio cuando sus amigos se ríen de él. Los transexuales se manifiestan para pedir respeto por su condición (¿no será propaganda ante la ley de cambio de sexo que prepara el gobierno?).

En otro momento, una de la serie le dice a su madre: “Vístete sexual, que si no te parecerás a esas beatas que van a Roma a ver al Papa”.

Es decir, en sólo dos capítulos: se ríen de la Iglesia, hacen propaganda del matrimonio homosexual, de las técnicas artificiales de fecundación, del aborto, de la manipulación de embriones humanos y su posterior destrucción, de la normalidad de la transexualidad, de la infidelidad matrimonial y de enviar a los padres ya mayores, que molestan, al asilo, es decir, también de la destrucción de la familia. Y todo ello disimulado con ese tono simpático y desenfadado de la serie. ¿Alguien da más? Los que pretenden imponernos ese pensamiento desde arriba están que se salen con esta serie. No se puede hacer mejor. Enhorabuena.

Esto es “Aquí no hay quien viva”. No sería mejor: “¿Esto no hay quien lo vea?”.

Para: nadie.

martes 23 de mayo de 2006

Catecismo y programa

Juan Manuel de Prada, ABC, 22-05-2006

Las declaraciones a la prensa de Francisco Vázquez, nuevo embajador español ante la Santa Sede, no han podido ser más pintureras; pero quizá estuviese probando la cuadratura del círculo, intentando a la vez satisfacer a quien lo envía de emisario y no contrariar sus convicciones religiosas. Vázquez, que ha leído el Evangelio, sabe cuán difícil es servir a dos amos. Más desafortunada se me antojó la mención específica que el nuevo embajador hizo al papel que la Iglesia podría desempeñar en el proceso abierto tras el llamado «alto el fuego permanente» de los asesinos etarras. Utilizar las palabras de Benedicto XVI con fines partidistas me parece una imprudencia indigna de un diplomático, sobre todo si se confiesa tan rendidamente católico.
Pero no eran las incontinencias de Vázquez las que quería glosar aquí, sino las muy taimadas necedades con que Fernando Moraleda, convertido en secretario de Estado de Intoxicación, respondió al breve discurso que Benedicto XVI había pronunciado ante el nuevo embajador. Descubrimos en ellas esa mezcla estragadora de malicia, bravuconería, tergiversación y argumentos cefalópodos que vienen caracterizando los mensajes que el Gobierno español lanza a las jerarquías eclesiásticas. Así, por ejemplo, el secretario Moraleda afirmó que «carece de sentido que el Estado financie a la Iglesia, porque la Constitución Española recoge que el Estado español es aconfesional»; se le olvidó, en cambio, añadir que también recoge que «los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica». Se había referido el Papa en su discurso -citando tácitamente el artículo 27 de nuestra Constitución- al «derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación acorde con sus propios valores y creencias, sin discriminación ni exclusión explícita o encubierta»; y había recordado también que la enseñanza de la religión católica debe impartirse «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales», tal como lo establece el Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre materia educativa.
El secretario Moraleda, ante la intachable y muy sucinta exposición jurídica del Papa, se sale por peteneras y aduce que el Gobierno «tiene que atender un programa y no puede atender el catecismo». Se le olvidó añadir que, antes que un catecismo o un programa, el Gobierno tiene que atender la ley, bajo cuyo imperio se halla mientras no se demuestre lo contrario (aunque no falten los indicios de que ya ha empezado a situarse por encima de ella). Y la ley establece exactamente lo que el Papa demandó.
A continuación, el secretario Moraleda lleva hasta sus últimas consecuencias esa mezcla de avilantez y pensamiento mameluco que ya habíamos detectado en su apología del programa (que es el catecismo al que se aferran quienes prefieren ignorar la ley): «El Ejecutivo garantiza a todos aquellos niños que quieran estudiar religión que lo hagan, pero nunca lo impondría a aquellos que no lo quieran; como nunca impondremos a los ciudadanos una guerra que no quieren ni un estado de las autonomías que no desean, y por eso dejamos que se expresen y decimos que este es el Gobierno de los ciudadanos». Dejaremos aparte la caspa retórica que infesta el segundo período de la oración: ese batiburrillo de clase de religión, guerra y estado de las autonomías denota una empanada mental importante, amén de una propensión demagógica con densidad de mugre. Pero, centrándonos en el primer período, ¿podría explicarnos el secretario Moraleda a quién desea intoxicar? ¿Acaso la Iglesia pretende que se imponga la enseñanza de la religión a los niños que no la quieren? ¿En qué catecismo o programa de mendacidad ha aprendido el secretario Moraleda su oficio?

lunes 22 de mayo de 2006

El Papa al Embajador

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI AL SEÑOR FRANCISCO VÁZQUEZ, NUEVO EMBAJADOR DE ESPAÑA ANTE LA SANTA SEDE
Sábado 20 de mayo de 2006
Señor Embajador:
1. Me es grato recibir las cartas que acreditan a Vuestra Excelencia como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de España ante la Santa Sede, y le agradezco cordialmente las palabras que ha tenido a bien dirigirme, así como los apreciados saludos de parte de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I, de la Familia Real, de su Gobierno y de la Nación española. Le ruego que les trasmita mis mejores deseos de prosperidad y de bien espiritual para ellos y todos los españoles, a los que tengo muy presentes en mis plegarias.He tenido ocasión de visitar varias veces su País, del cual guardo un recuerdo muy grato, tanto por la amabilidad de las personas con quienes me he encontrado, como por la abundancia y alto valor de la numerosas obras de arte y expresiones culturales diseminadas por su geografía. Es un patrimonio envidiable, que denota una brillante historia, imbuida profundamente de valores cristianos y enriquecida también por la vida de eximios testigos del Evangelio, dentro y fuera de sus fronteras. Este patrimonio comprende obras en las que sus creadores han plasmado sus ideales y su fe. Si esto se ignorara o acallara, perdería buena parte de su atractivo y significado, pero seguirían siendo, pordecirlo así, «piedras que hablan».

2. Las multiseculares relaciones diplomáticas entre España y la Santa Sede, como Vuestra Excelencia ha indicado, reflejan el vínculo constante del pueblo español con la fe católica. La gran vitalidad que la Iglesia ha tenido y tiene en su País es como una invitación especial a reforzar dichas relaciones y fomentarla colaboración estrecha entre ella y las instituciones públicas, de manera respetuosa y leal, desde las respectivas competencias y autonomía, con el finde lograr el bien integral de las personas que, siendo ciudadanos de su patria, son también en gran medida hijos muy queridos de la Iglesia. Un camino importante para esta cooperación está trazado por los Acuerdos suscritos entreel Estado Español y la Santa Sede para garantizar a la Iglesia Católica «el libre y público ejercicio de las actividades que le son propias y en especial las de culto, jurisdicción y magisterio» (art. I del primer Acuerdo, 3 de enero de 1979).

En efecto, como usted sabe, Señor Embajador, la Iglesia impulsa a los creyentes a que amen la justicia y participen honestamente en la vida pública profesional con sentido de respeto y solidaridad, para «promover orgánica e institucionalmente el bien común» (Encíclica Deus caritas est, 29). También está comprometida en la promoción y defensa de los derechos humanos, por la alta consideración que tiene de la dignidad de la persona en su integridad, encualquier lugar o situación en que se encuentre. Pone todo su empeño, con los medios que le son propios, en que ninguno de esos derechos sea violado o excluido, tanto por parte de los individuos como de las instituciones. Por eso, la Iglesia proclama sin reservas el derecho primordial a la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural, el derecho a nacer, a formar y vivir enfamilia, sin que ésta se vea suplantada u ofuscada por otras formas o instituciones diversas. A este respecto, el Encuentro Mundial de las Familias,que tendrá lugar próximamente en territorio español, en Valencia, y que espero con ilusión, me dará oportunidad de celebrar la belleza y la fecundidad de la familia fundada en el matrimonio, su altísima vocación y su imprescindible valor social.

3. La Iglesia insiste también en el derecho inalienable de las personas a profesar sin obstáculos, tanto pública como privadamente, la propia fe religiosa,así como el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educación acorde con sus propios valores y creencias, sin discriminación o exclusión explícita o encubierta. A este propósito, es para mí un motivo de satisfacción constatar la gran demanda de la enseñanza de la religión católica en las escuelas públicas españolas, lo cual significa que la población reconoce la importancia de dicha asignatura para el crecimiento y formación personal y cultural de los jóvenes. Esta importancia para el desarrollo de la personalidad del alumno es el principio básico del Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre la enseñanza y asuntos culturales, en el cual se establece que la enseñanza de la religión católica se impartirá «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales» (art. 2). Dentro de su misión evangelizadora, la Iglesia tiene también como tarea propia la acción caritativa, la atención a cualquier necesitado que espera una mano amiga, fraterna y desinteresada que alivie su situación. En la España de hoy, como en su larga historia, este aspecto se manifiesta particularmente fecundo por sus numerosas obras asistenciales, en todos los campos y con gran amplitud de miras. Y, puesto que esta labor no se inspira en estrategias políticas o ideológicas (cf. Encíclica Deus caritas est, 31,b; 33), encuentra en su camino personas e instituciones de cualquier procedencia, sensibles también al deber de socorrer al desvalido, quienquiera que sea. Basándose en este «deber de humanidad», la colaboración en el campo de la asistencia y ayuda humanitaria ha conseguido muchos logros, y es de esperar que se fomente cada vez más.

4. Señor Embajador, al concluir este encuentro, le reitero mis mejores deseos en el desempeño de la alta misión que se le ha encomendado, para que las relaciones entre España y la Santa Sede se refuercen y progresen, reflejandoel respeto y el entrañable afecto de tantos españoles por el Papa. También espero que su estancia en Roma sea fecunda en experiencias humanas, culturales y cristianas, y usted y su distinguida familia se sientan como en sucasa, aunque sin olvidar las hermosas tierras del extremo occidental de Europa, de donde provienen, y en las que arraigó muy pronto el Evangelio, cuya difusión después, bajo el patrocinio del apóstol Santiago, contribuyó apromover y mantener vivas las raíces cristianas de Europa. Le ruego que se haga intérprete de mis sentimientos a Sus Majestades losReyes de España y a las Autoridades de tan noble Nación, a la vez que invoco abundantes bendiciones del Altísimo sobre usted, sus seres queridos y colaboradores de esa Representación diplomática.
voxpetri

domingo 21 de mayo de 2006

El Código No Vici

Sí, ya sé, ya ralla; pero como estamos en la semana esa en la que las películas arrasan o se estrellan, pues aquí va una batería de críticas especializadas, por si acaso:

La crítica machaca El Código da Vinci

Tostón, bodrio, aburrida... En Francia, en su primer día, sólo 200.000 espectadores, lejos de los 600.000 del estreno de Harry Potter o Star Wars.

Las críticas a la película de El Código da Vinci son demoledoras. Es larga. Es aburrida. Está llena de sermones. Es absurda.

Para muchos críticos, es evidente que las primeras cifras de taquilla han de ser espectaculares. Luego, el boca a boca perjudicará a la película. Si el primer fin de semana es flojo, la película pinchará. Sí, será un gran negocio para Sony, pero no tanto como para hacer una segunda parte.

Por el momento, en Francia va flojita. El filme de Ron Howard fue visto por unas 223.000 personas en su primer día, el pasado miércoles, lejos de las más de 600.000 que lograron las últimas entregas de Harry Potter o Star Wars.

Las críticas que circulan no la ayudarán. Juntar algunos titulares y comentarios quitan las ganas de ir al cine. Hemos hecho una selección de prensa española, europea, hispana y anglosajona.

El Código Da Vinci fue recibida por la prensa con notable frialdad, pitidos y hasta algunas risas. [...] Un especialista en simbología (Tom Hanks) es reclamado por la policía; [...] se ve envuelto en persecuciones, nuevos asesinatos, traiciones y disparates, hasta que finalmente identifica a la heredera de Jesucristo, momento en que las carcajadas de los espectadores se oyeron con claridad. Son 152 minutos de proyección en los que la película da vueltas y vueltas sobre sí misma, provocando por momentos la sospecha de que pudiera tratarse de una historia interminable.
Diego Galán, El País

La película es un rollo macabeo que dura dos horas y media, y que parece que dura cinco, en la que la supersorpresa final de la muerte se adivina como a la mitad del metraje y en la que el asexual Tom Hanks contagia al espectador su desgana por la chica y por el filme. Ni el buen arranque ni las espectaculares localizaciones mejoran esta película correosa y pesadita, tan difícil de tragar como fácil de olvidar. Cine para cabras.
Rafael Portela, 20minutos.es

No funciona nada en realidad. No tiene suspense. No es romántica. Desde luego no es divertida. Parece que estás ahí para siempre. Y eres consciente de lo duro que ha trabajado todo el mundo para intentar hacer lógico algo que bás