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Posverdad

foto atarifa CC
A la espera de lo que diga la Real Academia Española de la Lengua, andamos unos y otros tratando de definir qué es la posverdad, esa en la que parece que vivimos y nos movemos en estos comienzos del siglo XXI.

Este verano he impartido hasta seis veces, a distintos grupos de profesionales, una charla titulada El valor de lo opinable y su relación con lo verdadero. Seis veces dan para ir perfilando mucho los conceptos, y así es cómo he elaborado mi propia opinión, que expongo a continuación, por si es de su interés.

Para Adela Cortina, según me han dicho, la posverdad no es más que la mentira. Si fuera así, no habría más que hablar.

José Mª Carrascal, en una reciente entrevista, asegura: "No es más que los viejos sofismas. La verdad se estira como un chicle hasta que dice lo contrario de su sentido original".

Me han interesado mucho dos artículos del periodista y profesor Miquel Urmeneta, Bienvenidos a la era de la “posverdad” y Lecciones verdaderas tras las “fake news”. Se combinan estas variantes de la mentira con dos curiosos fenómenos psicológicos, quizá defensivos ante tanta información: Por un lado, existe la tendencia de las personas a evitar enfrentarse con los hechos que les forzarán a reflexionar más, a repensar sus argumentos (cognitive ease); por otro, se menciona un efecto que se produce cuando una persona confrontada con hechos que contradicen alguna de sus creencias más arraigadas, en vez de modificar su postura, se reafirma más en ella (backfire effect).

Y esta es, al fin, mi propuesta. En comunicación hay un axioma según el cual la percepción que tiene el público de una cuestión debe ser tomada como un hecho más de dicha cuestión, tenga que ver o no con la realidad. La posverdad da dos pasos más allá: Uno, la percepción se convierte en el hecho dominante; dos, la percepción se vuelve inmune a la refutación: si se la refuta, no pasa nada.

El lunes 7 de agosto -día de mi santo patrón, san Alberto de Trapani- Ideal traía un reportaje que, para mí, tiene mucha más enjundia de la que se espera de un trabajo "fresco y veraniego" : "El juego de la Ballena Azul, los Gatitos Bonsái y otros bulos tomados en serio". Luis Alfonso Gámez hacía un repaso de algunos bulos que saltaron como noticias a los medios profesionales y gozaron de seguimiento informativo "serio". El más reciente, el juego de la Ballena Azul, es un claro ejemplo: reto suicida vía Internet, fue detectado en veinte países, las policías españolas aseguran haber investigado varios casos; a día de hoy no se ha probado ningún caso ni en España ni en el mundo, ni siquiera se ha probado que tal juego exista.

Recomiendo el reportaje de Carlos Manuel Sánchez en  XLSemanal de 20 de agosto, Bienvenidos a la fábrica de noticias falsas, para entender un poco mejor qué está pasando. La conversión en dinero de contenidos es la gran pulsión de Internet, y pervierte con facilidad la información que circula por la red -como pasa también en cierta medida con los medios "tradicionales-. Quizá por eso se ha planteado seriamente recuperar la verdad con algoritmos.

En medio de todo esto, yo propongo dos cosas. La primera, que los medios de información profesionales se tomen en serio su trabajo, al menos en dos aspectos: uno, que sean exigentes con la veracidad; dos, que diferencien bien el distinto valor de sus contenidos. La segunda, como ahora todos podemos ser emisores de información, al crearla o compartirla, a todos nos alcanza la responsabilidad de la verificación.

Espero que os haya gustado. Agradeceré comentarios y aportaciones; aunque sea en forma de "like" o emoticonos...



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