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Nostalgia de la realeza


Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, el colmo de la "Grandeur" sin corona, añora los toisones y armillos. Y lo comprendo. Al parecer, durante la campaña prometió dar fuste a la figura de la "Primera Dama", lo que pasa por asignar una partida del presupuesto.

Comprendo perfectamente que la esposa o el marido del presidente o la presidente de la República tenga un papel institucional, y lo comparto: añade un intangible amable al poder y puede desatascar muchas negociaciones; aunque también puede meter la pata y complicar mucho las cosas.

También comprendo que en Francia se haya levantado una fuerte oposición. Si somos republicanos, lo somos con todas las consecuencias: uno elige a un caballero o a una señora, no a una familia; por más que se luzca a la familia en campaña. El o la presidente lo son por un tiempo; pero su familia sigue siendo lo que eran; aunque se tengan en cuenta de alguna manera, como ya se hace, las molestias de tener un pariente tan ocupado y famoso.

La mayor pega que le veo al sistema republicano es precisamente la falta de brillo por ausencia de corona. Si se es coherente, un presidente de república no es más que un funcionario que elegimos entre todos para que gestione la cosa común durante un tiempo y nos represente de modo gris y anodino ante las demás naciones del mundo.

Nada comparable con el glamour y la prosapia de una Familia Real con tradiciones de siglos, por muy "constitucional" e "irresponsable" que sea. Una familia que brille en nuestro nombre delante de las naciones, que regatee y esquíe por nosotros (cazar ya no se lleva), que llene el papel cuché con su aspecto "Lannister", que se codee con sus primos en las bodas de postín. Una Familia Real bien aprovechada es un poderoso intangible, un valor añadido para la política de un país, tanto interna como externa. Por dentro, como factor de cohesión, precisamente por ser previa a toda elección; por fuera porque posee el peso de la Historia. Nada derrite más, por ejemplo, a los emires del petróleo, cuyos abuelos eran conductores de camellos, que codearse con un rey europeo que hunde sus raíces en el siglo V.

Emmanuel Macron tiene razones poderosas para lo que se propone; puede ser muy útil para Francia. Pero España tiene mucho más. Ellos tienen "Monsieur le Président" y dentro de poco "Primera Dama"; nosotros llevamos corona.


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