O el escándalo de la Cruz. En su carta mensual de septiembre, Mons.Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, reflexiona sobre el dolor, con motivo de la próxima fiesta cristiana de la Exaltación de la Santa Cruz, y trae a colación una palabras del Papa Benedicto XVI: "No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos, de la transformación y purificación del yo por la verdadera libertad. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor. La Eucaristía, el centro de nuestro ser cristianos, se funda en el sacrificio de Jesús por nosotros, nació del sufrimiento del amor, que en la Cruz alcanzó su culmen. Nosotros vivimos de este amor que se entrega. Este amor nos da la valentía y la fuerza para sufrir con Cristo y por Él en este mundo, sabiendo que precisamente así nuestra vida se hace grande, madura y verdadera".
Precisamente estos días, estoy leyendo con pausa la biografía de Joseph Pierce sobre el poeta inglés Roy Campbell (España salvó mi alma, ed. Libroslibres 2012), en la que he encontrado este luminoso párrafo escrito por Ann, hija del poeta:
Antes de comenzar a rasgarse las vestiduras, aconsejo una lectura pausada de la carta del Prelado del Opus Dei y de otras dos aportaciones a esta cuestión que están ahora en portada en la web oficial de la institución: el artículo de P. Binnetti, La experiencia del dolor, y la colección de algunas palabras de san Josemaría sobre este asunto, Un cuadro con sombras.
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Precisamente estos días, estoy leyendo con pausa la biografía de Joseph Pierce sobre el poeta inglés Roy Campbell (España salvó mi alma, ed. Libroslibres 2012), en la que he encontrado este luminoso párrafo escrito por Ann, hija del poeta:
La mayor parte de la poesía escrita en Provenza brotaba del gusto de Roy por la vida, incluso aquellas que tienen un trasfondo de sufrimiento. En los tiempos modernos, sufrir se ha convertido en algo que evitar a toda costa, y sin embargo, sin ese suelo fértil, gran parte de la belleza se pierde, porque la belleza hunde sus raíces en el sufrimiento. Tal vez sea esa la razón de la fealdad de gran parte del arte contemporáneo. El "sufrimiento" y el torturado verso de los tiempos modernos no surge del sufrimiento real, que es un destino heroico, sino por una negativa al sufrimiento: de ahí su autocompasión y su gran pobreza. Roy tenía una capacidad homérica de sufrir física y espiritualmente, no por un nihilismo angustiado, sino por una fortaleza esplendorosa. El materialismo rechaza el concepto de sufrimiento desde el momento en que es un concepto espiritual. Roy nunca fue un materialista: solo pensarlo me hace sonreír (Anna Campbell Lyle, Son of Valour, 52).
Antes de comenzar a rasgarse las vestiduras, aconsejo una lectura pausada de la carta del Prelado del Opus Dei y de otras dos aportaciones a esta cuestión que están ahora en portada en la web oficial de la institución: el artículo de P. Binnetti, La experiencia del dolor, y la colección de algunas palabras de san Josemaría sobre este asunto, Un cuadro con sombras.
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