Ir al contenido principal

Las cosas de la vida

En estos tiempos que corren se hace más necesario que nunca mirar la botella medio llena y encajar con deportividad los traspiés de la vida. No, no voy a ponerme trascendente, no os preocupéis; va a ser una reflexión ligera, bien humorada, o eso pretendo.

Veamos, ayer mismo mi peña de baloncesto reinició la temporada; llevo parete importante del verano entrenando para coger a mis compinches desprevenidos y destacar mientras se sacuden la modorra vacacional. Pues nada, me sale un partido horroroso, uno de esos para olvidar: al final logro encestar UNA sola canasta, de esas al tablero, amarrando, con más miedo que vergüenza, y gracias.

Así que me refugio en pensamientos positivos mientras transcurre la semana, en espera de que un nuevo partido me de la oportunidad de resarcirme. Por ejemplo, hace unos post conté que era mi cumpleños. Me prometieron una sorpresa, y fue verdad, me invitaron a un aperitivo a base de una cerveza artesanal local que andaba tiempo con ganas de probar: ni más ni menos que Mammooth, 33 cl. por botella de pale ale cuatro maltas doblemente fermentadas, elaborada con la magnífica agua de El Padul, lugar donde se han encontrado restos del mamut que le da nombre. Un placer y más en tan genial compañía.

Pero claro, de esto han pasado los días, y siguen pasando; y sigue sin llover, la crisis se hace tan pertinaz como la sequía, el lunes más reciente fue ¡TAN LUNES!..., que me asomé a la ventana de mi despacho a respirar aire fresco contemplando la colina roja; pero antes de ascender, mi abatida vista se arrastró por la barandilla, el muro y el suelo, trepó por el primer asidero que encontró para elevarse y... ¡Oh! ¡ME AMA!

Ahora, cada vez que lo necesito, me levanto, saco la cabeza y miro hacia abajo, a esa columna que me sostiene, me anima, y regreso al tajo renovado, como volveré a la cancha la semana que viene.
Todos tenemos quien nos ama.
Tú también.
Yo también.
Gracias.

Mostrar a tus contactos de XING

Comentarios

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

A propósito de Tabarnia

La broma no lo es tanto. Para empezar es el espejo en el que los argumentos independentistas se ven reflejados con toda su grotesca facha. Ni siquiera hace falta que el espejo sea cóncavo o convexo, como los que había en el parque de atracciones del Tibidabo. Es la administración del ponzoñoso brebaje nacionalista a sus mismos elaboradores.

Con humor.

Por esto tiene tanto éxito.

Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

Pero ahora veo que, como dijo un amigo, Tabarnia no es nada inocente. Está bien para defender la unidad de España; pero ¡ojo!

Me han abierto los ojos dos artículos de …

José Antonio Senovilla. Vicario del Opus Dei en Rusia (y Ucrania)

Conocí a José Antonio Senovilla cuando era el prototipo de lo que hoy se llama un emprendedor. Tenía proyectos para sí y para cualquiera que se le acercara. Muchas personas con espíritu emprendedor se le acercaban en busca de asesoramiento y encontraban, normalmente, aliento para ir más allá de lo que nunca soñaron. Luego trabajamos juntos unos cuantos años y comprobé en carnes propias su empuje y magnanimidad.

Solo una persona de su magnanimidad y empuje podía ordenarse sacerdote entrado ya en años y marcharse a comenzar la labor estable del Opus Dei en Rusia. Así, sin saber ruso y, casi, sin saber ser cura. José Antonio merecía una entrevista, y así lo entendió el Diario Jaén, que le abrió una página entera en su Dominical del pasado domingo. Esto es lo que escribió:



"En Jaén, la ciudad en la que nací y a la que vuelvo siempre que puedo, como ahora, aprendí de Rusia lo que habitualmente un niño alumno de los Maristas puede saber sobre el país más grande del mundo: Rusia ocupa má…