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Diferenciar no es discriminar ni segregar

La educación es un mundo sembrado de obstáculos, la mayoría de ellos artificiales. Uno de ellos es el empleo torticero de las palabras. Una educación dirigida solo a niños o solo a niñas, mientras sea la misma educación, no discrimina ni segrega ni es sexista: solo cambia el modo de impartir esa misma educación, un modo adaptado a las diferencias que existen entre niños y niñas, y que aprovecha las ventajas de que estén separados en las aulas.

Fernando Rodríguez-Borlado escribe en Aceprensa:

Por eso, la cuestión central es si hay o no discriminación. En un primer sentido, discriminar significa “seleccionar excluyendo”, que es lo mismo que elegir. En este sentido, todos los colegios, diferenciados y mixtos, discriminan. El sentido negativo de la palabra está recogido en una segunda acepción: “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.” (DRAE). 
Es difícil explicar a quién trata con inferioridad un colegio que solo admita a chicos o a chicas. ¿A las niñas/niños que están en el colegio? No parecen entenderlo así las familias que eligen voluntariamente el colegio. ¿Discrimina a los que quedan fuera? Pero estos son los que buscan enseñanza mixta para sus hijos, que es la fórmula absolutamente predominante y por tanto sin problemas para elegir. 
Se podrá estar en desacuerdo con la opción pedagógica, pero no acusarla de discriminatoria. Eso es lo que han entendido varias resoluciones internacionales y nacionales (La educación diferenciada, motivo de des-concierto, 270812).

Antonio Argandoña comenta en su blog:

Que yo sepa, no hay argumentos científicos serios sobre las consecuencias negativas que la educación diferenciada pueda tener sobre la educación de los niños o de las niñas; más bien parece que los resultados escolares son, a menudo, mejores en esos centros. Entonces, la oposición debe tener que ver con las consecuencias sociales: los niños que estudian en colegios solo para niños deben ser más ariscos, insociables, incapaces de una convivencia normal con las niñas,… y deben dar lugar a más sucesos de violencia doméstica, ¿no?. Pues no: la evidencia niega esta conclusión, aunque solo sea por la experiencia de tantos jóvenes y adultos formados en esos centros, que conviven normalmente con los de otro sexo, o por el hecho de que la violencia machista, tan denostada en los últimos tiempos, coexiste con el casi absoluto predominio de las personas formadas en centros de educación mixta (Sobre la educación diferenciada, 290812).

Por su parte, Anne Moir, doctora en Genética por la Universidad de Oxford, hace tiempo que asegura que si se desea reducir las diferencias entre chicos y chicas, se debe educar a ambos sexos de forma separada y diferente. Si no, discriminaríamos negativamente a los hombres. Y es que, si no se aprende, la socialización es irrelevante. Uno se socializa cuando aprende, y simplemente por convivir no se pegan las cosas (entrevista en El País, 220411).

Y para los que dicen que no hay estudios científicos que avalen la educación diferenciada, se acaba de publicar "Nuevo paradigma escolar: educación Single-Sex o Diferenciada". Los autores de los diferentes capítulos son especialista universitarios españoles y americanos como Josu Ahedo, Jaume Camps, María Calvo, y otros.

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