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Celebrando mi cumpleaños

Me han regalado este pastel


Un poco agobiado de velas; pero es lo que hay.


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La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

San Pablo en Atenas

He releído recientemente el discurso de San Pablo en el Areópago de Atenas* y me ha fascinado su actualidad: es un ejemplo plenamente útil para la comunicación de la fe en el Occidente contemporáneo.

Atenas Atenas. Año 52 d.C. 16 o 19 años después de la muerte y resurrección de Cristo. Algo así como si estos hechos fundamentales hubieran ocurrido en 2000 y Pablo llegase a Atenas hoy. En realidad, menos tiempo, porque entonces todo iba mucho más despacio que ahora, y 17 años entonces eran un ayer.

Atenas era una ciudad en decadencia. Aún conservaba el aura de capital cultural del Mundo; pero el centro de poder y cultura se había desplazado hacia el oeste, a Roma. Un ejemplo con todas sus limitaciones, como si habláramos hoy de París y Nueva York.

En Atenas se mezcla un materialismo desencantado y un sincretismo religioso que resulta en un relativismo muy parecido al de hoy día en Occidente: “Porque todos los atenienses y los extranjeros que residían allí, no tenían otro pasatiempo que e…

Leyenda Negra

Conste que ya pensaba así antes de empezar a leer Imperiofobia; pero reconozco que su lectura -aún en los comienzos-, me ha llevado a ser más sensible a las manifestaciones de auto flagelación española. Están las grandes maniobras auto destructivas -como la fiebre amarilla que padece mi amada Cataluña-, y los pequeños sarcasmos que acaban por no dejarnos ver ninguna de nuestras virtudes, nuestros logros y aciertos, necesarios para tener una adecuada autoestima como nación.

Un ejemplo. Hace unos años construimos un submarino con nuestra propia tecnología. En lugar de sacar pecho, nos quedamos con que no flotaba. Ahora que ya flota, a base de hacerlo más grande, resulta que no cabe en el muelle. ¡La chapuza nacional! En lugar de enterarnos bien de las razones del asunto, echamos unas risas y unas copichuelas con los amigotes y meneamos la cabeza pensando para los adentros: "este país no tiene remedio". ¡Otra ronda!

Mi hermano es ingeniero naval, trabaja como ingeniero naval y …