
El País en una crónica titulada ni más ni menos El horizonte cultural de Ségolène, defiende como puede las “grandes propuestas innovadoras” de la candidata socialista a la presidencia de la República francesa. La señora Royal propone cosas tales como los jurados populares para controlar regularmente a los representantes políticos, utilizar el marco militar para encuadrar a los jóvenes carentes de referencias de autoridad o suprimir el “mapa escolar” que restringe la elección de escuela.
Al parecer, en el horizonte intelectual de Ségolène Royal está un tal Pierre Rosanvallon, historiador y animador de un foro de reflexión llamado La Republique des idées, cuyos libros explican los límites que sufre la soberanía popular en Francia, la lucha de la sociedad civil contra las élites y los defectos del sistema representativo. Rosanvallon no cree –yo tampoco- que los partidos sean los instrumentos para asumir todo el protagonismo de la vida política “porque no encarnan la cultura del debate y sí sólo la de la selección de dirigentes y fijación de la ideología". Una democracia reducida a un voto cada cuatro o cinco años se le antoja muy pobre –a mí también- , y por eso sugiere que los ciudadanos “vigilen, denuncien y califiquen”.
¿Quién iba a decirle a Chesterton y a sus amigos distribucionistas que un siglo después los socialistas franceses iban a compartir sus postulados?
Pero hay más. Mi diario de referencia trae hoy, por lo menos, dos sorprendentes soplos de sentido común, que como están en boca de personajes nada sospechosos de posiciones conservadoras, quizá gocen de la presunción de seriedad que se les atribuye.
El primero, por orden ascendente de atrabiliariedad, es Albert Boadella; en tiempos propicios para la alianza de civilizaciones con los grandes simios, el dramaturgo catalán osa subrayar que “no se puede comparar jamás el sufrimiento de un hombre con el de un toro, un animal salvaje al que se le ha respetado su territorio y tiene una vida fácil, no como la del cerdo. Debemos proteger los animales, pero de ahí a pensar que tienen sentimientos hay una distancia importante. En este sentido, el imbécil de Walt Disney hizo mucho daño a la humanidad cuando dio voz a una pandilla de ratones histéricos”.
El segundo tiene como protagonista al recién reelegido presidente de Venezuela; Hugo Chávez ha declarado la guerra a Papá Noel por considerarlo un símbolo del imperialismo estadounidense. A cambio, propone recurrir a las flores de Pascua, sacar los belenes y esperar hasta el seis de enero para recibir los regalos de manos de los Reyes Magos.
Como debe ser.

Comentarios