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A clonar

¿Qué sucede cuando las pesadillas se hacen realidad? El Congreso español admitió ayer a trámite el proyecto de Investigación Biomédica y abre la puerta a la clonación terapéutica. ¿Podemos detener aún al doctor Frankenstein? Con el siguiente artículo pretendo arrojar algo de luz, más luz, sobre lo que estamos perpetrando.

Medios, corporaciones y células madre
Si la investigación no requiriese la destrucción o el uso abusivo de embriones estaríamos dispuestos a admitirla
Robert P. George
LA GACETA de los Negocios, 14 de diciembre de 2006

UN estudio publicado en Nature en 2006 causó frenesí en los medios de comunicación. Los titulares de los principales periódicos anunciaron la posibilidad de obtener células madre embrionarias sin destruir la vida humana. Se dijo que un grupo de investigadores logró remover células de un embrión humano vivo sin vulnerarlo. También aseguraron haber encontrado el método para desarrollar las células madre de tal manera que se dividan y produzcan células nuevas con normalidad. Se abría así la pasibilidad de extraer células pluripotenciales (capaces de producir diversos tipos de células) a partir de embriones, sin mayores dilemas éticos. Todo, por supuesto, resultó ser una farsa o, cuando menos, una verdad contada a medias.

Los investigadores desmembraron dieciséis embriones humanos, matando todos y extrayendo un promedio de seis células de cada uno. Las noventa y un células embrionarias resultantes fueron luego cultivadas muy cerca unas de otras, en el mismo cultivo. Hubo algunas pocas que lograron dividirse, mientras las otras sucumbieron, y de las células que se dividieron sólo se logró producir dos líneas estables de células madre. Ante el cuestionamiento de algunos medios, Advanced Cell Technology (la compañía que realizó los experimentos) dijo que su nueva técnica no implicaba necesariamente la matanza de embriones. Si es así, ¿entonces por qué mataron a dieciséis?

Además, el estudio no hizo virtualmente nada para demostrar lo que la mencionada compañía de biotech había sostenido ante la prensa: la posibilidad de que células removidas de un embrión en etapa temprana, y cultivadas por separado, puedan producir líneas de células madre embrionarias. El hecho de que tuvieran que recurrir a la técnica tradicional, cultivando las células del mismo embrión muy juntas, sugiere que intentaron desarrollar células por separado. Pero fallaron. En otras palabras, del estudio llevado a cabo no se infiere la posibilidad de extraer una célula aislada de un embrión de ocho células y producir una línea de células madre.

Por otra parte, no existe evidencia que avale que la alteración del embrión no tendrá consecuencias en el futuro. La biopsia del blastómero (células que resultan de la segmentación del cigoto) es práctica común en la manipulación genética de embriones relacionadas con técnicas de fertilización in vitro con el fin de descalificar aquellas células consideradas inadecuadas porque son propensas a padecer enfermedades genéticas. Esto es profundamente inquietante. Aún no existen estudios sobre los efectos causados en niños que hayan sufrido extracción de células durante su etapa embrionaria. Algunas estimaciones sugieren que más de mil niños en todo el mundo han sido concebidos siguiendo tales métodos, pero hasta la fecha no se conoce ninguna investigación seria sobre la evolución de su salud.

Durante el último año, el Consejo de Bioética del presidente de los Estados Unidos ha evaluado profundamente los dilemas morales que plantea, entre otros procedimientos, la biopsia embrionaria llevada a cabo por Advanced Cell Technology, y ha llegado a la conclusión unánime (lo cual es sorprendente en un foro caracterizado por el desacuerdo) de que dicha práctica no es ética.

AQUELLOS que defendemos la vida humana embrionaria apoyamos la practica de métodos de obtención de células madre no embrionarias. No nos oponemos siquiera a todo tipo de experimentación con células madre embrionarias, únicamente a las prácticas que dañan o destruyen embriones —individuos humanos en la etapa temprana de desarrollo—. Si la investigación no requiriese la destrucción o el uso abusivo de embriones —futuros niños y adultos— estaríamos completamente dispuestos a admitirla.

A pesar del fiasco publicitario aludido, el panorama es esperanzador. Centros de renombre como el Instituto Tecnológico de Massachussets se encuentran ensayando métodos para la obtención de células madre sin manipulación de embriones. Científicos de Harvard defienden la posibilidad de “reprogramar” una célula humana común y recobrar su pluripotencialidad. En días más recientes, investigadores japoneses sostuvieron el potencial de convertir una célula de piel en el equivalente preciso de una célula madre embrionaria. Dichos anuncios científicos pasaron relativamente desapercibidos. Por el contrario, la maquinaria publicitaria desplegada por Advanced Cell Technology tuvo una repercusión mundial con una intensidad inversamente proporcional a su trascendencia para el adelanto de la ciencia. Si bien es preciso estimular a compañías a que sigan invirtiendo dinero y esfuerzo en métodos que no impliquen la destrucción de embriones, no se puede permitir que se manipule la divulgación de resultados generando falsas controversias con el propósito de satisfacer meros afanes corporativos.

▼Robert P. George es miembro del Consejo de Bioética del presidente de los EEUU y catedrático de Jurisprudencia en la Universidad de Princeton.

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