Benigno Blanco. Vicepresidente del Foro Español de la Familia
En HACER FAMILIA, enero de 2006
A quienes hemos vivido casi toda nuestra vida como testigos del enfrentamiento ideológico entre el comu¬nismo y el capitalismo, entre la antigua URSS y los USA, puede parecernos que, muerto el marxismo, las ideologías ya no existen o, al menos, que ya no deter¬minan el debate político. Esta apreciación es errónea, pues hoy existe un debate ideológico en la escena política tan virulento como el histórico del marxismo. Las ideologías hoy en liza son, de hecho, dos antro¬pologías antagónicas e incompatibles entre sí: por un lado, aquella visión del hombre que hunde sus raíces -con mayor o menor coherencia- en Jerusalén, Roma y Atenas, lo que podríamos llamar humanis¬mo cristiano; y, por otra parte, la filosofía de géne¬ro. Todos los debates actuales sobre la familia, el matrimonio, el derecho a la vida y cuestiones simila¬res son debates provocados por los asaltos de la filo¬sofía de género, contra la fortaleza construida por la historia del mundo occidental de inspiración cristia¬na, para proteger al hombre y la familia como algo valioso en sí mismo.
La filosofía de género es una antropología de raíces marxistas y freudianas que, inspirada en un feroz materialismo pansexualista, pretende liberar al hom¬bre y la mujer de cualquier ejercicio de la sexuali¬dad que conlleve responsabilidad. El sexo debe ser reconstruido como género, es decir: cada uno elegi¬rá libremente si desea ser hombre o mujer, hetero u homo o transexual. Esta es la verdadera libertad. Por ello, la filosofía de género tiene como enemigos fundamentales el matrimonio y la maternidad, pues implican un ejercicio responsable de la sexualidad. Nada tiene de extraño que la agenda política de la filosofía de género, pase por equiparar homosexua¬lidad con matrimonio, introducir el género en las leyes (como las de violencia de género o las de iden¬tidad de género), rebajar el matrimonio a un asunto meramente privado a través de la promoción del divorcio fácil, facilitar la lucha contra la vida mediante la promoción del aborto, impulsar las téc¬nicas de reproducción asistida para sacar la repro¬ducción del contexto varón-mujer, etc.
Y como colofón, la filosofía de género, como toda ideología que intenta imponerse, lucha por estar presente en la escuela. ¿Será por esto el empeño del Gobierno en la nueva asignatura de educación por la ciudadanía?
En HACER FAMILIA, enero de 2006

La filosofía de género es una antropología de raíces marxistas y freudianas que, inspirada en un feroz materialismo pansexualista, pretende liberar al hom¬bre y la mujer de cualquier ejercicio de la sexuali¬dad que conlleve responsabilidad. El sexo debe ser reconstruido como género, es decir: cada uno elegi¬rá libremente si desea ser hombre o mujer, hetero u homo o transexual. Esta es la verdadera libertad. Por ello, la filosofía de género tiene como enemigos fundamentales el matrimonio y la maternidad, pues implican un ejercicio responsable de la sexualidad. Nada tiene de extraño que la agenda política de la filosofía de género, pase por equiparar homosexua¬lidad con matrimonio, introducir el género en las leyes (como las de violencia de género o las de iden¬tidad de género), rebajar el matrimonio a un asunto meramente privado a través de la promoción del divorcio fácil, facilitar la lucha contra la vida mediante la promoción del aborto, impulsar las téc¬nicas de reproducción asistida para sacar la repro¬ducción del contexto varón-mujer, etc.
Y como colofón, la filosofía de género, como toda ideología que intenta imponerse, lucha por estar presente en la escuela. ¿Será por esto el empeño del Gobierno en la nueva asignatura de educación por la ciudadanía?
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