Ignacio Arsuaga
Presidente de Hazteoir
Este jueves dio comienzo el trámite parlamentario de la LOE. Durante las próximas semanas, nuestros representantes discutirán – y no se pondrán de acuerdo – sobre uno de los proyectos de Ley sectarios que haya visto el Congreso. El texto publicado en el Boletín Oficial de las Cortes ha cosechado las críticas y las diatribas de una mayoría de los agentes del sector. Además, divide profundamente a la sociedad en uno de los pocos temas que deberían suscitar el diálogo y el consenso. Una Ley elaborada en los laboratorios ideológicos de Ferraz y que impone una concepción marxista de la educación.
Pues bien, el Gobierno, como en otras ocasiones, establece una diferencia nítida entre su discurso y la realidad de sus actos. No desparecen de su boca las palabras “consenso” y “diálogo” y, al mismo tiempo, hace oídos sordos a las entidades involucradas en el mundo de la educación. Como si de una dictadura se tratase, nos impone la legislación a golpe de boletín oficial.
Con esta Ley, la falla democrática adquiere proporciones terribles y nuestros gobernantes se siguen alejando de los ciudadanos. Y no es el único caso. La desaparición del matrimonio de nuestro ordenamiento jurídico o la legalización de la figura del repudio (i.e. divorcio Express) fueron aprobadas sin que el Sr. Rodríguez Zapatero dedicar un minuto de su precioso tiempo a escuchar a las entidades familiares.
Según la Ministra Sansegundo, y el partido en el Gobierno, la Administración, estatal o autonómica, es titular del derecho a educar. Los padres, según esta concepción totalitaria, somos colaboradores del Estado en la educación de nuestros hijos. Y los centros de iniciativa social, subsidiarios del Ministerio. Es decir, que se toleran los colegios concertados sólo donde no haya colegios públicos.
Al mismo tiempo, se pretende suprimir de hecho la asignatura de Religión. No importa que una inmensa mayoría de los padres quieran que sus hijos estudien Religión. El Gobierno pretende al mismo tiempo suprimir la visión trascendente de la educación e imponer a los niños, aún violentando la voluntad de los padres, su ideología laicista.
Bien visto, el planteamiento del Gobierno tiene su lógica. Todo encaja en una visión marxista y antidemocrática de la realidad. En efecto, si “lo Público” es la encarnación del bien moral, la Izquierda es la nueva Jerusalén y el Partido lo es todo, entonces entendemos que Rodríguez Zapatero imponga y no dialogue, conculque lo dispuesto por la Constitución y destruya la libertad de educación de los padres.
Ante ese desprecio total por parte del Presidente del Gobierno, que nos ha cerrado la puerta en las narices, no nos queda a los ciudadanos otro remedio más que salir a la calle para hacernos oír. Como hizo antaño William Wallace en tierras escocesas, los defensores de la libertad inundaremos las calles de Madrid el próximo sábado 12 de noviembre. La manifestación dará comienzo a las 17 h. desde la Plaza de Neptuno. Si eres internauta, tienes toda la información sobre el 12- N en www.hazteoir.org/12n/.
Antes de que sea demasiado tarde, antes de que el Partido trate de destruir el último hálito de libertad en España y de conculcar los derechos de los ciudadanos en beneficio de la ideología laicista que tratan de imponer por la fuerza, nuestro deber cívico es luchar contra por la libertad. Y la próxima batalla –incruenta, gracias a Dios – la libraremos en Madrid, el 12.
Presidente de Hazteoir

Pues bien, el Gobierno, como en otras ocasiones, establece una diferencia nítida entre su discurso y la realidad de sus actos. No desparecen de su boca las palabras “consenso” y “diálogo” y, al mismo tiempo, hace oídos sordos a las entidades involucradas en el mundo de la educación. Como si de una dictadura se tratase, nos impone la legislación a golpe de boletín oficial.
Con esta Ley, la falla democrática adquiere proporciones terribles y nuestros gobernantes se siguen alejando de los ciudadanos. Y no es el único caso. La desaparición del matrimonio de nuestro ordenamiento jurídico o la legalización de la figura del repudio (i.e. divorcio Express) fueron aprobadas sin que el Sr. Rodríguez Zapatero dedicar un minuto de su precioso tiempo a escuchar a las entidades familiares.
Según la Ministra Sansegundo, y el partido en el Gobierno, la Administración, estatal o autonómica, es titular del derecho a educar. Los padres, según esta concepción totalitaria, somos colaboradores del Estado en la educación de nuestros hijos. Y los centros de iniciativa social, subsidiarios del Ministerio. Es decir, que se toleran los colegios concertados sólo donde no haya colegios públicos.
Al mismo tiempo, se pretende suprimir de hecho la asignatura de Religión. No importa que una inmensa mayoría de los padres quieran que sus hijos estudien Religión. El Gobierno pretende al mismo tiempo suprimir la visión trascendente de la educación e imponer a los niños, aún violentando la voluntad de los padres, su ideología laicista.
Bien visto, el planteamiento del Gobierno tiene su lógica. Todo encaja en una visión marxista y antidemocrática de la realidad. En efecto, si “lo Público” es la encarnación del bien moral, la Izquierda es la nueva Jerusalén y el Partido lo es todo, entonces entendemos que Rodríguez Zapatero imponga y no dialogue, conculque lo dispuesto por la Constitución y destruya la libertad de educación de los padres.
Ante ese desprecio total por parte del Presidente del Gobierno, que nos ha cerrado la puerta en las narices, no nos queda a los ciudadanos otro remedio más que salir a la calle para hacernos oír. Como hizo antaño William Wallace en tierras escocesas, los defensores de la libertad inundaremos las calles de Madrid el próximo sábado 12 de noviembre. La manifestación dará comienzo a las 17 h. desde la Plaza de Neptuno. Si eres internauta, tienes toda la información sobre el 12- N en www.hazteoir.org/12n/.
Antes de que sea demasiado tarde, antes de que el Partido trate de destruir el último hálito de libertad en España y de conculcar los derechos de los ciudadanos en beneficio de la ideología laicista que tratan de imponer por la fuerza, nuestro deber cívico es luchar contra por la libertad. Y la próxima batalla –incruenta, gracias a Dios – la libraremos en Madrid, el 12.
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