La ley de universidades quiere obligar a estas instituciones a ser mixtas para estar adscritas a una universidad pública. «Es un ataque a la libertad educativa», afirma la directora del Colegio Mayor Roncalli, en Madrid
Noticia de Fran Otero / @franoterof
en Alfa&Omega de 12 a 18 de enero
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Foto: Colegio Mayor Universitario Albayzín |
En nuestro país hay 120 colegios mayores que dan cobijo, acompañamiento y formación a 17.000 universitarios cada año. Los hay públicos y privados, mixtos y diferenciados, en suelo de la universidad o fuera, habitualmente con muchos más alumnos de la universidad pública y, todos, con una importante actividad cultural y deportiva. Los católicos tienen, además, oferta pastoral. Integrados en el Consejo de ColegiosMayores Universitarios, han trabajado en los últimos tiempos para que la labor de esta institución sea reconocida en el proyecto de Ley Orgánica del Sistema Universitario, aprobada en el Congreso y que pronto comienza su tramitación en el Senado.
Lo consiguieron, pues la disposición
adicional séptima de la iniciativa recoge
que los colegios mayores «son centros
que, integrados en la universidad, proporcionan residencia al estudiantado
universitario y promueven actividades
culturales y científicas de divulgación
que fortalecen la formación integral de
sus colegiales». Además, refiere que los
colegios mayores solo podrán ser gestionados y promovidos por entidades
sin ánimo de lucro, una petición del sector, y dictamina que las universidades
establecerán las normas de creación y
adscripción. Añade que gozarán de las
exenciones fiscales de la universidad.
Lo que no esperaban las entidades
titulares de estos centros -entre ellas
congregaciones religiosas y organizaciones como el Opus Dei- es que, a última hora, se añadiese una enmienda
propuesta por Íñigo Errejón, de Más
País, para prohibir que los que no sean
mixtos puedan formar parte de una universidad pública. El supuesto objetivo:
evitar que sucedan hechos como los del
mediático Elías Ahúja. Para algunos
esta decisión apenas tendrá consecuencias, pues pasarán a universidades privadas. Sin embargo, la situación es más
problemática si los colegios se encuentran en terreno de la universidad, como
sucede a varios en Madrid.
Uno de ellos es el Colegio Mayor Roncalli, fundado hace casi seis décadas por
un grupo de mujeres de congregaciones
marianas para chicas hispanoamericanas que venían a estudiar a Madrid.
Ahora está en peligro. «Con esta ley se
va a generar una uniformidad asfixiante. Llevamos 60 años de colegio mayor
femenino para apoyar a la mujer, para
facilitar su etapa universitaria. Y ahora
se pretende hacer desaparecer nuestro
modelo de éxito de un plumazo», explica a Alfa y Omega María Ángeles Martín
Rodríguez-Ovelleiro, su directora. En su
opinión, se impone el modelo mixto con
la premisa de que la convivencia entre
chicos y chicas va a mejorar. Un argumento, continúa, que confirma «la imposición populista y la ignorancia sobre
lo que es educar» y que constituye «un
atentado a la inteligencia y la libertad».
Reconoce que el ataque viene de atrás
y que es ideológico. Comenzó con la retirada del rango institucional de los colegios mayores y más tarde con la imposición de un canon por estar en suelo de
la universidad. «Lo superficial y anecdótico es pensar solo en la obligatoriedad de hacernos mixtos, pero el debate
fundamental es el ataque y el recorte a la
libertad educativa de esta ley».
Gabriel Beltrán, director del ColegioMayor Alcalá, de los claretianos, y hasta hace poco presidente de la Asociación
de Colegios Mayores de Madrid, afirma a
Alfa y Omega que esta ley limita la libertad de elección: «Si hay colegios mayores de educación diferenciada es porque
la sociedad los demanda. Están llenos».
Defiende su labor educativa, pues tienen personas dedicadas al acompañamiento y la formación 24 horas al día,
que se preocupan si los chicos o chicas
tienen problemas, que acoge a profesores o a un refugiado ucraniano -y costea los gastos- si la universidad se lo
pide. La alternativa son residencias de
fondos de inversión con gerentes en vez
de educadores. Ya hay algún caso, como
el del Santa María del Estudiante. «Echó
[el fondo] abajo el salón de actos, donde
se hacía teatro, concursos de debate... y
lo convirtió en habitaciones. El objetivo
es maximizar el beneficio. Sin colegios
mayores, habrá residencias de fondos de
inversión», sentencia.
Ricardo Calleja, del Colegio Mayor Moncloa, gestionado por el Opus Dei,
añade que hablar de segregación denota desconocimiento, pues «los colegios mayores no son lugares cerrados».
«Chicos y chicas van juntos a clase en
la universidad y las actividades que organizan son mixtas. Lo que no comparten es la zona residencial: los baños, las
habitaciones, los pasillos...», añade, al
tiempo que afirma que con esta ley desaparecerán «los espacios seguros para
las mujeres».
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