Sra. Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía:
Ahora que por fin ha dejado de deshojar la margarita y ha decidido presentarse a la secretaría general de su partido, quiero pedirle que se forme bien en los asuntos de más trascendencia, deje a un lado los prejuicios y las bravuconerías de partido y piense en todos los españoles, aunque no piensen como usted, no vaya a ser que acabe siendo presidenta de lo que queda de España.
Hace unos días expresó con rotundidad su pensamiento en una cuestión muy sensible para la construcción de nuestra sociedad, la libertad de enseñanza. Vino a decir, según mi diario de referencia, que no pensaba financiar con fondos públicos escuelas que segregaran por sexo: "el que las quiera, que las pague".
Comprendo que no le gusten las escuelas que, según usted, "segregan por sexo", porque entiende segregar por discriminar. En este sentido, vaya por delante que las escuelas de educación diferenciada no segregan, porque no discriminan ni perjudican a nadie. Usted no tiene que preocuparse por esto, ni en Andalucía ni, eventualmente, en España.
Convendría, además, que dejara de hablar de los fondos públicos como si fueran suyos; los políticos elegidos y los funcionarios cobran de todos los españoles para que administren un dinero que es de todos los españoles. Y su preocupación debe ser administrarlo y que se administre bien, en función de las preferencias de sus verdaderos propietarios; aunque no piensen como usted.
Por último, y para no extenderme, le ruego que recapacite y caiga en la cuenta de algo bastante sencillo: todos los españoles pagamos la educación de los jóvenes con nuestros impuestos; obligar a algunos ciudadanos, porque no piensan como usted, a pagar dos veces la plaza escolar de sus hijos no es precisamente igualitario, eso que a usted tanto le gusta repetir; pero no respetar.
Pensándolo bien, tampoco estaría mal que el que quiera una educación diferenciada la pague directamente de su bolsillo, siempre que pudiera deducir el gasto de sus impuestos, con los que paga, además, la plaza pública correspondiente. ¡Vamos, señora. presidenciable: incluya el cheque escolar en su programa para la secretaría general del PSOE! Eso sí sería actuar de modo disruptivo, creativo e innovador. Y gobernar para todos (y todas); aunque no piensen como usted.
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foto atarifa CC |
Hace unos días expresó con rotundidad su pensamiento en una cuestión muy sensible para la construcción de nuestra sociedad, la libertad de enseñanza. Vino a decir, según mi diario de referencia, que no pensaba financiar con fondos públicos escuelas que segregaran por sexo: "el que las quiera, que las pague".
Comprendo que no le gusten las escuelas que, según usted, "segregan por sexo", porque entiende segregar por discriminar. En este sentido, vaya por delante que las escuelas de educación diferenciada no segregan, porque no discriminan ni perjudican a nadie. Usted no tiene que preocuparse por esto, ni en Andalucía ni, eventualmente, en España.
Convendría, además, que dejara de hablar de los fondos públicos como si fueran suyos; los políticos elegidos y los funcionarios cobran de todos los españoles para que administren un dinero que es de todos los españoles. Y su preocupación debe ser administrarlo y que se administre bien, en función de las preferencias de sus verdaderos propietarios; aunque no piensen como usted.
Por último, y para no extenderme, le ruego que recapacite y caiga en la cuenta de algo bastante sencillo: todos los españoles pagamos la educación de los jóvenes con nuestros impuestos; obligar a algunos ciudadanos, porque no piensan como usted, a pagar dos veces la plaza escolar de sus hijos no es precisamente igualitario, eso que a usted tanto le gusta repetir; pero no respetar.
Pensándolo bien, tampoco estaría mal que el que quiera una educación diferenciada la pague directamente de su bolsillo, siempre que pudiera deducir el gasto de sus impuestos, con los que paga, además, la plaza pública correspondiente. ¡Vamos, señora. presidenciable: incluya el cheque escolar en su programa para la secretaría general del PSOE! Eso sí sería actuar de modo disruptivo, creativo e innovador. Y gobernar para todos (y todas); aunque no piensen como usted.
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