Periódicamente me encuentro, como hoy, con noticias de esas llamadas "de sociedad", en las que se alude a "estudios" según los cuales la infidelidad sentimental es "lo natural". No rara vez, además, incitan a comportarse según esa "naturalidad".
Hoy también, leo las declaraciones de cierto asesor que justifica que consejeros de determinada entidad comercial acordaran unas pre jubilaciones multimillonarias "por nervios" ante su futuro. Es humano y comprensible, ha dicho, y se ha quedado tan pancho.
Soy muy partidario de la ley natural, y de la advertencia de que ir contra la naturaleza es desastroso para el hombre y su entorno; incluso para su destino trascendente. Pero cuando se olvida que la naturaleza humana actual es una naturaleza caída -por el pecado-, se confunde "lo natural" con lo defectuoso.
Pero claro, hablar de pecado original, de trascendencia, de redención, de naturaleza caída, es demasiado "heavy" para un personal reblandecido por la sociedad del confort. Ayer oí al Papa pedir a un grupo de periodistas que rezaran por él; pero si a alguno le resultaba imposible o contrario a su conciencia, que le enviara "buena onda". Es el indeciso y edulcorado lenguaje de los que envían "toda su fuerza" en lugar de oraciones, o se refieren al cielo -o purgatorio, o infierno- con ese "allí donde estés" buenista y empalagoso, que pasa de puntillas sobre cualquier asunto comprometedor.
Hace poco leí un análisis -breve y directo, como corresponde a un poeta- del resultado de las últimas elecciones en España, atribuido a Luis García Montero. El poeta granadino tuvo la peregrina idea de encabezar la lista comunista (IU) a la comunidad de Madrid, y no ha sacado nada. Su explicación me parece lúcida: el voto de la indignación es el de la clase media enfadada por su pérdida de capacidad de consumo.
Parece que tanta regeneración, tanta indignación por la corrupción, tanto hartazgo de "la casta", no es más que el deseo tan humano y comprensible de recuperar la capacidad de consumo.
Lo natural.
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foto atarifa |
Soy muy partidario de la ley natural, y de la advertencia de que ir contra la naturaleza es desastroso para el hombre y su entorno; incluso para su destino trascendente. Pero cuando se olvida que la naturaleza humana actual es una naturaleza caída -por el pecado-, se confunde "lo natural" con lo defectuoso.
Pero claro, hablar de pecado original, de trascendencia, de redención, de naturaleza caída, es demasiado "heavy" para un personal reblandecido por la sociedad del confort. Ayer oí al Papa pedir a un grupo de periodistas que rezaran por él; pero si a alguno le resultaba imposible o contrario a su conciencia, que le enviara "buena onda". Es el indeciso y edulcorado lenguaje de los que envían "toda su fuerza" en lugar de oraciones, o se refieren al cielo -o purgatorio, o infierno- con ese "allí donde estés" buenista y empalagoso, que pasa de puntillas sobre cualquier asunto comprometedor.
Hace poco leí un análisis -breve y directo, como corresponde a un poeta- del resultado de las últimas elecciones en España, atribuido a Luis García Montero. El poeta granadino tuvo la peregrina idea de encabezar la lista comunista (IU) a la comunidad de Madrid, y no ha sacado nada. Su explicación me parece lúcida: el voto de la indignación es el de la clase media enfadada por su pérdida de capacidad de consumo.
Parece que tanta regeneración, tanta indignación por la corrupción, tanto hartazgo de "la casta", no es más que el deseo tan humano y comprensible de recuperar la capacidad de consumo.
Lo natural.
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