
Como se verá, soy un lector caótico; pero es lo que hay, y lo que les muestro, por si alguna pista sirve a alguien y le enseña o hace feliz.
Por seguir un orden más o menos cronológico (suelo llevar varios libros simultáneamente), empecemos por Pisando Fuerte. Los Tercios de España y el Camino Español (Edaf), de Fernando Martínez Laínez, un estudio apasionante, culto y bien documentado de los Tercios, al hilo de las rutas que siguieron para enlazar las posesiones del Imperio español. Los Tercios son conocidos por sus intervenciones en Italia y Flandes; pero ¿sabían ustedes que intervinieron en América, África y Asia, y que hubo Tercios del Mar, por ejemplo?
Rendición incondicional (Cátedra), de Evelyn Waugh, la última parte de la trilogía Espada de honor, magistral y personal retrato de la II Guerra Mundial, en la que destaca el ácido humor, la perfección de estilo y el testimonio de cómo el comunismo se aprovechó de la miopía -¿cobardía?- de los gobernantes aliados vencedores.
De Vida de este chico (Alfaguara)-Tobías Wolf- me quedo con su admirable escritura y disección del alma humana; pero son tan tristes estos relatos de la "América profunda"...
Vamos con Sobrevivir para contarlo (Sabai), testimonio de Immaculée Ilibagiza -escrito en colaboración con Steve Erwin- del genocidio de Ruanda de 1994. Es la historia de un impactante camino hacia el perdón, el perdón de de la mayor de las locuras, un perdón que solo puede ser, como es, divino. Fue la típica lectura recomendada que abrí por compromiso y... ¡Sorpresa! Ha quedado indeleble en el alma.
Lo primero que leo de Henning Mankell: Comedia infantil (Tusquets); porque es corto. Corto e intenso, y mágico: la grandeza del ser humano en medio de la miseria. El Hombre, capaz de lo mejor y de lo peor, y de lo grotesco y lo sublime, casi al mismo tiempo.
El final de la inocencia (Siruela), de Linzi Glass, pertenece a la serie de novelas breves como la anterior (menos de 300 páginas), maravillosamente escritas, y tristes. En esta ocasión, demasiado triste. Con el apartheid sudafricano de fondo, otra muestra de familias que no son familias.
De El hechizo de la comprensión. Vida y obra de Hanna Arendt (Encuentro), de Teresa Gutiérrez de Cabiedes, he hablado sobradamente. Me remito a lo dicho.
Cambio de tercio: Cineasta blanco, corazón negro (Ultramarina), de Jesús Lens; cine, África y jugosas referencias culturales y reflexiones. Logra hacer pensar entreteniendo. Lo abrí con intención de solo ojearlo y lo he acabado leyendo de cabo a rabo.
Otro libro recomendado, como de pasada, y que estuve por abandonar después de la primera página: El insólito peregrinaje de Harold Fry (Salamandra), primera novela de la dramaturga inglesa Rachel Joyce. Una joya, un directo puro y tenso al malestar del Hombre post moderno. Como La carretera de McCarthy; pero más cercana, más como la vida misma, y con un final más...
El último, la apoteosis final del año, para paladares habituados a la trascendencia, a la santidad, o abiertos a ella, Álvaro del Portillo. Un hombre fiel (Rialp). Extraordinario trabajo de Javier Medina Bayo, en todos los aspectos, también en el literario. Por emplear una de las palabras más presentes, conmovedor: ojalá lo lean y, como a mí, les perturbe, inquiete, altere y mueva fuertemente y con eficacia.
Y feliz 2014.
Comentarios
Feliz 2014, Alberto. Felices 365 días de 2014.