Mandela

viernes, 6 de diciembre de 2013 ·

No voy a insistir sobre las coincidencias como motor de escritura; pero es lo que hay tantas veces, y lo que hay en esta ocasión, de nuevo. Precisamente anoche terminaba de leer Cineasta blanco, corazón negro, de Jesús Lens, con el que comparto formación académica (Derecho), profesión (comunicación) y aficiones (baloncesto, cine, literatura, cerveza). Lens, sin embargo, me aventaja en centímetros, conocimientos y pasión por el cine y la escritura, y acaba su magna obra (569 páginas del ala) sobre aventuras y desventuras cinematográficas del continente africano, con el jugoso comentario de cintas como Invictus, Malcom X, Adiós Bafana, Grita Libertad, District 9 y Under African skies.


Hoy por la mañana desayuno con la noticia de la muerte de Nelson Mandela.

Entre los tuits que conforman trending topics como #RIPNelsonMandela y #Madiba, encuentro uno de Javier Marrodán, que rescata un interesantísimo trabajo suyo, publicado en Nuestro Tiempo (Número 664, septiembre - octubre 2010), con el título Sudáfrica. El perdón como motor de la historia. La lectura de este largo artículo es muy "inspiradora", como ahora dicen, porque, como termina diciendo Marrodán (y Pedro Rivas), Sudáfrica, en ese sentido, es un caso para la esperanza: algunas utopías aún son posibles.

En todo caso, las conclusiones que se pueden extraer del caso de Sudáfrica revelan que la nueva identidad del país no podía crearse con los valores abstractos y puramente estratégicos (consenso, deliberación pública, términos justos de cooperación social, reciprocidad, etcétera.) que presenta el ideal de la democracia deliberativa. Porque tales valores –que además responden, se quiera o no, a una doctrina sobre el bien, por más que lo nieguen sus defensores– no aportan apenas nada a una comunidad política que se enfrenta a un pasado trágico. En cambio, la reconciliación y el perdón son conceptos perfectamente concretos, que exigen un esfuerzo individual.

Me parece el momento oportuno para recordar esta pieza del, en su momento muy controvertido, álbum Graceland:




4 comentarios:

Jordi Picazo dijo...
9:54 p. m.  

Antes de leer tu entrada, me permito escuchar y gozar de la canción Under African Skies, del álbum Graceland. Un álbum que incansablemente escuché day in day out en Londres, sobretodo mientras corregía exámenes... me acompañó durante muchas horas y me hizo volar con mi imaginación por el mundo entero... Todas sus canciones son inolvidables para mí. Una explosión de ritmo y poesía. Eres un poeta Alberto. Ahora voy a leer el artículo.

sunsi dijo...
10:19 p. m.  

Me ha encantado el artículo y el texto. Hoy se han dicho y hemos leído muchas cosas de Mandela. Pero se ha resaltado poco el perdón. ¡Muchas gracias!

Alberto Tarifa Valentín-Gamazo dijo...
7:17 p. m.  

Gracias, Jordi; pero el poeta eres tú; yo solo enlazo una serie de casualidades y here you are! Me alegro de que te haya hecho pasar tan buen rato.

Alberto Tarifa Valentín-Gamazo dijo...
7:24 p. m.  

Como siempre, Sunsi, aciertas a destacar lo principal. Y es que sin el sentido cristiano del perdón no se entiende la transición sudafricana -ni la española, dicho sea de paso-. La sola Justicia suele complicar las cosas más que resolverlas, porque Justo solo es Dios, y la justicia humana es imperfecta: es necesaria, pero necesita de cierto factor de corrección que apostan los sentidos cristianos del arrepentimiento y el perdón.

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