
Uno de los frentes de batalla es el conjunto de asignaturas que cabe englobar en la de Educación para la ciudadanía, la famosa EpC. Cualquiera que haya simplemente abierto alguna vez este blog sabe que la considero una herramienta de indoctrinación ideológica de la izquierda cultural, política y antropológica y que, por lo tanto, brindo hasta casi perder el sentido porque la nueva ley la suprime y punto.
Mi teoría es que la crisis de la institución familiar ha desembocado en la educación como los restos de un naufragio en la playa: se pide a la escuela que supla a los padres, la familia y la vecindad, además de cumplir su misión propia de transmitir conocimientos especializados. Y no puede, ni en algunos temas, no debe.
Por ejemplo, en el tema de la educación de los afectos, cuestión en la que la EpC entraba como un elefante en una cacharrería, o peor, como la malvada bruja con la roja manzana para Blancanieves.
Precisamente sobre educación de la afectividad, me envía Fernando Villar dos enlaces interesantes: Educar hoy. Sexualidad, vida y salud, que forma parte del proyecto de investigación Educación de la afectividad y de la sexualidad humana desarrollado por el Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra, y Jóvenes hoy, del mismo Instituto. Siempre partiendo de la base de que en la educación de la afectividad y de la sexualidad, los padres desempeñan un papel esencial y principal. Los profesores pueden colaborar con los padres en la educación de sus hijos siendo respetuosos con sus creencias y valores.
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