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No dejemos a nadie atrás

Está claro que el maldito virus SARS-CoV-2 (COVID-19) está poniéndonos a prueba y mostrándonos -si queremos verlo- el temple de nuestra sociedad.

Los criterios para el el triaje, o selección para la atención de enfermos en situación grave de falta de recursos asistenciales (personales, materiales, de tiempo) son una prueba de fuego de cómo somos.

En concreto, me preocupa especialmente cómo se trata a las personas mayores. Esto afecta también a las que tienen discapacidad intelectual o del desarrollo, sobre las que escribía muy bien ayer (3 de abril) el abogado Torcuato Recover en Ideal, o con enfermedades severas.

Leo informaciones contradictorias al respecto, desde las noticias de personas mayores que se recuperan gracias a la correcta atención médica (o que fallecen, a pesar de ella), hasta las que dan la impresión de que a los mayores se les deja abandonados a su suerte. Esta última impresión se vuelve trágica en casos comprobados y, especialmente, en la falta de actuación en las residencias de ancianos, que deberían haberse "medicalizado" desde el primer momento.

He leído y preguntado sobre este difícil dilema, más para los que, como yo, no somos especialistas. He llegado a la siguiente conclusión: Como en un hospital de campaña -que es lo que es España hoy-, el criterio de selección (triaje), ante la falta de medio debe ser el que conduzca a la preservación del mayor número de vidas posible, con independencia de "cuánta" o "qué clase" de vida quede después. Y esto por una simple razón: toda vida tiene igual dignidad.

El objetivo NO puede ser, como ha dicho el departamento de Salud catalán "salvar el número máximo de años de vida en los pacientes", ni un criterio el "valor social", como apunta la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) en el número 23 de sus "Recomendaciones éticas para la toma de decisiones en la situación excepcional de la crisis por pandemia COVID-19 en la unidades de cuidados intensivos".

Caer en el "utilitarismo" es una inmoralidad y nos hace caer en esa "cultura del descarte" que tanto está denunciando el Papa Francisco. Nos empobrece; peor aún, nos encanalla como personas y como sociedad. Son muy meritorias, heroicas, esas personas mayores que ceden su respirador a otras más jóvenes; pero los actos heroicos no pueden imponerse. Las personas mayores que están muriendo por coronavirus, o a causa de la desatención provocada por el coronavirus, son las que han levantado España de las cenizas que dejó el odio en nuestro país, las que han hecho posible la vida y los medios que tenemos, con mucho esfuerzo y sacrificio, las que han levantado el inmenso edificio de sanidad y educación y prosperidad, público y privado, que ahora nos cobija. He visto a mis padres vivir, como tantos otros, con una sobriedad mayúscula, sin gastar un duro que no hubieran ganado antes con el sudor de su frente. No podemos dejarlos atrás, morir sin atenderlos. Me atrevo a decir que en esta guerra ellos, nuestros mayores, deben ser usuarios premium; porque ellos han aportado ya a esos medios escasos que tenemos, cosa que sus hijos estamos haciendo y sus nietos aún tienen que demostrar.

No he encontrado un artículo breve, divulgativo, que explique bien la controversia y las soluciones adecuadas a la dignidad indisoluble, igual y única de cada persona. He leído unas cuantas cosas, y entre ellas, recomiendo este Resumen del Informe del Comité de Bioética de España (CBE) sobre priorización recursos sanitarios (30.III), que dice, por ejemplo: "La priorización de recursos parte del principio de que cualquier criterio que se adopte deberá basarse en el pleno respeto a la dignidad de la persona, la equidad y la protección frente a la vulnerabilidad (9,2)".

Por su parte, la Asociación Española de Bioética aconseja en su documento Consideraciones bioéticas ante el Covid-19 (23.III) "un juicio prudencial que discierna lo más adecuado para cada paciente, evitando el abandono, la futilidad terapéutica, y cualquier forma de discriminación por razón de discapacidad. Consideramos también que no se ha de utilizar de forma aislada o principal el criterio de la edad a la hora del acceso de los pacientes a los recursos disponibles".

El Informe de la Comisión Central de Deontología en relación a la priorización de las decisiones sobre los enfermos en estado crítico en una catástrofe sanitaria (23.III), recoge lo siguiente: "No pueden ser criterios de priorización ni el orden de petición de asistencia, ni el de llegada a los servicios de urgencias hospitalarias, ni solo la edad de los pacientes."; y "Las decisiones conforme a la ética reflejan experiencia técnica y también reflejan los valores ético-médicos. De ahí la preocupación de los profesionales por tratar con justicia y evitar la discriminación injustificada. Se ha de atender del mejor modo a cada uno, según sus circunstancias y fomentar la confianza pública".

He leído también el Marco Ético Pandemia COVID 19 de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (20.III) (preocupante: "El objetivo es reservar recursos que podrían ser muy escasos para aquellos que tienen la mayor posibilidad de supervivencia en primer lugar y en segundo lugar para aquellos que pueden tener más años de vida salvados") y el Plan de contingencia para los servicios de Medicina intensiva frente a la pandemia COVID-19, de la ya citada SEMICYUC.

Por último, he ojeado -está en inglés y me ha pillado saturado-, el artículo de The National Catholic Bioethics Center, Points to Consider: Triage in the Perspective of Catholic Bioethics, de marzo de este año. Entre otras consideraciones, dice: "1. Human Life, Health, and Dignity. The ultimate standard and goal of triage and rationing should be to save human lives, and to serve human health and dignity, to the greatest extent possible consistent with the common good. In addition, it is important to serve the full range of human needs and to care for those who have been vulnerable or marginalized prior to the current pandemic. Y, atención: In particular, Catholic health care providers should advocate and care for disabled patients who already are oxygen or ventilator dependent".

Agradeceré cualquier aportación que complete y simplifique este artículo

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Foto Juan Ángel Brage CC






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