Ir al contenido principal

Nacionalismos y propaganda

Estoy leyendo Imperiofobia y Leyenda Negra, de María Elvira Roca Barea, y me parece que me está haciendo daño. Y eso que aún no he llegado a los Países Bajos. Miedo me da lo que me queda por leer.

A medida que he ido leyendo y madurado en mi vida, he ido adquiriendo una mirada cada vez más admirativa o complaciente hacia todos los países, hasta el punto de que me cuesta decidirme por un equipo u otro en un Mundial de fútbol, si no juega España. Todos tienen algo que hace que me resulten simpáticos.

Pero Imperiofobia y Leyenda Negra me está afectando. A los ingleses empiezo a verlos regular. No a todos, claro está; no a los católicos ingleses, con siglos de martirio físico y social. Pero los demás...

Lo que peor me está sentando es eso del nacionalismo, que es en realidad la última razón de la fobia al otro, de las leyendas negras, del odio.

Roca hace, después de estudiarlo bien, apreciaciones como las siguientes:

"La reconstrucción nacionalista de los hechos se empeña en presentar una versión distinta, según la cual los alemanes, como un solo hombre, estaban todos del mismo lado, y los pocos que estaban en el otro bando eran un residuo de traidores en los que no merece la pena fijarse." (Imperiofobia, p. 188).

"El factor "anti" es una de las diferencias principales que existen entre el patriotismo y el nacionalismo. El primero puede existir por sí mismo y el segundo necesita de un enemigo, y si no lo tiene, lo fabrica. (...) El primero es un amor generoso y sin posesión, mientras que el segundo le dice al objeto de su amor 'eres mía o de nadie; de ahora en adelante, yo decidiré cómo tienes que ser y lo que te conviene'. El nacionalismo es enemigo siempre de la diversidad y confunde intencionadamente diferencias de opinión con traición." (Imperiofobia, p. 225).

"El antiamericanismo triunfa porque es una coartada perfecta para eludir la responsabilidad. Justifica el fracaso de muchas sociedades y evita asumir responsabilidades personales y colectivas en ese fracaso. El negocio de la irresponsabilidad es fundamental para entender el éxito arrollador de las propagandas antiimperiales. Vender irresponsabilidad ha sido siempre muy lucrativo. Que la culpa sea de otro es muy es descansado. Alivia el alma y nos evita muchos quebraderos de cabeza y mucho esfuerzo." (Imperiofobia, p. 89).

No he podido dejar de pensar en ciertos paisanos de mi querida Cataluña en ningún momento de la lectura.

También estoy aprendiendo mejor la importancia de la propaganda. Los nacionalistas catalanes están abundando en las mismas mentiras, ocultaciones, invenciones y fobias que los humanistas italianos y los protestantes alemanes, ingleses y holandeses, con la ventaja de que en todos esos países -y otros muchos, protestantes o no- cuentan con el suelo fértil que la leyenda negra más o menos inconsciente configura. Mientras tanto, nosotros seguimos sin defendernos, con la fanfarronería y displicencia de los españoles del XVI y del XVII; sin darnos cuenta de que ya no tenemos los Tercios. Y con el veneno de haber asumido y hasta alimentado todas esos insultos y menosprecios.

Y no es solo por haber defendido y difundido el catolicismo por todo el mundo, que también. Porque muchos de mis conciudadanos se avergüenzan y/o reniegan de ese pasado. Hay mucho complejo de inferioridad ante la magnificencia aparente de otros países, que es en buena parte falsa e inventada.

Por eso leo y escribo. Hay que leer, hay que escribir, hay que difundir, hay que divulgar, hay que defenderse. No hace falta contraatacar con sus mismas armas -nos rebajaríamos-; pero sí estudiar y restablecer la verdad histórica, desvelar los silencios y ocultaciones, rebatir las falsedades con datos científicos, y adquirir una sana autoestima. Porque ni hemos sido ni somos peores que los demás, y porque tenemos muchas cosas de las que enorgullecernos, como los demás tienen también.

No podemos seguir perdiendo esta guerra. Me encantaría, al morir, poder decir que pertenecí a la generación que le dio la vuelta a una parte constitutiva -fundacional en algunos casos, nada menos-, de muchos países de Europa -incluido el nuestro- y, en parte, de Europa misma.



Comentarios

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

San Pablo en Atenas

He releído recientemente el discurso de San Pablo en el Areópago de Atenas* y me ha fascinado su actualidad: es un ejemplo plenamente útil para la comunicación de la fe en el Occidente contemporáneo.

Atenas Atenas. Año 52 d.C. 16 o 19 años después de la muerte y resurrección de Cristo. Algo así como si estos hechos fundamentales hubieran ocurrido en 2000 y Pablo llegase a Atenas hoy. En realidad, menos tiempo, porque entonces todo iba mucho más despacio que ahora, y 17 años entonces eran un ayer.

Atenas era una ciudad en decadencia. Aún conservaba el aura de capital cultural del Mundo; pero el centro de poder y cultura se había desplazado hacia el oeste, a Roma. Un ejemplo con todas sus limitaciones, como si habláramos hoy de París y Nueva York.

En Atenas se mezcla un materialismo desencantado y un sincretismo religioso que resulta en un relativismo muy parecido al de hoy día en Occidente: “Porque todos los atenienses y los extranjeros que residían allí, no tenían otro pasatiempo que e…

Peregrino en Tierra Santa. Capítulo VII. Monte Tabor. Saxum. De nuevo Jerusalén

Fue el viernes 4 de mayo. Ha pasado más de un mes cuando escribo y me da por pensar en cuánto interfiere el estado de ánimo en el momento de escribir y el tiempo transcurrido en las impresiones que trato de rescatar para expresarlas. Hecho este disclaimer, me apresuro a no dejar que mis recuerdos se difuminen o contaminen aún más.

Despertamos en Nazareth. Desayuno como si no hubiera mañana. El día es acogedor. Nos dirigimos al Monte Tabor. Dejamos a la derecha Naím, la ciudad de la viuda. Atravesamos la llanura de Esdrelón, que Débora contemplaba junto a Barac desde la cima del Monte. La sensación de estar metido en la Biblia como un personaje más, a punto de entrar en combate contra los carros del ejército de Sísara. El Monte Tabor es verdaderamente singular, emerge solitario 300 metros por encima del valle de Jezreel, verde azulado en la bruma matinal. Visto por la ventanilla del autobús me recordó al famoso dibujo del "sombrero" de Saint-Exupéry, donde todos los que aún …