Ir al contenido principal

¡Atención, atención! ¡Presten atención!

foto atarifa CC
La atención es el bien más preciado hoy. Estoy convencido. Lo leí hace poco no sabría decir donde: todo el mundo requiere nuestra atención, de mil maneras, por fuera y por dentro. Naturalmente, llaman nuestra atención para conseguir nuestro dinero -esto sobre todo-, nuestra mente, nuestras opiniones, nuestro aprecio -"likes"-, nuestro voto.

Aprender a salvaguardar nuestra atención del acoso y a aplicarla a lo que de verdad nos importa -o debería importar- es cosa que no se enseña y que habrá que enseñar. Hace unos días recomendé con más insistencia de lo habitual un artículo de Montese Doval en Aceprensa que me ha gustado muchísimo: "El torbellino es el mensaje". La entradilla dice así: La comunicación efímera, más preocupada por impactar que por dejar huella, ha traído fenómenos como el “infotainment”, el ciclo de noticias de 24 horas, la posverdad o las continuas distracciones. Para salir de esta espiral vertiginosa, es preciso comprender su dinámica: solo así adquiriremos libertad para usar de forma consciente los actuales medios tecnológicos.

Se refiere al mundo de los medios de comunicación, de las noticias; pero es aplicable a toda nuestra vida. Basta observar una parada de autobús, unas personas esperando el verde de un semáforo. Recientemente también asistí a una charla de Ignacio Morón, mi psicólogo de cabecera. Dijo que hay estudios que demuestran que el cerebro necesita actividad para no ponerse nervioso; ante la inquietud de la nada, consultar el móvil lo tranquiliza. Es lo que se llama adicción.

Recapitulando: nuestra atención es adicta a lo efímero e instantáneo, y así es como nos hundimos en el torbellino. Se hace necesario, dice Doval, flotar, no atarse al palo mayor para no ser succionado por la vorágine; flotar y alcanzar la playa para, desde allí, observar el torbellino y entenderlo. Es el poder que la ascética cristiana da al silencio (por ejemplo, Cardenal Robert Sarah, La fuerza del silencio).

Una de mis teorías es que hay muchas personas que no prestan atención a lo bello, a lo bueno, a las demás personas, sencillamente porque nadie les ha enseñado, no pueden porque no saben. Mi campo de prueba es la calle; concretamente las aceras de las calles. Precisamente por eso me ha interesado el artículo que publica hoy en El Semanal Arturo Pérez Reverte. Se titula "Cediendo el paso", y dice: Lo más elemental del mundo, ceder el paso a cualquiera, al que viene de frente, (...) resulta para él algo impensable, por completo ajeno a su comprensión y a su forma de mirar el mundo. No existe, y punto. Nadie se lo ha enseñado en casa o en el colegio, o nadie le ha insistido en ello.

Tenemos pues una dificultad grande para prestar atención a cualquier cosa o persona y, para muchos, además, una incapacidad para prestarla por falta de educación. Paco Sánchez escribe hoy, en La Voz de Galicia (el artículo se llama "Atención"): Si no se atiende, no se entiende. Si no se atiende, no es posible querer, ni siquiera ser amable. (...), vivimos inmersos en una profunda crisis de atención. Apenas atendemos. Atender significa suprimir cualquier otra demanda -interna o externa- que nos distraiga de escuchar a quien habla. No se puede atender a alguien en multitarea.

Tengo la inmensa suerte de vivir en Granada. Junto a otras muchas maravillas, es una ciudad con una actividad cultural y artística desbordante. Un amigo mío dice que no hay público para tanta actividad. Tampoco nosotros, sobre todo si estamos educados para atender, tenemos atención para tanto requerimiento. Por esto hay que flotar hasta el silencio de la playa, observar el torbellino, entender su funcionamiento y seleccionar muy bien los objetos del nuestro bien más preciado y escaso: nuestra atención.


Comentarios

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

A propósito de Tabarnia

La broma no lo es tanto. Para empezar es el espejo en el que los argumentos independentistas se ven reflejados con toda su grotesca facha. Ni siquiera hace falta que el espejo sea cóncavo o convexo, como los que había en el parque de atracciones del Tibidabo. Es la administración del ponzoñoso brebaje nacionalista a sus mismos elaboradores.

Con humor.

Por esto tiene tanto éxito.

Como barcelonés, y, por tanto, presunto tabarnés, me considero implicado. Al principio no quise dar vuelo al invento: bastante lío tenemos con el nacionalismo independentista catalán como para regresar al cantonalismo del siglo XIX. Después, ha ido haciéndome gracia la broma, por su sencilla genialidad y eficacia para poner en evidencia el separatismo, hasta el punto de que barajo la posibilidad de ofrecerme como cónsul de Tabarnia en Granada.

Pero ahora veo que, como dijo un amigo, Tabarnia no es nada inocente. Está bien para defender la unidad de España; pero ¡ojo!

Me han abierto los ojos dos artículos de …

José Antonio Senovilla. Vicario del Opus Dei en Rusia (y Ucrania)

Conocí a José Antonio Senovilla cuando era el prototipo de lo que hoy se llama un emprendedor. Tenía proyectos para sí y para cualquiera que se le acercara. Muchas personas con espíritu emprendedor se le acercaban en busca de asesoramiento y encontraban, normalmente, aliento para ir más allá de lo que nunca soñaron. Luego trabajamos juntos unos cuantos años y comprobé en carnes propias su empuje y magnanimidad.

Solo una persona de su magnanimidad y empuje podía ordenarse sacerdote entrado ya en años y marcharse a comenzar la labor estable del Opus Dei en Rusia. Así, sin saber ruso y, casi, sin saber ser cura. José Antonio merecía una entrevista, y así lo entendió el Diario Jaén, que le abrió una página entera en su Dominical del pasado domingo. Esto es lo que escribió:



"En Jaén, la ciudad en la que nací y a la que vuelvo siempre que puedo, como ahora, aprendí de Rusia lo que habitualmente un niño alumno de los Maristas puede saber sobre el país más grande del mundo: Rusia ocupa má…