Semana apasionante la pasada. Semana de "eventos", como se dice ahora, en la que he aprendiendo y disfrutado mucho. Son todos actos a los que asisto más por mi trabajo que por afición; pero es otra cosa que tengo que agradecer a mi estupenda ocupación actual.
El jueves a media mañana, en el Paraninfo de la Facultad de Derecho, asistí al X Seminario Luis Portero de Derechos Humanos. Los dos años anteriores tuvimos el honor de ser los anfitriones en el Colegio Mayor Albayzín.
Esta vez se trató de esas miles de personas que tuvieron que exiliarse del País Vasco por la amenaza de ETA, asunto sobre al que se ha prestado poca atención; pero que ahora puede dar lugar a una querella por genocidio contra los cabecillas de la banda terrorista. Hubo una auténtica limpieza por razón política contra un grupo perfectamente definido: los no nacionalistas. La intención está probada. Recuerdo que estando en COU, a los cuatro días de empezar el curso se sumó un nuevo alumno; acababa de llegar a Barcelona con su madre y sus hermanos huyendo de la amenaza de ETA: a su padre no le dio tiempo, lo asesinaron de un tiro en la cabeza por negarse a ser extorsionado.
También se planteó otra preocupación: el relato sobre ETA, porque no es posible que los terroristas salgan ni mínimamente justificados por la Historia: nos jugamos que no se repita.
En el plano personal, hubo la curiosidad de conocer a la escritora Marta Rivera de la Cruz, que sustituía al diputado de Ciudadanos previsto, y la oportunidad de saludar a Luis Portero García -hijo del Fiscal General asesinado-, Mercedes Moll y el profesor Luis Mariano Robles.
El mismo día, por la noche, el periodista granadino Javier Martínez-Brocal presentaba su libro "El Papa de la misericordia" en el salón de Plenos del Ayuntamiento, acompañado de dos concejales, el subdelegado del Gobierno y muchísimos amigos -tantos que me quedé sin libro-. Si lo que cuenta por escrito es la mitad de interesante de lo que escuchamos en la presentación, estamos ante una obra tan necesaria como deliciosa de leer. Javier es director de la agencia de televisión Rome Reports, y conoce los entresijos vaticanos y papales de primerísima mano.
El viernes fue el día del Inicio de Actividades Culturales del curso en el Colegio Mayor Albayzín, acto entre solemne y festivo, enmarcado por la bienvenida y el Gaudeamus que cantó el coro Argentum, y rematado por la tremenda explosión de energía que es el coro rociero Alcaicería, en el que tengo, según descubrí, más de un amigo. Las palabras del director, José Martínez Ortega, del presidente del patronato, Manuel Gurpegui, y del secretario de la asociación de amigos (ACMA), Gonzalo Sánchez Pérez de la Blanca, junto con la lectura de la memoria de actividades del curso anterior a cargo del decano, Cristóbal Marchal, tuvieron el contrapunto del hilarante monólogo del siquiatra Luis Gutiérrez Rojas, que siempre hace pensar además de reír: por más que lo tengo oído, el chiste del siquiatra tartamudo sigue siendo desternillante. Todo bajo la atenta -en ambos sentidos- dirección de Teresa María Ortega, vicerrectora de Colegios Mayores -entre otras cosas-.

Esta vez se trató de esas miles de personas que tuvieron que exiliarse del País Vasco por la amenaza de ETA, asunto sobre al que se ha prestado poca atención; pero que ahora puede dar lugar a una querella por genocidio contra los cabecillas de la banda terrorista. Hubo una auténtica limpieza por razón política contra un grupo perfectamente definido: los no nacionalistas. La intención está probada. Recuerdo que estando en COU, a los cuatro días de empezar el curso se sumó un nuevo alumno; acababa de llegar a Barcelona con su madre y sus hermanos huyendo de la amenaza de ETA: a su padre no le dio tiempo, lo asesinaron de un tiro en la cabeza por negarse a ser extorsionado.
También se planteó otra preocupación: el relato sobre ETA, porque no es posible que los terroristas salgan ni mínimamente justificados por la Historia: nos jugamos que no se repita.
En el plano personal, hubo la curiosidad de conocer a la escritora Marta Rivera de la Cruz, que sustituía al diputado de Ciudadanos previsto, y la oportunidad de saludar a Luis Portero García -hijo del Fiscal General asesinado-, Mercedes Moll y el profesor Luis Mariano Robles.
El mismo día, por la noche, el periodista granadino Javier Martínez-Brocal presentaba su libro "El Papa de la misericordia" en el salón de Plenos del Ayuntamiento, acompañado de dos concejales, el subdelegado del Gobierno y muchísimos amigos -tantos que me quedé sin libro-. Si lo que cuenta por escrito es la mitad de interesante de lo que escuchamos en la presentación, estamos ante una obra tan necesaria como deliciosa de leer. Javier es director de la agencia de televisión Rome Reports, y conoce los entresijos vaticanos y papales de primerísima mano.
El viernes fue el día del Inicio de Actividades Culturales del curso en el Colegio Mayor Albayzín, acto entre solemne y festivo, enmarcado por la bienvenida y el Gaudeamus que cantó el coro Argentum, y rematado por la tremenda explosión de energía que es el coro rociero Alcaicería, en el que tengo, según descubrí, más de un amigo. Las palabras del director, José Martínez Ortega, del presidente del patronato, Manuel Gurpegui, y del secretario de la asociación de amigos (ACMA), Gonzalo Sánchez Pérez de la Blanca, junto con la lectura de la memoria de actividades del curso anterior a cargo del decano, Cristóbal Marchal, tuvieron el contrapunto del hilarante monólogo del siquiatra Luis Gutiérrez Rojas, que siempre hace pensar además de reír: por más que lo tengo oído, el chiste del siquiatra tartamudo sigue siendo desternillante. Todo bajo la atenta -en ambos sentidos- dirección de Teresa María Ortega, vicerrectora de Colegios Mayores -entre otras cosas-.
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