El jueves pasado hice un viaje relámpago a Madrid, ida y vuelta en el día. Durante el regreso en coche fui preguntándome por qué algunos catalanes tienen tanta tirria a Madrid, cuando resulta que la estamos conquistando.
Verán. De Granada partimos tres, de madrugada, los tres catalanes. Uno acudía a una reunión de once personas de toda España, de los cuales cinco son catalanes, entre ellos el convocante local. El otro se entrevistó primero con el CEO de una empresa de asesoría y luego con un abogado, los dos de Barcelona.
Yo comí con mi hermano, ingeniero naval en AVEVA, del barrio de Sarriá, como yo; aunque lleva en la Villa y Corte desde que fue a estudiar la carrera. Por la tarde estuve con un empresario afincado en Madrid, también catalán. Este último me mostró los locales que acaba de comprar para su escuela de teatro; allí me presentó al diseñador, un tipo de Córdoba, que ahora está en la capital, pero que ha pasado casi toda su vida en Barcelona, cap i casal. También conocí al secretario general de la Federación de Enseñanza de USO, Antonio Amate, un tipo valiente que lleva tiempo en Madrid: no es catalán, es de Badajoz; pero toda su familia es de Granada, y eso une.
Al final, el único acento madrileño de verdad -un acento que me fascina- que oí en todo el día fue el del tipo de la gasolinera que hay delante mismo del Bernabéu. Lo dicho, Madrid es nuestra.
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foto atarifa |
Yo comí con mi hermano, ingeniero naval en AVEVA, del barrio de Sarriá, como yo; aunque lleva en la Villa y Corte desde que fue a estudiar la carrera. Por la tarde estuve con un empresario afincado en Madrid, también catalán. Este último me mostró los locales que acaba de comprar para su escuela de teatro; allí me presentó al diseñador, un tipo de Córdoba, que ahora está en la capital, pero que ha pasado casi toda su vida en Barcelona, cap i casal. También conocí al secretario general de la Federación de Enseñanza de USO, Antonio Amate, un tipo valiente que lleva tiempo en Madrid: no es catalán, es de Badajoz; pero toda su familia es de Granada, y eso une.
Al final, el único acento madrileño de verdad -un acento que me fascina- que oí en todo el día fue el del tipo de la gasolinera que hay delante mismo del Bernabéu. Lo dicho, Madrid es nuestra.
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