Por segundo año consecutivo he podido asistir a los actos -este año, más bien, al acto, cosa de los recortes, supongo- que organiza la Asociación de la Prensa de Granada. La verdad es que no está el humor para celebraciones.
El acto en sí tiene toda la carga simbólica y reivindicativa de siempre, con la sobrecogedora cita, uno, por uno, de los nombres de los periodistas asesinados ese año en el mundo -más de 150, si no recuerdo mal-, y la lectura del manifiesto, centrado en los grandes principios de libertad, derecho de expresión y a la información, etc., que sustentan el lema de la ocasión: Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia.
Pero las cabezas estaban más, este sábado 4 de mayo, en otro enemigo del periodismo menos ideológico pero más poderoso: la crisis económica, o quizá mejor, el economicismo de las empresas de comunicación, más pendientes de mantener los márgenes de negocio que la calidad de su producto; aunque esto suponga pan para hoy y hambre para mañana. Significativamente, leyó el manifiesto Agustín Martínez, veterano periodista de Radio Granada (SER), uno de los más influyentes profesionales de la ciudad, al que su empresa había puesto en la calle tres días antes.
Hay mucho que barrer y mucho que cambiar, en mi opinión, entre los periodistas, también entre los consagrados; pero es de una evidencia palmaria que sin buenos profesionales, el periodismo que estamos consumiendo y vamos a consumir en adelante no tiene en muchísimas ocasiones los mínimos estándares de calidad exigibles. En consecuencia, está perdiendo calidad, también por aquí, la democracia. Si seguimos así, veremos lo que aguanta.
Repasando con motivo de este artículo las fotos que hice el año pasado, he descubierto que el encargado del homenaje a los periodistas muertos en el ejercicio de su profesión fue El Houssine Majdoubi, quizá porque estaba en plena floración la primavera árabe. Recuerdo que en la reciente XVII Jornada de Comunicación Siglo XXI, Majdoubi afirmó que había que dar tiempo a los países árabes para que completaran su revolución: no se puede salvar un atraso de siglos en un par de años, vino a decir, hay que dar un margen de veinte. Y es que cuesta mucho construir la libertad, y es tan fácil y rápido descabalgarla...
El acto en sí tiene toda la carga simbólica y reivindicativa de siempre, con la sobrecogedora cita, uno, por uno, de los nombres de los periodistas asesinados ese año en el mundo -más de 150, si no recuerdo mal-, y la lectura del manifiesto, centrado en los grandes principios de libertad, derecho de expresión y a la información, etc., que sustentan el lema de la ocasión: Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia.
Pero las cabezas estaban más, este sábado 4 de mayo, en otro enemigo del periodismo menos ideológico pero más poderoso: la crisis económica, o quizá mejor, el economicismo de las empresas de comunicación, más pendientes de mantener los márgenes de negocio que la calidad de su producto; aunque esto suponga pan para hoy y hambre para mañana. Significativamente, leyó el manifiesto Agustín Martínez, veterano periodista de Radio Granada (SER), uno de los más influyentes profesionales de la ciudad, al que su empresa había puesto en la calle tres días antes.
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Agustín Martínez |
Hay mucho que barrer y mucho que cambiar, en mi opinión, entre los periodistas, también entre los consagrados; pero es de una evidencia palmaria que sin buenos profesionales, el periodismo que estamos consumiendo y vamos a consumir en adelante no tiene en muchísimas ocasiones los mínimos estándares de calidad exigibles. En consecuencia, está perdiendo calidad, también por aquí, la democracia. Si seguimos así, veremos lo que aguanta.
Repasando con motivo de este artículo las fotos que hice el año pasado, he descubierto que el encargado del homenaje a los periodistas muertos en el ejercicio de su profesión fue El Houssine Majdoubi, quizá porque estaba en plena floración la primavera árabe. Recuerdo que en la reciente XVII Jornada de Comunicación Siglo XXI, Majdoubi afirmó que había que dar tiempo a los países árabes para que completaran su revolución: no se puede salvar un atraso de siglos en un par de años, vino a decir, hay que dar un margen de veinte. Y es que cuesta mucho construir la libertad, y es tan fácil y rápido descabalgarla...
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Majdoubi, Ximénez de Cisneros y Lee Anderson |
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