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Público y su encuesta sobre la religión

Por Antonio Martínez. Profesor de Filosofía

El pasado 26 de diciembre, el periódico de ultraizquierda Público mostraba en su portada, como titular principal, y bajo una reproducción de La Anunciación de Fra Angélico, la siguiente frase: “Sólo el 6% de los españoles es fiel a la tradición católica”. Tal conclusión era resultado de una encuesta telefónica realizada por el diario en cuestión con motivo de las fiestas navideñas.

Por supuesto, no hay por qué creerse las afirmaciones de Público en materia de religión. Es más: lo más razonable es no creérselas, dado su sesgo descaradamente anticatólico, que lo lleva a tergiversar y a deformar a su gusto las informaciones relativas a la Iglesia Católica. ¿Es esto lo que ha sucedido también en el caso de este “ínfimo 6% fiel a la tradición católica” del que se congratula el diario en cuestión? Veamos. Lo primero es leerse la encuesta y entender que esa “fidelidad” significa una completa adhesión, sin fisuras, al conjunto de los dogmas del catolicismo. Según la encuesta (que me parece suficientemente bien hecha), de los españoles mayores de 18 años -pongamos que 35 millones de personas: no tengo ahora mismo el dato exacto-, algo más de dos millones serían católicos ortodoxos, bien formados, posibles lectores habituales -añado yo- del Alfa y Omega o de Alba. En principio, un dato que parece malo para la Iglesia y que satisface las expectativas de los compradores de Público: “Si es que ya sólo una minoría de recalcitrantes se traga las mentiras y fábulas del catolicismo…”.

Y, sin embargo, si nos leemos toda la información que acompaña a la encuesta, encontramos unas cifras que matizan de modo evidente el triunfal titular que comentábamos al principio. Así, casi el 30% de la población se define como “católicos practicantes”. El 51%, como “católicos no practicantes”; el 9%, como “no creyentes”, y el 8% como “ateos”. Por su parte, el 47% dice creer que Jesús era Dios o Hijo de Dios, frente a un 25% que no lo cree y otro 25% que duda o no lo sabe. El 43% cree que, después de morir, Jesús resucitó, mientras que lo niega un 38% y lo duda un 17%. Si avanzamos un poco más, leemos que un 41% está convencido de que el alma vive después de la muerte, extremo del que discrepa un 36 % y sobre el que no tiene una opinión definida un 22 %. Y, en cuanto a la existencia de Dios, cree en ella el 53% de los españoles, la niega un 23% y no se decanta otro 23%.

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La encuesta contiene otros muchos datos que podrían ser objeto de un análisis más detallado. Sin embargo, simplemente con los que aquí consigno, se puede formular una serie de afirmaciones con las que es muy difícil estar en desacuerdo: primero, que, efectivamente, puede ser que, en la España actual, haya en torno a un 6 % de adultos que podríamos calificar como “católicos al 100 %”. Pero, luego, existe una amplia mayoría de españoles que, en diferentes grados y con distintos matices, se sitúan más o menos dentro de la órbita de creencias fundamentales del cristianismo. Y, finalmente, es sólo una minoría la que se declara o bien agnóstica, o bien resueltamente atea y frontalmente hostil al catolicismo.

Se trata, por otra parte, de datos bien conocidos desde hace años gracias a encuestas más rigurosas que las del diario Público. Y, ¿qué interpretación se debe hacer de ellos? A mi modo de ver, la siguiente: que no puede hacerse una lectura triunfalista ni por parte de la Iglesia ni por parte de los enemigos de la Iglesia. La gran mayoría de los españoles se sitúa en una tierra de nadie que es parcialmente cristiana, pero que también presenta claros rasgos de secularización y alejamiento respecto a importantes aspectos de la fe católica. Desde el punto de vista de la Iglesia, el desafío está claro desde hace décadas: cómo llevar la luz del Evangelio y la maravillosa luminosidad del universo católico (según mi experiencia, el mejor lugar donde un hombre puede vivir) a una sociedad que, en gran parte, se muestra hoy refractaria al lenguaje religioso más habitual y a los medios tradicionales de evangelización.

Para que nuestros contemporáneos puedan acercarse hoy a Cristo, hace falta imaginación, audacia y saber desenvolverse con soltura en el imaginario colectivo del Occidente actual. Y, por otro lado, hace falta también -seguramente como requisito fundamental- lo que Benedicto XVI, antes como cardenal Ratzinger, viene repitiendo desde hace décadas: aceptar que, en los años venideros, los católicos nos convertiremos, numéricamente hablando, en una pequeña minoría (ese 6 % de la encuesta); pero que, si esa pequeñas minoría consigue retornar a las fuentes originarias de la fe y adentrarse, por así decir, en el “corazón del mundo” -donde Cristo aguarda a todos los hombres-, los cristianos encontraremos la manera de enamorar de nuevo a una sociedad que, en gran parte, hoy exhibe respecto a nosotros una actitud entre indiferente y hostil.

Los cristianos -o, más específicamente, los católicos- sabemos que la guerra no está perdida. Es más: sabemos que está ganada, aunque debamos atravesar, como sucede en nuestros días, etapas de dificultad y desconcierto. La recristianización de Occidente es posible y, en un futuro que ojalá no sea muy lejano, se convertirá en una realidad. Es más: desde ya mismo, debemos aspirar a recristianizar a los muy anticristianos redactores de Público; y, si no somos lo suficientemente valientes como para proponernos tan ambicioso objetivo, entonces es que no somos dignos de llevar a Jesucristo en nuestro corazón. Como decía el cardenal Lustiger, siempre hay que empezar por los casos más difíciles.

Comentarios

Isaak ha dicho que…
Mire usted, Sr. Cambiaelmundo, qué fácil es darle la vuelta a la tortilla cambiando dos palabras:

"Por supuesto, no hay por qué creerse las afirmaciones de La Conferencia Episcopal en materia de religión. Es más: lo más razonable es no creérselas, dado su sesgo descaradamente católico, que lo lleva a tergiversar y a deformar a su gusto las informaciones relativas a la Iglesia Católica. ¿Es esto lo que ha sucedido también en el caso de este “aplastante 94% fiel a la tradición católica” del que se congratula la Conferencia en cuestión?"

Simple, muy simple. Saludos.
Isaak ha dicho que…
Sepa usted, Sr. Cambiaelmundo, que el último párrafo de su entrada da mucho, pero que mucho miedo. Y grima. RECRISTIANIZAR. Me pregunto si será a base de amor, forma ésta en la que suelen fracasar estrepitosamente, u organizando más golpes de Estado para socavar la libertad de pensamiento de todo un país, de nuevo.

Plantéese porqué tan amplio margen de la población mantiene hacia lo católico, según sus palabras, una actitud entre indiferente y hostil. Nadie se muestra hostil contra quien nunca le ha hecho mal.

He de darle la razón en un punto: para acercarse al Cristianismo que ustedes plantean, hay que tener mucha, pero que mucha imaginación. Casi fantasía, diría yo.

Saludos cordiales.
Bien buscadas las vueltas al argumento, Sr. Pinchito. Sólo puedo decir que la Iglesia habla de sí misma y Público contra quien se considera enemigo; y que a la Iglesia le interesa conocer la verdad para acertar en los medios: engañarse es estúpido, la verdad es lo más positivo.

Por mi parte, puedo tranquilizarle, la recristianización a que nos impulsó Juan Pablo II es pacífica, movida por el amor y máximamente respetuosa con la dignidad de todo ser humano. Además, no coincido del todo con ese párrafo -ya sabe usted que la mayoría de mis posts son textos ajenos, que no necesariamente comparto en todo o en parte-, pues soy consciente de que el Reino de Dios no es de este mundo y siempre habrá cizaña junto al trigo hasta el último día.

Por último, es frecuente el error de considerar que la indiferencia u hostilidad hacia lo católico es culpa de los católicos: en realidad, si fuéramos más coherentes aún encontraríamos más hostilidad, no hay más que fijarse en la muerte de Jesucristo, que ya advirtió que si a Él le habían perseguido, lo mismo pasaría con sus discípulos.

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