Ir al contenido principal

¿La culpa es de la codicia?

Por Antonio Argandoña.
Tomado de Aragón Liberal, 20 de febrero de 2009

La causa de la crisis, dicen muchos observadores, es la codicia de los banqueros. Parece claro, ¿no? Basta con ver sus prisas por aumentar la rentabilidad, los sueldos que cobraban y los resultados de su gestión… Bueno, decir que alguien es codicioso es siempre cierto, al menos aplicado a mucha gente, también banqueros, al menos, en algún momento de su vida. Aunque, en el caso de la crisis, hay que añadir algunos elementos más a esa explicación.

¿Qué ha pasado en la crisis financiera? Partamos del principio de que todos somos codiciosos, egoístas, individualistas… (y altruistas y generosos,…), y que, ante oportunidades de beneficio, nos comportamos a veces (algunos, con mucha frecuencia) de manera inmoral (fraude, robo, pirámides financieras…). Para evitar esto está la ética. Pero, lamentablemente, no siempre hacemos caso a la ética. En esos casos se necesita la ley, los jueces y las cárceles.

Lee el artículo completo

Hasta aquí, esto es una descripción de nuestra conducta diaria como conductores, usuarios de servicios públicos, gerentes de fondos o estudiantes de secundaria. A veces aparecen oportunidades extraordinarias de beneficio. Hemos conocido algunas en los últimos años: la burbuja inmobiliaria, las innovaciones financieras, una política monetaria laxa,… Entonces se crean incentivos perversos para burlar los mecanismos de control: fallan esos mecanismos. La crisis ha sido fruto de la coincidencia de algunas de esas oportunidades junto con muchos fallos en los mecanismos de control (agencias de rating, supervisores, reguladores…).

Lo demás viene después: cuando estalla la tormenta todo el mundo corre a salvarse, se pisotean unos a otros, todos piden ayuda para ellos y no para los demás… Los gobiernos están desorientados, dicen que no es culpa suya, buscan cabezas de turco a las que echar la culpa, se lanzan a operaciones de salvamento de dudosa eficacia… En fin, algo bien conocido.

Mi conclusión, pues, es que esta es una crisis ética: todas lo son o, al menos, casi todas. Acuérdense del chiste: cuando llegues a casa, riñe a tu hijo; tú no sabes por qué, pero él sí. Bueno, ahora nadie riñe ya a sus hijos y así nos va. Pero seguro que han hecho algo malo. Del mismo modo, esta crisis tiene unos problemas éticos de fondo, pero ha sido también, sobre todo, un formidable fallo de regulación, supervisión y control.

Y, en el plano ético, ha habido mucho más que codicia. Hemos creado incentivos perversos, que han empujado a personas honradas a comportarse de manera inapropiada. Hemos sido imprudentes. Hemos gestionado mal el riesgo, desde los bancos que prestaron demasiado a los inmobiliarios hasta los compradores de casas que no se pararon a pensar si podrían hacerse cargo de todos y cada uno de los pagos de su hipoteca. Hemos tenido conductas de rebaño, y cortoplacismo, y mal gobierno por parte de consejos de administración, directivos y reguladores.

Y falta de competencia profesional: esos analistas jóvenes que aplicaban modelos matemáticos sin saber qué hacían, y sus jefes, que tampoco sabían lo que estaban haciendo. Y orgullo, prepotencia, arrogancia, que es conciencia de la propia superioridad (¿de qué?), y de un cierto sentido de inmunidad. ¡Ah!, y nadie ha estado al cargo de eso que llamamos el bien común, aunque sea en su versión elemental: la de pararse a pensar, ante una decisión, qué efectos tendrá sobre los demás. Ha sido un formidable fallo ético colectivo.

Comentarios

Luisa ha dicho que…
Y la lujuria,la pereza,la ira y el resto de joyas capitales¿también inciden?Supongo que es evidente.
cambiaelmundo ha dicho que…
Sí, claro, pero la codicia es muy significativa en este caso, es el típico ejemplo del dicho "la codicia rompe el saco".

Populares

La toma de Quaragosh

El pasado jueves 8 de enero por la tarde me llegó por whatsapp un mensaje urgente pidiendo oraciones porque los islamistas del ISIS acababan de tomar la ciudad de Quaragosh, la que cuenta -o contaba- con más cristianos en Iraq. Según el mensaje, cientos de hombres, mujeres y niños estaban siendo decapitados en ese momento. Dicho así, me produjo tal congoja que empecé a pasarlo, hasta que decidí comprobar, acuciado por cierta sospecha.

Procuro estar informado, y la toma de Quaragosh ese día no me cuadraba nada. Acudí a Twitter en busca de una fuente profesional sin encontrarla, y me fui dando cuenta de que la cadena de oración se iba remontando poco a poco en el tiempo, a días, semanas, meses atrás. Uno de los tuits (del 5 de enero) reconocía: "La noticia que colgué ayer de la ocupación de quaragosh en Irak, se produjo en agosto". En efecto, el primer tuit alusivo anuncia el ataque a la ciudad en junio, y el siguiente, que informa de la toma y la masacre, es del 8 de agosto.

¿Cómo ser un blogger top?

He sacado un poco de tiempo para leer varios artículos que tenía reservados para leer más tarde sobre cómo llevar mi blog al éxito: escribir cada semana, conocer a mis lectores, identificar influencers, usar etiquetas, crear eventos, tener un calendario,  establecer palabras clave...

¡Buff! La mayoría de los consejos son de sentido común; los otros son profesionales. Es decir, están muy bien.

¿Por qué no los sigo -o no se si los sigo-?

Por dos motivos.

Uno: por pereza. Pereza para aplicar tantos consejos, métodos, herramientas...

Dos: porque la mayoría de estos artículos están orientados al marketing, a vender, a crear, posicionar y fortalecer una marca -debo de haber elegido mal mis influencers-. Resumiendo, vienen a decir "escribe lo que tu público -actual o potencial- quiere leer".

Y claro, yo, en mi blog, quiero escribir lo que yo quiero escribir, lo que tengo que decir, lo que pienso o me parece interesante de lo que otros piensan y escriben.

Pero, ¿interesa a otros? N…

Elecciones bis

No trato sobre política -en el sentido reductivo de la expresión- en este blog; lo que no significa que no me apasione. Pero llevo días queriendo compartir una reflexión sobre las situaciones que nos han abocado a repetir las elecciones.

En primer lugar, el marco general del sistema de partidos, la partitocracia, que los convierte en el único factor de poder y, consecuentemente, en órganos de poder o de intereses solo alcanzables a través del ejercicio del poder. El resultado es que si uno gana, los demás pierden: por eso es tan difícil que se llegue a acuerdos. Pensemos, por ejemplo, en la liga de fútbol: si un equipo gana, otro pierde, y si empatan, ambos pierden (solo muy raramente ambos ganan). En una sociedad tan "líquida" como la nuestra, los partidos, además de omnipresentes, son de una dureza granítica.

Como el Partido Popular (PP) ganó las pasadas elecciones, todos los demás perdieron; por eso no quieren que gobierne. Además, el PP ha dado una justificación moral a e…