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Darwin y su bicentenario

Por Mario García Bartual, paleontólogo y divulgador científico, en IDEAL Granada, el 18 de febrero de 2009

HACE 200 años que Charles Robert Darwin nació y su efeméride es conmemorada en el mundo occidental. Y digo en el mundo occidental porque es la cruda verdad. La obra de Darwin está alejada de muchas culturas importantes de nuestro planeta y sería totalmente deseable acercar el darwinismo a éstas. Dada nuestra tradición escolástica al purismo en las ideas, solemos sostener que hay un único darwinismo correcto y 'auténtico'. Sin embargo, este enfoque no se abrirá paso entre otros pueblos estructurados en otras religiones. Si se quiere una aproximación más compatible con las creencias íntimas de los distintos ámbitos culturales de la humanidad, habrá que aligerar el darwinismo de su corsé materialista y permitir propuestas y enfoques trascendentes. Lograr esto supondría un gran paso para un entendimiento más fluido, aunque esto es más bien un deseo quimérico que una posibilidad real dada la extendida intolerancia.

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Respecto a nuestro entorno cercano y directo cabe reseñar que, como en todo acontecimiento importante, han surgido en estos meses numerosas publicaciones periódicas y libros que hablan de la 'la revolución de Darwin'. Curiosamente, casi todo el mundo habla de él como si hubiera sido un revolucionario que subvirtió el orden de las cosas, cuando en realidad, el tímido y hogareño Darwin no tenía nada de alborotador y abominaba de los cataclismos y transformaciones sociales. Darwin, su persona, su mundo, sus temores e inquietudes, siguen siendo desconocidos para la mayoría. Y sin embargo no habrá mejor oportunidad que este año para profundizar en su figura, ya que todo el mundo habla de darwinismo creyendo que lo sabe todo. Me pregunto cuántas personas en España habrán leído en su totalidad El origen de las especies, y cuántas de éstas habrán entendido el complejo mensaje de cada capítulo.

Porque la prosa de Darwin no es fácil de descifrar y requiere años de preparación comprender las circunstancias y el entorno científico y social que impregna su memorable libro. Aún así, invito a cualquiera a que tenga el valor de abrir El origen de las especies y sumergirse en la gran idea de Darwin, a dejarse llevar por el torrente de propuestas, hipótesis, experimentos, observaciones y centenares de registros y compilaciones recogidas en el libro. Si este bisoño lector decide leerlo, y a lo largo de las páginas intuye que alguno de los párrafos es un tanto críptico, no se preocupe, va por buen camino, fue escrito así intencionadamente. Quién sabe si para que los lectores reflexionaran personalmente sobre cada cuestión y pudieran sacar conclusiones propias.

Sin embargo, se habla más de política que de Darwin, pues parece inevitable que evolución y política estén encadenadas. Durante el 2009 se debatirá ampliamente sobre la evolución, los continuos ataques que sufre por parte de fundamentalistas religiosos (no sólo cristianos, pues el Islam actual no consiente el hecho evolutivo de ninguna manera) y quedará relegado el autor a un segundo plano. No obstante Darwin será objeto de fetiche político por parte del sector 'progre' y acomodaticio de la ciencia. Parte de la izquierda empleará el darwinismo como una plataforma de propaganda del ateísmo, olvidando que tal postura es cuestión de una decisión filosófica personal y que no proviene del darwinismo en sí mismo. Me gustaría recordar a esta izquierda que no debería sacar tanto pecho al defender hoy en día a Darwin, cuando en tiempos del más puro izquierdismo estalinista los genetistas soviéticos fueron perseguidos, encarcelados y alguno muerto por culpa del lysenkismo.

Respecto al sector conservador de nuestra esfera social, poco se me ocurre comentar, pues parece que la actual derecha española no tiene ninguna opinión propia y fundamentada, y menos sobre darwinismo. No obstante, no deja de resultarme agradable y me imagino que incómodo para el "establishment" científico español, que uno de los grandes pilares vivos del darwinismo más ortodoxo sea un biólogo de origen madrileño llamado Francisco Ayala que defiende con elegancia la compatibilidad entre fe cristiana y neodarwinismo.

Aun así, si el bicentenario del nacimiento de Darwin va a servir para debatir la evolución y defender su enseñanza en las aulas, bienvenido sea. No sólo por la importancia que tiene en términos curriculares, sino porque es la idea más brillante que el pensamiento occidental ha podido concebir. Todos los estudiantes tienen derecho a conocer la grandeza de esta percepción de la vida. Con una naturaleza cambiante, en constante modificación, mediante la selección natural. En este sentido el legado de Darwin es superior al de Newton, pues éste dio una interpretación de la materia inerte, mientras que Darwin amplía el horizonte, y ofrece una explicación coherente a todo el universo orgánico de células, huesos e impulso vital.

Es la esencia de la vida de lo que hablamos y si va arropada con un oscuro manto de política e intereses religiosos, seguiremos hablando de ella a pesar de los obstáculos. El paleontólogo Stephen Jay Gould, a modo de navaja de Ockham, propuso separar ciencia y religión como dominios con entidad propia que debían coexistir pero no mezclarse. Sugiero extender esta separación a la política general, confiando en el día en que la evolución sea solo ciencia y nada más que ciencia al alcance de todos los ciudadanos. No eludiremos las cuestiones filosóficas o morales, pero las debatiremos desde la libre perspectiva que da el verdadero conocimiento.

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