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Enmienda a la totalidad

Por ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ, en MÁLAGA HOY, el 11 de febrero de 2009

HOY quería haber escrito en defensa de la vida de Eluana Englaro y tengo que hacerlo sobre su muerte. Así están los tiempos. Pero igual que su vida estuvo llena de sentido, también su muerte -a pesar de que la han precipitado los negadores de todo- lo tiene.

Aclara las intenciones y los modos del movimiento a favor de la eutanasia. Nos la venden como una muerte digna, serena y aceptada. Con Eluana hemos visto lo que es: una pulsión de muerte que lleva hasta dejar morir de hambre a una persona. Arrancar la máscara humanitaria (o el pasamontañas) a la eutanasia es un gran servicio a la sociedad.

Y tan terrible como la muerte, lo que ejecutan antes. Porque previamente necesitan despojar a la vida de dignidad. En el caso de Ramón Sampedro, hubo tetrapléjicos que se sintieron agredidos por el enorme esfuerzo mediático realizado para convencer a la sociedad de que una existencia así carecía de razón de ser. Y si uno lo piensa bien, la maniobra nos interpela a todos: nos arrebata el valor intrínseco y nos constriñe a nuestras capacidades mentales o físicas actuales. Pero la vida de Eluana Englaro tenía sentido, y uno de los mayores que caben. Significaba que, independientemente de su circunstancia, la existencia merece el respeto supremo. En la defensa de los derechos fundamentales y de la dignidad humana, ella era más importante -porque su testimonio era más radical- que el señor Ban Ki-moon o que don Federico Mayor Zaragoza.

Esta muerte, como sacude las raíces del Derecho, desgaja muchas ramas de la legalidad. Por ejemplo, el deber de alimentos. Si a Eluana su padre la ha podido dejar de alimentar precisamente porque era dependiente, ¿a cuenta de qué pueden los tribunales exigir ahora el cumplimiento de ese deber a nadie con nadie? ¿Y en qué posición queda el deber general de auxilio? Estoy llevando el razonamiento a su extremo, cierto, mas no conviene olvidar que quien puede lo más, puede lo menos. La situación extrema de Eluana era un puesto fronterizo que marcaba los límites inviolables de la dignidad humana. Y hemos retrocedido.

Hoy, para muchos, la muerte es una solución, cuando la muerte fue siempre lo único insoluble. "Todo tiene solución menos la muerte", se dice, o se decía. Y muchos más no le dan ninguna importancia y piensan que se trata sólo de un suceso aislado. Sin embargo, en el fondo, es una enmienda a la totalidad. Una sociedad donde la muerte se presenta como una conquista humanitaria y una muestra de cariño está enferma terminal. Por eso, luego, la corrupción política, la falta de energía y la descomposición general del sistema no me extrañan en absoluto.

Comentarios

eligelavida ha dicho que…
Como dices, la muerte de Eluana sacude las raíces del Derecho, y por eso mismo, quedan aún esperanzas de que las cosas cambien. El Papa ha pedido al gobierno italiano que siga adelante con la ley con la que intentaban salvar a Eluana. Siempre es un consuelo.
Nunca se trabaja en balde, al menos estamos consiguiendo que la cultura de la muerte no penetre silenciosamente, y cada batalla es una oportunidad de remover las conciencias encallecidas. Podemos tener la seguridad de que estamos ganando esta batalla.
Isaak ha dicho que…
Esa señora está, en estos momentos, custodiada por hermosos arcángeles, a la diestra de Dios Padre, en un paraíso de felicidad, paz y amor.

¿No es éso preferible a mantenerla como un desecho humano carente de la menor oportunidad y dignidad?

O será que ni Uds. mismos se creen lo dicho en el primer párrafo...

Saludos.
No podemos tener certeza de los juicios divinos, sólo sabemos que hay juicio, que Dios es misericordioso -pero también justo- y que respeta nuestra libertad incluso para la vida eterna.

Además, esa mujer no era un desecho humano, sino una persona humana, como usted y como yo, Pinchito, con la oportunidad de ser querida y toda la dignidad inherente a todos los seres humanos.

Y también tenemos el encargo de dar de comer al hambriento y beber al sediento.

Saludos

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