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La materia oscura

(His Dark Materials)
[Autor] Philip Pullman [Firmante] Luis Daniel González

[Descripción] Trilogía compuesta por las novelas: Luces del Norte (Northern Lights, 1995), La daga (The Subtle Knife, 1997) y El catalejo lacado (The Amber Spyglass, 2001). Barcelona: Ediciones B; 392, 283 y 444 págs. Traducción: Roser Berdaguer la primera; Dolors Gallart la segunda; Dolors Gallart y Camila Batlles la tercera.

Resulta imposible resumir unos argumentos tan articulados con tanta variedad de personajes y situaciones. Pero, básicamente, la protagonista de Luces del Norte, que arranca en el Oxford de un siglo XIX distinto, es Lyra, una niña de once años que vive en el Jordan College, un centro de “teología experimental”; el objeto clave que Lyra posee es el aletiómetro: un instrumento con el que será capaz de adivinar el futuro. El protagonista de La daga es Will, un chico de doce años de la Inglaterra de finales del siglo XX, cuyo padre ha desaparecido y cuya madre no está bien de salud, y que, al ser perseguido, entra en el mundo de Lyra a través de una ventana dimensional; el objeto mágico esta vez es la misteriosa daga que permite practicar aberturas entre mundos paralelos.

En El catalejo lacado hay un enfrentamiento final entre las fuerzas del bien y las del mal, que son las de la Autoridad y la Iglesia; un personaje central es Mary Malone, una ex monja católica, física de profesión, que fabrica un catalejo lacado con el que puede contemplar la Materia Oscura: unas partículas misteriosas que se acumulan allí donde hay seres humanos y que la Iglesia teme porque las considera una “evidencia física del Pecado Original”.

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Pullman escribe bien. Integra en su obra con naturalidad préstamos literarios de obras clásicas de fantasía juvenil, y tiene una poderosa imaginación y capacidad tanto para poner en pie un argumento complejo como para lograr pasajes llenos de tensión. Crea personajes atractivos y vigorosos, en especial la primera protagonista, Lyra, y son un acierto sensacional los “daimonions”, animales que forman una unidad con su pareja humana y que son estables en un adulto pero cambiantes durante la infancia y la adolescencia.

Por otro lado, algunas referencias literarias a propósito de lo que se narra pero que no son muy necesarias hacen presuntuosa la novela, que también se vuelve más espesa de la cuenta debido a que Pullman detalla otras cuestiones tales como el I Ching y el pensamiento chamánico. Además, como el relato tiene una notable complejidad argumental y temática, son muchas las subtramas y se hacen necesarias muchas explicaciones, con lo cual al autor le acaba pasando lo mismo, pero corregido y aumentado, que a su antimodelo C.S. Lewis en la Trilogía de Ramson.

Fobias del autor

Pullman se fabrica una cosmovisión más o menos gnóstica en la que “la Autoridad, Dios, el Señor, Yahvé, El, Adonai, el Rey, el Padre, el Todopoderoso –explica un ángel de lo más curioso– son unos nombres que él mismo se impuso. No fue el creador” sino un ángel más. Su objetivo es mostrar que la sabiduría se adquiere sólo después de haber perdido la inocencia y, para eso, presenta una tentación y una caída original singulares que se ven como el principio de la libertad humana.

En la novela el gran mal que la Autoridad y la Iglesia desea evitar es el pecado de atracción amorosa y sexual que supuestamente cometerá Lyra cuando crezca, y la feliz resolución que restaura el equilibrio cósmico amenazado es el enamoramiento final entre Will y Lyra, dos chicos de trece años. Para cualquiera con sentido común todo es desproporcionado: convertir un amor adolescente en la clave de arco sobre la que todo se sostiene es un fallo argumental impropio de un escritor como Pullman.

El autor tiene la voluntad de crear antipatía hacia lo relacionado con la religión. Es tendenciosa la forma en que presenta a los niños como los grandes perjudicados por la influencia de la Iglesia en la sociedad pues, aunque la Iglesia que combate a Lyra es una en la que triunfaron las tesis de Calvino en el pasado, lo cierto es que las Iglesias cristianas son el enemigo en todos los mundos paralelos. El maniqueísmo es patente también en la división entre un bando formado por “quienes desean que sepamos más y seamos más sabios y fuertes” y otro por “quienes pretenden que obedezcamos y seamos humildes y sumisos”.

Los aciertos narrativos acaban siendo sepultados por las fobias del autor. Su patente intención de volver del revés la historia del pecado original se le va de las manos, su deseo de hacer propaganda de una visión atea de la vida y de criticar a todas las Iglesias cristianas alcanza límites ridículos (que sorprenden mucho en un escritor tan dotado), y son casi abusivos los acentos didácticos explícitos de la tercera novela (en contraste sobre todo con la primera, claramente la mejor).

Hay también una intención evidente de negar que haya otra vida después de la presente y de subrayar la primacía de lo material. Una de las conclusiones finales es un Carpe diem! que propone vivir el presente con intensidad.

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