
"Me gustaría subrayarle que esta norma no contempla, en absoluto, la clonación humana, sino que la prohíbe expresamente, tal y como se recoge en el apartado 1 del artículo 3 del proyecto."
Hoy desayuno con la siguiente noticia en la prensa:
"El Gobierno podría aprobar en un mes el anteproyecto de ley de investigación biomédica, que permitirá la clonación terapéutica en España. Así lo dijo ayer la ministra de Sanidad, Elena Salgado."
Como lo esperaba, y sé que no es el final de la pendiente, copio un extraordinariamente interesante extracto del libro Dios y mundo (pg. 127), del entonces Cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, para que vayamos preparándonos por si no somos capaces de detener esta locura.
Clonación
Gen 3, 22
"Y el Señor Dios dijo: -- He aquí que el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal; que ahora no extienda la mano y tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre. [23] Así, pues, el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que trabajase la tierra de la que había sido tomado. [24] Cuando lo hubo expulsado puso, al oriente del jardín de Edén, querubines blandiendo espadas flameantes para guardar el camino del árbol de la vida."
"El ser humano se ha convertido ahora en uno de nosotros", dice Dios en el texto de la Sagrada Escritura, "ya que conoce el bien y el mal. Ahora, pues, cuidado, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y, comiendo de él, viva para siempre". ¿Se traza con esto una última frontera? ¿Se inicia después con absoluta seguridad nuestra propia destrucción?

Con esta manipulación, un ser humano convierte a otro en su criatura. Entonces el ser humano ya no surge del misterio del amor, mediante el proceso en definitiva misterioso de la generación y del nacimiento, sino como un producto industrial hecho por otros seres humanos. Con ello queda degradado y privado del verdadero esplendor de su creación.
Ignoramos lo que sucederá en el futuro en este ámbito, pero de una cosa estamos convencidos: Dios se opondrá al último desafuero, a la última autodestrucción impía de la persona. Se opondrá a la cría de esclavos, que denigra al ser humano. Existen fronteras últimas que no debemos traspasar sin convertirnos personalmente en destructores de la creación, superando de ese modo con creces el pecado original y sus consecuencias negativas.
Es irrefutable: la vida del ser humano tiene que seguir siendo intocable. Aquí es preciso poner límites, una vez más, a nuestra actuación, a nuestros conocimientos, a nuestro poder y a nuestra experimentación. La persona no es una cosa, sino que refleja la presencia del mismo Dios en el mundo.
... No consentir que el hijo sea un regalo, sino pretender fabricarlo a todo trance, supone traspasar el umbral. En lugar de un acto de amor, aparece la actuación técnica que implica la fertilización in vitro. Esto desencadena, por fuerza, problemas ulteriores. Primero se plantea la cuestión de qué sucede con los denominados fetos sobrantes, es decir, con seres que son personas, aunque sean tratados de antemano como productos de desecho.
La praxis actual es aniquilarlos en matanzas masivas.
Y así se desencadenan graves consecuencias que acabarán transformando poco a poco la relación con el ser humano.
Ignoramos lo que sucederá, a partir de cuándo esto nos conducirá a la catástrofe y de qué tipo. Gracias a Dios, lo ignoramos. Pero sabemos que hemos de oponernos a semejante usurpación del ser humano, a manipularlo y a disponer de él. No se trata de frenar la libertad de la ciencia o las posibilidaes de la técnica, sino de defender la libertad de Dios y la dignidad de la persona, que es lo que está en juego. Quien haya adquirido esta opinión sobre todo por la fe -aunque hay también muchos no cristianos que la comparten- tiene asimismo la obligación de responsabilizarse de que esa frontera sea percibida y reconocida como infranqueable".
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