
Se trata de la ORACIÓN que el REY BALDUINO de los belgas llevaba siempre en el bolsillo para rezarla con frecuencia.
Incomprensible para radical-consumistas. Haz la prueba y descubre de qué lado estás.
Yo, no cuento para nada

Qué importa si he de beber un amargo cáliz
Y si mi corazón hasta la muerte triste está
Puesto que eres tú, Jesús, quien quiere el sacrificio,
Yo no tengo que contar.
Tanto, Jesús mío, si dejas caer tu velo
y me muestras tu belleza
y en tus brazos he de sentirme estrechar
o bien del cielo oscurecido
cada estrella me quieres ocultar;
Qué me importa si yo no tengo que contar.
Dáme, Jesús, tu paz o tu tormenta,
corona mis esfuerzos, o no me apoyes más
bajo el peso del dolor, ya se incline mi cabeza;
Qué me importa, si yo no tengo que contar.
Tanto si siembro el amor o si recojo la envidia
o si la ingratitud mis pasos ha de acompañar
Mi vida sólo por ti Jesús haz que discurra!
Puesto que yo no tengo que contar.
Si mi corazón lo hieren, incluso los que amo
qué importa, Jesús, puesto que Tú, sí, me amarás!
Y si el bien que yo haga en duda han de ponerlo;
Qué me importa si yo no tengo que contar.
Sí con trabajo incesante, tú quieres que te honre,
o bien en la impotencia yo he de languidecer,
Qué importa, Jesús, Tú lo quieres,
Yo te adoro!
Y si es tu voluntad, yo no tengo que contar.
Si yo tengo que acabar por subir hasta el Calvario,
Y si incluso el Cirineo, junto a mis pasos, no está,
que importa, Jesús! Tú mi miseria verás,
Más yo no tengo que contar.
Jesús
Si tu fe, querido hijo, tan grande y alta está,
y del todo te abandonas para entre mis brazos estar,
Yo sé, yo puedo. Yo te amo y para tí contaré,
Aunque digas que para mi no tengas que contar!
Yo
Que importa mi placer, alegría o sufrimiento!
Sólo Jesús a mi corazón debe importar.
Sólo a El Reconocimiento, Amor, Honor y Gloria;
Pues yo no tengo que contar.
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