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Enaltecer la belleza es batalla cultural

Está de moda criticar Twitter como un pozo de inmundicia, mentira, etc. Para mí, es un foro más, significativo, de la batalla cultural en que está envuelto el mundo desde que se nos expulsó del Paraíso. 

Encuentras podredumbre, ignorancia, estulticia, sí; pero también poesía que construye, razones que aportan, dignidad. 

Uno de estos hilos de la denostada red del pajarito azul, me sirve para ilustrar la idea de que reivindicar la belleza es un acto poderoso de revolución cultural a favor del hombre. Un hilo que comienza con otros pajaritos aparentemente inertes..., y agujereados. 

Antes de continuar, no me resisto a copiar la magnífica obertura de la Carta a los artistas, que escribió San Juan Pablo II en los últimos meses del atribulado Siglo XX. Respiren, concentren la atención y lean con apertura de corazón y de mente: 

«Nadie mejor que vosotros, artistas, geniales constructores de belleza, puede intuir algo del pathos con el que Dios, en el alba de la creación, contempló la obra de sus manos. Un eco de aquel sentimiento se ha reflejado infinitas veces en la mirada con que vosotros, al igual que los artistas de todos los tiempos, atraídos por el asombro del ancestral poder de los sonidos y de las palabras, de los colores y de las formas, habéis admirado la obra de vuestra inspiración, descubriendo en ella como la resonancia de aquel misterio de la creación a la que Dios, único creador de todas las cosas, ha querido en cierto modo asociaros».

Siempre que releo este impresionante párrafo, me acuerdo de una pequeña, maravillosa estrofa que Gerardo Diego dedica a los Picos de Urbión: 

«Geología yacente, sin más huellas 
que una nostalgia trémula de aquellas 
palmas de Dios palpando su relieve».

Recuperando el hilo, el de Twitter lo comienza el poeta Enrique García-Máiquez, pienso que sin más intención que compartir su satisfacción por un pequeño regalo, sencillo, casero. Un minúsculo acto, un detalle capaz de desencadenar una revolución cultural: 


A continuación se desata la ofensiva. Ricardo Calleja apunta que los pajarillos limpiarán de migas las servilletas; Berta Ribera añade que «Todo lo que sea enaltecer la belleza es batalla cultural, lo bello es hoy lo revolucionario»; SkomaidOK narra que «una vez un hijo de un rockero argentino contó que fue con su papá a la casa de otro músico y vio la mesa puesta para comer... ¡Como en las películas, pensó él! Claro que es una gran batalla cultural. De las más grandes». Aporta luego lasamaritana una referencia bibliográfica: el punto dos de la Teología del hogar, según Carrie Gress, esposa, madre y filósofa.

Carlos Prado bromea con que los pájaros-servilletero invitan a abandonar la idea de limpiarse con el mantel; Anuskis apunta que «son un un crossover de "Los pájaros" y "La muerte os sienta tan bien"», cita cinéfila que no estoy seguro de haber comprendido bien; Carmela insiste en la idea central de que rodearse de cosas bonitas es hoy en día un acto de revolucionario, como el uso de servilletas de tela, concreta GonzaloGY.

Recuerdo el día en que pasados dos confinamientos seguidos en mi casa, recuperamos las servilletas de tela después de semanas de usarlas de papel. Fue como una reconquista de la civilización, la liberación de Viena de su asedio.

Sigamos, no perdamos el hilo. Jesús Azcona concluye con la gesta final: «Ya se ve que vienen de una batalla que los pobres pajaricos tienen un agujero en mitad del pecho. Caídos en el fragor de la batalla».  Caídos no, heridos, pienso yo, y son esas heridas las que muestran que están dando la batalla; porque las guerras culturales también dejan heridas, grandes y pequeñas. 

Son esas heridas como agujeros, esos agujeros como heridas, las que hacen hueco para las servilletas, estos objetos serviles que limpian las inmundicias y dignifican el hogar, las familias, el mundo.

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Nota: podéis encontrar servilleteros como estos, y otras maravillas hogareñas y revolucionarias en Hernández & Bas.

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