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foto atarifa CC |
Sabela Rodríguez, en representación de las juventudes de Podemos (es responsable de la organización 'Rebeldía', juventudes de Podemos, desde julio de 2019), acudió el pasado miércoles 30 a un debate con otros representantes de las juventudes de varios partidos. El acto estaba organizado por los residentes del Colegio Mayor Moncloa, en Madrid. Al parecer, solicitó un lugar tranquilo para preparar su intervención y le cedieron una sala. En la sala había un crucifijo pequeño. Sabela lo cogió y se lo llevó sin pedir permiso. Horas después del debate, publicó una foto en Instagram con el crucifijo boca abajo, en actitud de befa, acompañada con el texto “territorio conquistado”.
Al trascender la "hazaña" anterior, según informaciones, alguien de Podemos llamó para disculparse y asegurar que Sabela iría a devolver el crucifijo, cosa que la chica dijo, luego, que haría más adelante, que ahora no podía. En este momento ignoro si el crucifijo ha sido devuelto, y cómo.
Hasta aquí los hechos, recogidos en numerosos medios de comunicación.
Este sucedido me ha dado para varias reflexiones, entre otras cosas porque, ese mismo día, asistía a un debate parecido en el Colegio Mayor Albayzín de Granada, esta vez con candidatos ya adultos y, es de esperar, curados de desordenes hormonales juveniles.
Pienso que si pones a personas como Sabela, capaces de robar a quien te recibe amablemente en su casa, abusando de la confianza de su anfitrión, al frente de responsabilidades de gobierno, ya pueden todos los ciudadanos echar mano de la cartera. Los que piensan que todo es "público", que la propiedad privada es discriminatoria y que los bienes no son de nadie más que del Estado, son un peligro. Incluso si la administración de esos bienes "públicos" se hiciera siempre y con acierto con vistas al bien común, se ofendería a la dignidad y la libertad de las personas, que es necesariamente anterior a toda forma de organización social; pero si, además, los administradores de tales bienes son personas con la clara inmadurez y la inteligencia fronteriza de Sabela, échate a temblar.
Con todo, hay bienes superiores a los materiales, en este caso a la materialidad del crucifijo. Están los bienes espirituales, como las creencias de cada uno. No contenta con robar un objeto directamente relacionado con sentimientos religiosos, por si no fuera suficiente infligir ese daño material y moral, lo ha hecho público de manera ofensiva; aunque, en su descargo, es probable que solo pensara que era una gracieta sin más, y que "no se por qué se ofenden tanto" -aunque parece que los del Moncloa no se han ofendido gran cosa, que han sido los de Podemos los que se han dado cuenta de que les perjudicaba de cara a las inminentes elecciones-.
Resumiendo: una representante cualificada de Podemos ha demostrado el nulo aprecio y respeto de parte de un sector de su partido por la propiedad ajena y los símbolos más sagrados de los ciudadanos.
Mal puede un partido incorporar compatriotas a su proyecto si desprecia de esta manera a "los otros" y sus cosas, mal puede gobernar para todos llegado el caso, con esta mentalidad de enfrentamiento, de "territorio conquistado" y "pijos derrotados" de que alardea Sabela. Mal entendido el sentido de una rebeldía tan necesaria como propia de la juventud, si es que Sabela ha entendido algo.
Pongamos que la "rebelde" de Podemos estuvo bien durante el debate, que no lo se. Pero sus actos confirman que sus palabras son huecas y falsas. En Instagram Sabela se manifiesta tal cual es, piensa y actúa, y ahí sí que evidencia una de las "desalmas" de su partido. Grave es, porque Sabela ya ha sido candidata de su partido al Congreso de los Diputados en las elecciones generales del pasado 28-A (ignoro si lo es ahora de nuevo).
No pienso que Sabela sea una ladrona; más bien parece una cría mal educada, aún con el pavo, vástago de unos tiempos en los que muchas personas han crecido educados en la irresponsabilidad y en la creencia de que tienen derecho a todo y que sus actos no tienen consecuencias. Lo peor es que hacer cosas malas no es necesariamente sinónimo de ser malos; pero sí que nos hace malos.
Por último, me permito una pequeña lección -elemental, en todo caso-, de buenos modales. Si se ha sustraído algo, no se llama para pedir disculpas y decir que se devolverá: se va inmediatamente, se devuelve y se piden disculpas, por este orden. Y se acompaña un detalle para compensar. ¿O quizá es ya pedir demasiado, Sabela?
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