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foto atarifa |
La pista de baloncesto estaba -como suele ser habitual-, cubierta de cacas de perro y botellas rotas. En la canasta utilizable, dos personas habían abierto un espacio practicable y me invitaron a acompañarles.
-Una pena toda esta porquería -dije, o algo así.
-Sí, pienso llamar al ayuntamiento -respondió uno de ellos.
-No me refiero al ayuntamiento, me refiero a nosotros mismos, a los que vivimos en este barrio; somos los primeros que tendríamos que cuidar de nosotros mismos y de donde vivimos, y resulta que llenamos nuestros espacios públicos de mierda y cristales -aclaré.
-Eso es imposible, no tiene remedio -sentenció mi interlocutor.
Está claro que el ayuntamiento tiene la obligación de limpiar; pero son los propios vecinos los que convierten su barrio en una mugre; los que pueden, en cambio, convertirlo en un lugar amable para vivir, aunque sea popular, aunque el ayuntamiento incumpla más o menos sus responsabilidades.
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