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foto atarifa (CC) |
Vaya por delante que el día de reflexión me parece una majadería y una buena idea la vez. Lo primero porque parece que considera a los ciudadanos unos menores de edad influenciables, cosa que es cierta en gran medida, pero que esta feo que se haga notar; y porque en realidad hoy sigue siendo un día cargado de política electoral. Lo segundo porque un respiro de electoralismo nunca viene mal, que ya vale.
Como es lo que hay, voy a reflexionar a blog abierto. Acabo de leer que tres de los cuatro candidatos con mejores previsiones -los de PSOE, C's y Podemos- son ateos. Al margen de otras reflexiones, esto, para mí, los descalifica: primero porque considero que ser ateo demuestra muy escasa inteligencia, y si alguien se equivoca tanto en algo tan fundamental, es que carece de luces como para que le encomiende una tarea tan importante como dirigir mi país; segundo, porque ser ateo supone tener una concepción del hombre y, por tanto, de la sociedad tan errada, que todo lo que legisle solo puede ser bueno por casualidad y, en general, un desastre catastrófico.
A estos tres ateos, además y como consecuencia, seguramente, les noto el típico estatismo que consiste en privar al individuo de su libertad y dignidad para poner todas las esperanzas de felicidad en la acción de gobierno. Lo siento, soy firme partidario del principio de subsidiaridad: el Estado no tiene la obligación -ni el derecho- de hacernos felices, sino de organizar las cosas para que el ciudadano pueda desplegar sus potencialidades libremente, solo o en compañía de otros, y suplir lo básico cuando se le pida.
En este saco de socialismo práctico al que tanto cariño tenemos en Europa, que se nota en temas tan fundamentales como la vida, la enseñanza, la familia, la libertad religiosa e ideológica, hay que meter también a UPyD, herederos en esto del PSOE. De los comunistas no hablo, porque me parece una tara gigantesca de nuestra democracia que se siga haciendo caso a un partido comunista, le pongan el nombre que le pongan.
Llegamos al PP. Un partido que me ha mentido -bajar impuestos, por ejemplo-, me ha fallado en cuestiones vitales -defensa de la vida- y se ha dejado trufar de gorrones es como poner a gobernar a la mafia. Es cierto que su gestión económica está dando resultados, que han defendido -con muchas reticencias y torpezas- la libertad de enseñanza e individual, la unidad de España, la familia...; cosas que no ha hecho nadie más.
¿Qué me queda? ¿Vox? ¿ADES? Ninguno de ellos ha sabido, hasta ahora, despertar expectativas electorales, por mínimas que sean, que les hagan merecedores de ser tenidos en cuenta sin provocar la sensación de estar tirando el voto a la papelera.
Se acerca mañana y esta reflexión parece cada vez más a propósito para mi blog Diario de un perplejo.
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